Guillermo Descalzi

GUILLERMO DESCALZI: Hillary, la que no vuela

Avanza y no despega. Si fuese avión ya se hubiera estrellado sin salir del aeropuerto porque, haga lo que haga, no es capaz de calentar los motores de su campaña.

Este escrito no es un ataque a la candidata. Es un análisis crítico a lo que se encamina a ser la desilusión de muchos en una campaña que quizás no llegue al final.

Bengazi, sus correos electrónicos, el servidor privado, la verdad de su ‘progresismo’, los dos mil millones de la Fundación Clinton, esto y más es secundario a ser tal como es ella. Le falta ‘sinceridad’, sin-ser-idad, sin su ser mediatizándola. Ella es su problema.

La suya es una presencia generalmente ausente, con respuestas vacías y posiciones que no están en ningún lado. Acaba como pan remojado en leche, con poca forma o consecuencia.

Su gente, sus confidentes, sus managers y campaña podrán ofrecer las razones que quieran para elegirla pero la gente no vota tanto por razones como por el co-razón, con ese ‘co’ que une la razón de los demás al ritmo de sus latidos… y Hillary no trabaja los corazones. Es algo muy extraño. Esta es una cita textual de ella: I don't believe you change hearts. No cree que se cambie los corazones. Se lo dijo a gente de Black Lives Matter defendiendo la vida de jóvenes negros ante la policía. Son las políticas, las prácticas políticas las que cambian, les dijo, los corazones no cambian.

Mi abuelo me decía: la razón es conservadora, el corazón liberal. Lo de Hillary es de la más pura vena de derrotismo liberal, y no se da cuenta.

Llega con manicure, pedicure, maquillaje y coiffure, trajes a la medida y modales como los de la burguesía de medio siglo atrás. Es cuidadosa, estudiada en su perfección de 1959, el año en que debutó la muñeca Barbie, cuando ella entraba a su adolescencia. Quizás de allí le salgan algunas de esas poses de medio siglo atrás, cuando las esposas vivían por el marido, lo atendían y cubrían en todo, incluyendo sus infidelidades. Así fue el molde de la mujer pre liberación femenina de la clase media de entonces.

El partido quisiera más entusiasmo pero Hillary no lo produce, quizás porque eso de excitar en público –o al público– no está en su imagen de respetabilidad, y ella quiere ser muy respetable. Tuvo, después de todo, que aguantarse a Lewinski, Gennifer Flowers, Paula Jones, Juanita Broaddrick, Kathleen Willey y más. Fueron tantas que quizás de allí salga también, como defensa, algo de su persona almidonada en público.

Lo que cuenta para el votante es la persona del candidato, y su persona le dificulta la nominación. Si la obtiene, entonces le va a dificultar el camino a la presidencia. Necesita soltarse, desprenderse de su imagen.

Razones aparte, los motivos de su personalidad no importan tanto como sus consecuencias en ella, una mujer que esconde su naturaleza para no mostrar lo que siente. Aun así está adelante en las encuestas, pero son encuestas en frío, sin rapport, compenetración con el electorado. Si Hillary no empieza a concitar masas, entonces no importará su superioridad en las encuestas.

Bernie Sanders llena plazas y estadios a donde llegan 15, 20, 25 mil y más personas, y los republicanos con Trump están empezando a mover masas de hasta 30 mil. Hillary no está en eso, y ‘eso’ es lo que alienta al vicepresidente a entrar en la contienda. Ya no se trata de ‘serle leal’ a su amiga, ahora se trata de salvar al partido haciéndolo vibrar. Joe Biden es jinete de carreras. Hillary a veces parece catatónica.

Ella confía en ser elegida por sus ideas, pero las ideas necesitan ser sinceras y ella no parece muy sincera, no aparenta serlo. La sinceridad es espontánea, ella luce estudiada.

Su margen en las encuestas irá disminuyendo ante sus rivales. Anticipo rodada cuesta abajo para ella de aquí al 25 de julio en Filadelfia, cuando empiece la convención demócrata. Quizás llegue a ella manteniendo algo de su ventaja… si no tiene problemas con el Departamento de Justicia por los correos electrónicos borrados de su servidor. Recuerdo a Nixon cuando se borraron accidentalmente 18 minutos de audio que desaparecieron de sus grabaciones. No creo que esto llegue a causarle a Hillary un problema tan grande como el de la cinta borrada a Nixon, pero uno nunca sabe y todo es posible en la dimensión Clinton. Es curioso, empieza a repetirse lo del 2008, posición v. corazón en el Partido Demócrata, y Hillary está en primera posición en la pista de despegue pero… ¿corazón y motores calientes? ¿Alzará vuelo? Don’t think so.

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