Guillermo Descalzi

GUILLERMO DESCALZI: El socio chino

Inversionistas observan la caída de las acciones en una casa de corretaje en Pekín, el 21 de agosto, al debilitarse la actividad manufacturera en China.
Inversionistas observan la caída de las acciones en una casa de corretaje en Pekín, el 21 de agosto, al debilitarse la actividad manufacturera en China. AP

China está forzando a las industrias y emporios del capital mundial a rediseñar sus planes y modelos con urgencia. La caída de sus bolsas, aún con las señales de estabilización de estos días, nos obliga a ver a lo que ocurre.

Este es un intento de explicar la crisis bursátil de un gobierno totalitario con una élite económica cerrada y un mercado de valores a la occidental, intervenido y controlado por el estado. Es un sistema que antes se llamó nacional-socialismo. El chino es nacional-comunismo, y es su mercado a la occidental el que llevó sus acciones a la estratósfera de la que han caído.

La caída ha sido brutal: Las bolsas de Shangai, Shenzhen y Hong Kong han perdido un 60% de su valor, y siguen infladas respecto a solo dos años atrás. Malo como esto es para China, será peor para el resto.

Beijing es maoísta con metodología nazi. La economía que procura implementar es comu-Talista, unión de comunismo y capitalismo en un híbrido como la mula. Esa mula se dio el lujo de manipular su sistema financiero sin atender a la relación producción-bolsa-consumo. El precio de las acciones debe reflejar esa relación: tanto cuesta producir algo, tanto pagan al venderlo con tal demanda, por lo tanto la acción debe estar cerca a x dólares. Pues se les acabó la fiesta, ahora resurge el lado comunista del engendro comutalista y llega con tremendo palo para imponer orden en su lado capitalista. Será interesante ver cómo lo hacen porque van a tratar de hacerlo: No quieren perder su mercado mundial.

Un buen porcentaje de los bonos chinos clase ‘A’ está en manos del pueblo en cantidades diminutas, con millones que poseen una o dos acciones cada uno. El gobierno ‘les promueve’ su compra con campañas y créditos. El resto es del estado, la élite y sus instituciones. El capital extranjero es cosa aparte, con un régimen especial y bonos generalmente clase ‘B’. A los chinos les ha ido bien con su crecimiento de los últimos 30 años. Ahora, con esta caída, serán sus empleados, obreros y campesinos los primeros en absorber las pérdidas porque ni el estado ni sus élites e instituciones se van a poner adelante. Son como en los casinos de Las Vegas, donde el banco nunca pierde.

China es un animal rarísimo, comunista, capitalista, nazi y Las Vegas, todo en un paquete comutalista de apartheid financiero, con sus trabajadores, la élite y los extranjeros en corrales separados. Apuestan a ser muy fértiles. ¿Qué harán cuando comprueben que su comutalismo es tan infértil como cualquier híbrido? Todos debemos estar advertidos porque están creciendo sus fuerzas armadas de manera descomunal y van a imponer sus remedios.

Aquí es un tanto diferente, no mucho. El dólar aquí se desprendió de la realidad cuando Nixon lo quitó del patrón de oro. Después se desprendió de la producción cuando la ‘mudamos’ a la China en una locura escalonada ascendida de peldaño en peldaño. Hoy lo que tenemos es pareja del comutalismo, un engendro capita-nista, capitalistas casados con comunistas.

El dólar el día de hoy está respaldado para todo efecto práctico por nuestra capacidad de servir la deuda pública y privada. Ambas dependen de nuestro consumo y servicio porque los trabajos en estas condiciones son mayormente de servicio para servir nuestras deudas. Sírvelas y ‘tu’ dólar vale. No las sirvas y ‘tu’ dólar vale menos. Es lo mismo con la deuda nacional. Nuestra economía se ha vuelto una Economía de Servicio.

China cuida su castillo de naipes con cada cual en su corral. Su exceso poblacional lo mandan al campo, para eso sí son puros en su comunismo. Nuestros businessmen cuidan su castillo manteniendo ‘su’ producción allá, para eso son puros en su capitalismo... pero colaboran con el comunismo chino mientras acusan a los demócratas de tendencias socialistas. Allá, en la China, promueven el capitalismo mientras acusan a sus demócratas de contrarrevolucionarios. Lo increíble es que aquí y allá quieren vendernos más de esto, más comutalismo.

Hay una estadística de impacto: hasta un 40% de los ingresos de nuestras corporaciones están vinculados de alguna manera u otra con China. Bill Gates ha perdido unos tres mil millones de dólares en esta crisis y Occidente ha perdido decenas de miles de millones. Lo que nos permite seguir respirando es que las pérdidas son por el momento solo en papel.

El impacto de este arreglo comutalista-capitanista en los Estados Unidos lo estamos absorbiendo todos desde que la ultraderecha, los grandes empresarios y el gran capital nos metieron en esta corrida del espanto, empezando en la administración Nixon, pero se hacen los sufridos y salen como toros buscando a quien cornear.

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