Guillermo Descalzi

GUILLERMO DESCALZI: Ébola en casa

Qué reacción provoca el ébola en Estados Unidos? ¿Será responsable, generosa, egoísta, miedosa, histérica, o alguna combinación de estas? Nuestra cobertura mediática parecerá exagerada y quizás lo sea por el momento, con menos de una docena de casos aquí, pero ojalá siga así porque la realidad del ébola es dramática. En África Occidental anticipan diez mil probables contagios semanales.

Varios de los datos en esta columna se basan en décadas de investigaciones científicas compiladas por Richard Preston en The Hot Zone, un libro que no es ficción. El primer caso conocido y documentado del ébola salió de una enorme caverna en las laderas de un volcán apagado, la cueva de Kitum en el volcán Elgon, en Kenia. Fue frecuentada por manadas de elefantes atraídos por la sal que hasta hoy hay en su interior. Lo que ya no hay son los elefantes. Hasta allí llegó un francés a esperar el año nuevo 1981. Fue su primera víctima con seguimiento médico.

El ébola es un virus primitivo. La vida lleva un código en ADN, ácido desoxi-ribo-nucleico. El del ébola está en un antecesor, ARN, ácido ribo-nucleico, que empezó con la vida molecular en los océanos del planeta más de 4 mil millones de años atrás. Es un virus con siete proteínas, cuatro de las cuales ahora existen solo en los filo-virus, la familia viral del Ebola y VIH.

En Estados Unidos hay tres grupos dedicados a la investigación del ébola, el CDC (Center for Disease Control), NIH (National Institutes of Health), y USAMRIID (United States Army Medical Research Institute of Infectious Diseases). Sus estudios sugieren que el brote tiene que ver con la deforestación del África y su consecuente reducción y extinción de especies animales. Los filo-virus están perdiendo sus ‘portadores’ ancestrales y están ‘saltando’ al genus Homo para sobrevivir. Somos la especie más abundante entre los grandes mamíferos de hoy y eso nos hace sus ‘víctimas de conveniencia’. En Monte Elgon, 30% de los habitantes portan el VIH. Al SIDA lo llaman ‘slims’ por lo flaquitos que quedan los infectados en esa ex colonia británica de inglés ‘masticado’.

Nadie que haya visto los efectos de un filo-virus de clasificación 4 podrá olvidarlo. El SIDA es clasificación 3 en la escala de Agentes Biológicos. El ébola, clasificación cuatro, acaba convirtiéndonos en bolsas de órganos disueltos con millones de virus en cada gota. El rostro de los afectados se vuelve una máscara por atrofio de las partes del cerebro que gobiernan la expresión. Los ojos se llenan de sangre, y las víctimas mueren derramando su interior por los orificios del cuerpo.

Al otro lado del mar hay mucha razón para el temor y la histeria de quienes ven la muerte —esa muerte específica— tirada en calles de polvo y barro. El virus cambia, lo que hace particularmente difícil diseñar una estrategia, remedio o vacuna para combatirlo. En Liberia, Sierra Leona y Guinea Ecuatorial mata a 8 de cada diez, 80%. En Estados Unidos el tratamiento a tiempo y a todo dar ha reducido su mortandad a uno de los primeros diez casos tratados aquí, 10%, lo que indica que el problema no solo es el virus. También es la miseria del África Occidental. Es la única manera de explicar la diferencia en las tasas de mortalidad acá y allá, donde la infraestructura de salud es prácticamente inexistente salvo en una que otra clínica ahogada en víctimas.

Las escasas horas que hoy toma viajar vía aérea a cualquier lugar del mundo nos llevan a una conclusión inescapable: que hoy todos estamos muy cerca de todos, y es de nuestra conveniencia interesarnos por mejorar las condiciones de vida en las sociedades más abyectas del planeta, porque todo lo que pase allá llegará inevitablemente acá.

La cobertura de la prensa americana, muy profesional, actúa en algunos casos como aire abanicando brasas encendidas. Alimenta las llamas del temor, algunos dirían que de la histeria, en un país donde no hay un brote sino casos aislados. La actitud promedio es guiada por una preocupación: Que no llegue acá. Es muy comprensible, pero apena que solo sea ‘para que no llegue acá’ que muchos quieran ayudar a los de ‘allá’.

Nuestra preocupación por protegernos del ébola necesita acompañarse con una gran resolución de ayuda a los afectados, pero… ¿Dónde están las telemaratones, los conciertos mundiales, las campañas para depositar nuestra preocupación convertida en ayuda? ¿Dónde?

¿Morir? Todos morimos. No es razón para encerrarnos con miedo para proteger el sueño americano en nuestras vidas. El Espíritu de América está ante el ébola en África. ¿Qué haremos? La alternativa no es protegernos o ser generosos. Se debe buscar protegernos y ser generosos con el único remedio real, integral, a largo plazo, la homogenización de los estándares de vida en el mundo entero. Tomará mucho tiempo pero llegaremos…

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