Guillermo Descalzi

GUILLERMO DESCALZI: Elecciones y ficciones

El presidente Barack Obama habla con la prensa en los jardines de la Casa Blanca sobre el ébola antes de salir de Washington para participar en una campaña demócrata.
El presidente Barack Obama habla con la prensa en los jardines de la Casa Blanca sobre el ébola antes de salir de Washington para participar en una campaña demócrata. Getty Images

Elección implica alternativa, este o aquel para proceder por aquí o por allá. Una elección cuyas alternativas conducen al mismo lugar no es una elección muy real que digamos. Esta no cambiará nada de lo que pide transformación a gritos en la vida del país. Habrá nombres y jefes nuevos, pero el atracón político seguirá igual. Así lo prefiere el gran capital.

Los candidatos gastan millones para ser electos, solventados por la élite, el 3% más pudiente. Nosotros escogemos democráticamente entre los que ellos posibilitan. En la ultima semana gastaron un promedio de $20 millones diarios en el país. La nuestra es una demo-elite-cracia. De cuando en cuando surge un accidente como Obama y entonces…

Se hizo mucho de si el Senado quedará demócrata a partir de enero. No importa, porque seguiremos en el mismo estancamiento forzado por los que no cooperan ni jugando. La única diferencia con un Senado republicano es que entonces será o sería la Casa Blanca la que sirva el no.

Los demócratas están afectados por la caída de Obama en la opinión pública. ¿Por qué? Tiene que ver con que es más relevante como presidente afroamericano que como simple presidente sin identidad racial, y disculpen mi uso de palabras pero quiero ser claro: Le es muy importante evitar la imagen del negro resentido, conflictivo y agresivo que queda del afroamericano en nuestro subconsciente colectivo.

¿Recuerdan a Limbaugh, el oráculo? Obama, dice, ‘odia a los blancos’. Pues el presidente no puede evitar la responsabilidad histórica de ser el primer afroamericano en la Casa Blanca, y debe y necesita dejar una imagen positiva y conciliadora de su desempeño como afroamericano. La derecha y el tea partidismo, sabiendo que Obama no será belicoso, aprovechan tratándolo como el negro resentido, conflictivo y agresivo del subconsciente colectivo, añadiéndole algo: incapaz. ¿Por qué? Pensé que por racismo. Ahora sé que es por racismo, sin problemas en pintar al presidente como inútil, echándole la culpa del desgobierno obligado por ellos, los republicanos paralizando el Congreso. Definen a Obama con su negativismo y no le van a reconocer nada.

Tenemos gasolina bajo $3 por primera vez en años. Nos hemos vuelto autosuficientes en el gas natural y estamos camino a la autosuficiencia en el petróleo. El desempleo está bajando, la inflación está controlada pero estamos en crisis, dicen. Lo increíble es que han logrado su cometido. La nación ve a Obama como lo pinta el liderazgo republicano. Ahora, una salvedad. En política nacional el problema es la ultraderecha y el tea partidismo, pero en relaciones exteriores y las guerras el problema es Obama, todito él.

Al liderazgo republicano le importa más pintar a este afroamericano como un fracaso nacional que cultivar la decencia en su trato. No le ha importado ir contra su propia naturaleza republicana en el rescate de Wall Street, las automotrices y los bancos. Están contra cualquier cosa que Obama apoye. No les ha importado afectar la economía, las industrias y los negocios con tal de ponerle trancas y barreras, y quizás también porque los ‘suyos’ han sacado provecho monetario de la debacle del país. La élite tiene más, la clase media se ha achicado.

Obama responde de manos cruzadas. ¿Lo culpan? Puede tener más garra, ser un poco más maquiavélico, menos contemporizador. Sería más efectivo. Si cuando los republicanos rechazaron su propia reforma médica, la de Massachusetts, con el increíble argumento de “una cosa es que le convenga a Massachusetts, otra que le convenga al país”, si Obama no aprovechó esa falta de lógica… ¿Qué podemos esperar al fin de su mandato?

Hay ironía en el liderazgo anti Obama. Está en la falta de expresión en el rostro de McConnell. Refleja su impavidez en el Senado. Se ve en el rostro tostado de Boehner que comulga a diario con lo más tostado del tea party para que no se le rebele en la Cámara. Otra ironía se da en la Florida, donde nunca habíamos tenido un gobernador como Rick Scott, jefe ejecutivo de la compañía que cometió el mayor fraude en la historia del Medicare, que pagó 600 mil millones en sanciones, y luego Florida lo eligió gobernador. ¿Y Charlie Christ? Un demócrata de conveniencia que apoya eliminar el embargo a Cuba. Son Guate-Mala y Guate-Peor. Don’t cry for me Florida.

Queda algo por resolver en los últimos años de Obama, la reforma migratoria. De aquí a enero habrá acciones ejecutivas que la echen a andar en el nuevo Congreso. Ojalá Obama la sepa manejar porque la oportunidad es inmejorable: En dos años los republicanos necesitarán todo el apoyo hispano que puedan lograr, y nuestros indocumentados necesitan todo el apoyo republicano que ellos les puedan dar. Es el único punto de luz tras esta elección, más por necesidad republicana que por virtud demócrata… ¡Y aún así!

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