Guillermo Descalzi

GUILLERMO DESCALZI: Congreso de egoísmo

El congrio es un pescado particularmente feo. Quizás por eso se llame así, por feo, y encima suena a congreso. Es un pez nocturno, tiene cuerpo como de serpiente y sirve para caldo. El caldo de congrio, favorito de muchos chilenos, es servido con limón en la mesa. En Washington los legisladores también sirven caldo y su limón somos nosotros, los exprimidos. Lo hacen fríamente calientes.

Frialdades calientes: Mientras el común de los mortales necesita de 30 a 40 años para jubilarse con su salario íntegro, para los congresistas el requisito es de solo cinco años a la edad de 62, y se pueden ir con 174 mil dólares anuales por el resto de sus vidas, con ajustes por la inflación. Si pertenecen al liderazgo se irán con más. Los majority leaders se van con un millón al año durante cinco años para gastos ‘de oficina’ tras dejar el cargo.

Somos víctimas de egoísmo unicameral, y pronto seremos víctimas de egoísmo bicameral. ¿Recuerdan lo que Reagan preguntó a su contendor demócrata del 84, where is the beef, donde está la carne? Pues en el Capitolio la carne es para los congresistas, para los demás está su caldo. Nos hemos vuelto un país a dieta de caldo congresional, y no olviden su juguito de limón, damitas y señores exprimidos.

Nuestros legisladores son solo 535 entre representantes y senadores, un universo muy reducido para las economías de escala que los benefician, pero parece que se merecen todo por ser padres de la patria, ¿no? Pasaron 49 años sin pagar Social Security y no importa que ahora no quieran Obamacare, su seguro médico es súper, con cobertura dental y de visión en cómodas cuotas. Tienen gimnasio gratis, carros gratis, peluquería gratis, comedores subsidiados, ‘retiros anuales’ pagados por sus partidos, comidas, fiestas, etc.

¿Cuanto gana un maestro? Su promedio es 40,065 dólares al año. Un soldado en zona de combate gana unos 38,000. Por eso se arriesgan, a muchos los hieren y varios miles mueren en batalla. ¿Un jubilado? Hay millones de seniors (conozco a muchos) con menos de 12 mil al año. El representante Jim Moran, mientras tanto, lidera un movimiento para alzar el salario congresional, asegurando que no les alcanza, insinuando explotación. Para nuestros jubilados está la cola, como en cola, cost of living adjustment, 1.7% este año. ¡Cola para caldo del congrio congresional, barato, baratooo!!

Todo congresista que apoye un presupuesto con déficit superior al 3% anual debiese quedar inhabilitado para su reelección. ¿Les parece? Lo mismo si, como han hecho desde 1997, no pasan un verdadero presupuesto. Lo que pasan son autorizaciones para continuar gastando, continuing resolutions. En los últimos 30 años han estado a tiempo solo cuatro veces con el presupuesto, y últimamente se les ha dado por cerrar el gobierno si la Casa Blanca no cede a sus reclamos, algo que en cualquier otro lugar sería chantaje claro y preciso.

Los congresistas debiesen hacer todo a tiempo, bien hecho, sin preferencias por gustos, sabores y colores, con un sistema de puntos como en las licencias de conducir. Tantos puntos y se inhabilitan, y que paguen como todos, ¿sí? También: que participen en el seguro médico nacional, a ver qué dicen entonces del Obamacare.

Consideremos cuántos millonarios hay en el Congreso. Debiesen regirse por las mismas leyes, reglas, reglamentos y regulaciones que se aplican al resto, una noción que debe parecerles extraordinaria a muchos de ellos. Quizás sea porque están, en la práctica, exceptuados de prohibiciones de insider trading que se aplican a los demás, nosotros los no-congresistas. Insider trading es sacar provecho de su conocimiento a-priori de lo que va a pasar en los mercados, la industria y el comercio, especialmente cuando ‘lo que va a pasar’ lo pasan ellos.

Reparten caldo congresional pero se dan carne a sí mismos. El caldo es para los demás, a no ser que sean del 3% superior que financia sus campañas. En ese caso, guantes de seda para ellos… señores.

La calentura fría del egoísmo congresional es extraordinaria. Otros repartos suyos: tarjetas y gastos de viaje, y quién va a objetar lo que dicen que gastaron si son congresistas, aunque de cuando en cuando ocurre. ‘Parqueo’ especial en los aeropuertos de Washington, cancha de tenis exclusiva indoors en el edificio Hart de La Colina del Capitolio, y no hay que olvidar el golf porque los clubes parecen felices de facilitar acceso a los travelling members, les da cachet. ¿Su tiempo fuera? Doscientos treinta y nueve días en el ultimo año, para atender en casa. Llevan vidas que difícilmente los dejan sentir la angustia existencial del 97% del ‘resto’. Para ellos está el beef, para nosotros su caldo de congrio congresional. ¿Reformas señores congresistas, anyone? Ah, y Feliz Navidad.

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