Guillermo Descalzi

GUILLERMO DESCALZI: La guerra de las dinastías,Hillary v. Jeb

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DESCALZI

Todo empieza a perfilarse como una guerra dinástica entre Hillary Clinton y el tercer Bush, con Jeb enjaezando la fuerza de los anteriores, tres en uno que valide las presidencias de su padre y hermano con un final apoteósico de su línea.

Hillary es la segunda Clinton en su segunda postulación, dos por dos, y no le será fácil. ¿Por qué? Por la poca simpatía que le tiene la izquierda, cuya preferida es Elizabeth Warren. Hillary ya no entusiasma a los progresistas. La consideran casi una imposición.

A Jeb tampoco le será fácil con la derecha tea-partidista cuyos padres mataron los chances de Poppy, el senior Bush, para un segundo periodo en el 92. Está entre dos fuegos. Los liberales lo quieren Romneyficar pero este Bush no es como Romney, un hombre atado en nudos. Su cabeza está cerca de su corazón. Entiende a los latinos, está casado con una mexicana, dice que no a Castro y sí a una reforma migratoria con alguna legalización. No variará sus posiciones para ganar en las primarias. Será más genuino.

Hillary y Jeb tienen problemas con la izquierda progresista y la derecha tea-partidista. Habrá que ver cual es más inflexible con su heredero dinástico.

Hillary: Su problema se complica por la desilusión de la izquierda con Obama. Les resultó pan remojado y quieren huevo frito con salchicha y papas en el desayuno de la carrera. Hillary, sin embargo, está empezando a caerles como otro pan remojado más, y encima pasado también. Su problema viene en parte de la nobleza Clintoniana de la que está imbuida y que parece causar parte, al menos, de su acartonamiento público. Sí, es acartonada y está, en eso, más Romneyficada que Jeb. Mi apuesta: si Hillary gana los demócratas pierden, pero ella siente el peso del destino y parece incapaz de detenerse. Los progresistas van a empujar a Warren, la senadora de Massachusetts. Prefieren el fuego de su vientre al Pepto Bismol de Hillary. ¿Warren v. Jeb? Habría que ver.

Jeb: Su problema más grande es la desilusión de la ultra derecha con los líderes tradicionales del partido, de los cuales él es una continuación. Aún así, el dinero republicano no busca un revolucionario. Lo que busca es un ganador, y pese a quien le pese, los precandidatos republicanos, a excepción de Jeb Bush y quizás Rick Santorum, parecen demasiado extremos. Quizás… quizás Rand Paul logre venderse como Washington contra la monarquía (Clintoniana) rumbo a Trenton en la madrugada del 26 de diciembre de 1776.

¿Huckabee? Pan remojado de derecha. ¿Perry? Igual. ¿Ted Cruz? Mr. contra republicano polariza al electorado. Es genuino para unos, recalcitrante para otros. ¿Christie? Aquello que lo hacía peculiar hoy lo hace grotesco. ¿Rubio? El público no se ha repuesto del agüita en su respuesta al Mensaje de la Unión, ni de su indecisión sobre si ser el bueno, el que hace lo que necesite hacer para ganar, o el que haga ‘lo correcto’. ¿Santorum? Caballo gris. Mi apuesta: Jeb’s the man.

Errores a evitarse: Entre los demócratas la imagen de nombramiento más que nominación, pero ya hace tiempo se ve a los Dones del partido despejándole el camino a Hillary. Temen algo como lo sucedido cuando Ted Kennedy desinfló a Carter en las primarias del 80. Harry Reed, el líder saliente del Senado, ha promovido a Elizabeth Warren al liderazgo demócrata en la cámara alta. Por algo será.

Entre los republicanos lo primero que necesitan evitar es el puritanismo de la ultraderecha y el deseo de explicarlo todo para apaciguar al tea-partidismo, así sea con sugerencias ridículas como la de Rand Paul al denunciar la muerte de Eric Warner a manos de la policía en NuevaYork. Querer cobrarle impuestos por vender cigarrillos sueltos, eso, dijo, fue lo especialmente horrible en ese episodio. ¿Lo diría para proteger su flanco derecho? Parece que sí. A Jeb no le será difícil mantener al puritanismo en raya pero sí le será difícil evitar ridiculeces como la anterior para compaginarse con la derecha más reaccionaria del país.

¿Hillary y Jeb? Mi opinión, nuevamente, es que ganaría Jeb, quizás por más auténtico y simpático. Eso le va a difícultar la nominación a Hillary. Los electores votan más por sentimiento que razón, y los demócratas necesitan un jinete que sienta su caballo y corra con él, no una nominada con manto real sentada sobre el suyo. Necesitan quien corra hasta reventar en el Preakness presidencial. ¿Qué pasará? Nadie lo sabe pero si hay un republicano que pueda enamorar a las minorías, al menos la hispana, ese es Jeb, y del tres en uno ya se empieza a sugerir lo que aún no se puede decir de la dos por dos, y es que… a la tercera va la vencida.

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