Guillermo Descalzi

GUILLERMO DESCALZI: Siria y la ruleta rusa

Rusia ha tomado control del espacio aéreo sirio instalando proyectiles tierra aire con alcance de 400 millas y capacidad de rastreo para 60 objetivos simultáneos. En adelante necesitaremos su ‘cooperación’, al menos implícita, para volar allí. Tanto se hablaba de establecer una zona de exclusión aérea, pues los rusos la establecieron. Sus proyectiles también cubren el Líbano y partes de Israel, Turquía e Irak. Esto es muy serio y la Casa Blanca se engaña pretendiendo que no es tan grave.

Sacar a Assad es ahora jugar a la ruleta rusa. Putin se ha instituido en árbitro del poder sirio, con enormes consecuencias, una humillación que Washington se esfuerza por minimizar.

El Sukhoi 24 abatido por los turcos es un bombardero supersónico que cruzó una ‘entrada’ de menos de dos millas de tierra suya en terreno sirio. Estuvo solo 17 segundos en su espacio aéreo y fue derribado en esos 17 segundos, una acción innecesaria y perjudicial para nuestros esfuerzos.

Es absurdo derribar un avión por un sobrevuelo de segundos, pero hay más en opinión de Turquía. Rusia ataca a los turcomanos sirios que Turquía defiende mientras bombardea a los kurdos y otros aliados nuestros. Nuestro aliado se porta a veces como enemigo. Le dio la excusa a Rusia para meterse con botas y proyectiles donde Estados Unidos pretendía ser el pacificador.

Rusia es un obstáculo. Ahora meterse con Assad será meterse con Putin, y este es solo el inicio de un reacomodo. La OTAN se ha vuelto en este caso una alianza incómoda que nos obliga a estar de lado de la insensatez –y algunos dirían hasta traición– turca. Si Putin responde militarmente a Turquía por cualquier razón, entonces tendremos que respaldarla junto a Francia, Inglaterra, Alemania, Canadá, Italia, España, y el resto de los 28 integrantes de la OTAN.

Dice que no atacará pero habrá que verlo, también dijo que no se posesionaría de Crimea ni atacaría Ucrania. Así y todo, no parece tan descabellado como para iniciar un enfrentamiento de potencias… pero sí lo es el presidente de Turquía, Tayyip Erdogan, y cuenta con que lo respaldaremos mientras defiende a sus turcomanos, ataca a nuestros kurdos… y hace cosas como derribar un bombardero ruso. Estamos en una escalada bélica propiciada por Ankara.

¿Nos dejaremos arrastrar a un conflicto sin barreras? La pregunta no tiene respuesta inmediata. Esto puede acabar como Sarajevo en 1914, cuando el asesinato del archiduque Francisco Fernando resultó en la primera guerra mundial.

Erdogan puede acabar siendo el Gavrilo Princip de hoy, el asesino de Sarajevo, o puede ser Bagdadi, o terroristas como los de Francia, y más. Hay tantos para el rol de Gavrilo Princip que es más fácil que el Medio Oriente estalle a que se resuelva.

Irak y Siria son lugares de arenas similares a las ciénagas de Vietnam. Deberíamos haber aprendido la lección pero nuestro orgullo lo impide: Seguimos creyéndonos papis de la realidad.

Vivimos convencidos del excepcionalismo americano. Es una imprudencia que nos hace sobrados, creernos más que suficientes ante los desafíos del mundo. Moral y Mortal: Hay que ser morales, la sobradera nos hace mortales. Aprendamos de los ingleses, que redujeron su área de influencia antes de desangrarse en el mundo colonial.

La trama se complica. Washington oscurece y siembra desinformación para verse mejor no solo en Siria, también en Irak. Turquía no ayuda para nada, al contrario, está dividiendo. Ahora se trata de la OTAN contra la OTAN dentro de la OTAN. Quizás estemos en las puertas de algo de la magnitud de las dos primeras guerras mundiales, la cuesta abajo parece engrasada.

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