Guillermo Descalzi

GUILLERMO DESCALZI: Muertes remediadas

La humanidad será muchas cosas pero prominente entre ellas está que somos un recurso más, una fuente de riqueza a cambio de la cual obtenemos productos y derechos. Damos porciones de nuestras vidas vida a cambio de productos inertes que pagamos con horas de trabajo vividas para pagar. Así es el comercio, con nosotros como recurso final. Hasta la medicina nos usa

La primera causa de muerte en Estados Unidos es el cáncer, la segunda las enfermedades cardiovasculares, la tercera las medicinas, los fármacos promovidos a los cuatro vientos como píldoras mágicas que matan más americanos cada año que nuestras guerras sumadas al terrorismo y los homicidios en el país.

Los vivos vamos a determinar, para bien o mal, la vida futura en el planeta. Continuaremos con el empleo de muchos a manos de pocos, siempre ha sido así, es una ley humana vuelta más eficiente en el mundo informático-industrial donde todo se vende con la velocidad acelerada de la computación como catalizador y medio de control. Se acelera incluso la muerte vendida.

El mundo médico americano tiene más de seis mil productos farmacéuticos a su disposición, remedios en competencia que la industria promueve como pusher de fármacos, drogas legales. ¡Esto para la virilidad, eso para el sueño, lo otro para adelgazar!

Los sistemas son inevitables, por algo los tenemos, pero no son intocables. Hay sistemas cuyas prácticas deben modificarse por contrarias a la vida. Esta es una de ellas.

El Departamento de Comercio señala que los pain killers, los analgésicos, las benzodiacepinas, los ansiolíticos y las ayudas para el sueño causan alrededor de 60 mil millones de dólares en pérdidas públicas, cada año, dinero transferido a los bolsillos privados de la industria médico-farmacéutica. Por esa cifra empujan sus productos. El volumen de sus ventas se ha cuadruplicado desde 1999, cuando se desató la publicidad de fármacos.

No somos nuevos en el empleo, uso y explotación del hombre por el hombre. La humanidad actual es consecuencia de diez mil años de historia conocida… a medias, y siempre ha sido así. No sabemos nada, o casi nada de antes. Hay una niebla que se alza al fin del último deshielo y nos impide ver para atrás.

Nos toca recibir la vida y pasarla como guardianes de su llama, y en esa capacidad debemos cuidar, cuidar el empleo del hombre por el hombre, parte del orden natural. Su explotación es otra cosa. Esta era, con toda su magnificencia, ha convertido el empleo individual del hombre en explotación masiva de la humanidad. La tecnología lo permite.

En Estados Unidos la cifra de muertes por receta médica es dos veces superior a los homicidios y las compañías siguen publicitando sus productos.

Vendemos muerte disfrazada de salud mientras exageramos la violencia en otras áreas para satisfacer el morbo público. Facilitamos una explotación que llamamos ‘uso’. Decimos ‘usen señores, usen esto para la vida’ cuando en realidad es explotación de la vida como en exploten señores, explótense con esto o lo otro, exploten lo que queda de sus vidas sexuales, para eso está el viagra, y hasta hay chistes de Viagra, Vi-ejas Agra-decidas.

La violencia explosiva produce cobertura mediática de saturación, pero unas 60 muertes diarias por sobredosis legal en el país, esa es una violencia callada protegida por la libertad de comercio.

La muerte ahora es por consumo comercial e industrial. ¿Restringir el comercio y el consumo? No, nunca. ¿Restricciones a la vida por el consumo comercial? Sí, en esta y otras industrias que protegemos así lleven a la muerte. Las industrias reclaman su libertad y los vivos reclaman sus drogas… y sus armas amparadas bajo la segunda enmienda de la Constitución. Así somos.

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