Guillermo Descalzi

GUILLERMO DESCALZI: Primer encuentro, primeras derrotas

Hillary aunque gane ya perdió, lo mismo que Cruz, y aclaro que escribo el lunes antes del cierre de edición, horas antes de los comicios en Iowa.

Clinton sale herida aún en caso de ganar con un margen tan estrecho que es una derrota. Sanders, al revés, gana así pierda con el estrechísimo margen que tiene.

Explicación: Clinton empezó con 50 puntos de ventaja y llega tres puntos detrás de Sanders según la última encuesta Quinnipiac. Es una derrota para Hillary por todo lo que ha perdido así ‘gane’, y verán que no gana.

La Sra. Clinton se acerca a un encausamiento criminal por 22 emails clasificados Top Secret encontrados en su servidor privado. Sus defensores dicen que no llevaron el sello de ‘secreto’ cuando los ‘manejó’.

Un documento no es secreto porque se le clasifica así. Es la naturaleza del documento, su contenido, la que lo hace así con o sin sello secreto. La secretaria, además, tiene suficiente capacidad para haber sabido qué es y qué no merece ser secreto. Sabe también cómo negarle o bajarle la clasificación a un documento para manejarlo con más holgura. El peso que pende sobre ella por esto la tiene amarrada, sin poder soltarse, ser más natural, real, verdadera y espontánea. Es otra derrota para ella.

Lenny Davis, consejero suyo, dice que el FBI investiga los emails y no a la secretaria. Es una tontería, si están investigando lo que ella hace o hizo entonces la están investigando a ella.

Luego está el déficit de entusiasmo que despierta. Nadie se casa por las ideas de su pareja. La gente vota igualmente por su romance, por lo que dicen sus glándulas, y ella no tiene romance. Otra derrota, tercera para ella.

Que Sanders con su vigor de 74 años la gane es testimonio de aun otra derrota más por su turbidez y desconfianza, una carencia que la tiene encerrada en sí misma, en-si-mismada. Clinton aun con una victoria técnica habrá perdido mucho.

Cruz, en el lado republicano, pierde por similar turbidez y desconfianza, dudas sobre su verdad. En el último debate sin Trump sacó a relucir el resentimiento escondido en su rostro de sonrisa risueña. Se le vio acusar a los panelistas de provocar ataques contra él y lanzó, así como inocentemente, la amenacita de retirarse si eso continuaba.

Es incapaz de generar entusiasmo con su mensaje de Pureza Moral en términos fundamentalistas, lo que lo abre además a la acusación de manipulación de la fe en un país con separación de iglesia y estado.

¿Ganadores? Trump en términos absolutos y Sanders en términos al menos relativos, y probablemente absolutos también. Apuesto a lo último. El impulso está con ellos. No anduvieron a la defensiva como Clinton, o cuidándose como Cruz, lo que les permitió hablar de su esperanza y aspiraciones.

Esta campaña es atípica. No importan las posiciones y explicaciones de los candidatos tanto como su convicción, y esa inefable calidad del romance de los candidatos, su atractivo, una cualidad inexplicable más de glándulas que cerebro.

¿Hasta cuando seguirá atípica esta elección? Hasta el fin. Los líderes republicanos, incapaces de evitar el caos alentado por ellos, son la razón de Trump, su causa. Lo promovieron por serviles al puritanismo político de la ultraderecha de la clase media y obrera euroamericana, descastada y desplazada al rol de minoría. Los ‘líderes’ del partido han confiado en que esta atipicidad terminaría pronto, pero no ha sido ni será así. Esperan el surgimiento de un candidato normal, Rubio, Bush o Kasich, pero ya empiezan a alinearse ante lo cada día más aparentemente inevitable.

Los lideres demócratas, por su lado, invirtieron tanto en Clinton que no saben qué hacer. No se dan cuenta que ellos también forzaron la mano en su partido blindando una candidatura ya pasada. Lo que verían en ella… hoy desearían no haberlo visto.

Periodista, escritor y filósofo peruano.

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