Guillermo Descalzi

Suicidio a la republicana

El candidato republicano Donald Trump (der.) firma autógrafos en un acto de la campaña en Concord, Carolina del Norte, el lunes.
El candidato republicano Donald Trump (der.) firma autógrafos en un acto de la campaña en Concord, Carolina del Norte, el lunes. Getty Images

Trump es un virus en todos los resquicios del partido y este comete suicidio para quitárselo.

El presidente del comité nacional pide lealtad a sus contendores. Pues habría que preguntarle al partido si será leal a su nominado, cualquiera que sea. La respuesta parece ser no y quizá… maybe… si no es Trump.

El liderazgo republicano hace tiempo tomó la decisión de abrazar el descontento de su ultraderecha. Esto lo escribí en el 2009:

“La ultraderecha hace y deshace a través de su instrumento, el partido republicano, mientras la izquierda espera que llegue al precipicio y se despedace en el fondo”.

Esto está ocurriendo. El bloqueo de la Corte Suprema es un ejemplo de su resquebrajamiento y del daño que le hizo su caída al fondo de la ultraderecha.

La mayoría, según las encuestas, opina que no se debe dejar vacante el escaño del juez Scalia, como quiere hacer el jefe del Senado hasta el próximo año para negarle su nombramiento a Obama.

Sigo con lo que escribí: “La pseudo derecha conservadora tradicional de media agua se considera sufrida por lo que hace para salvar al partido (en este caso negarle un juez a Obama y la nominación a Trump). A sus líderes no parece importarles que lo que quieren sea un suicidio. Toman medidas con reflejos del Kool Aide que Jim Jones sirvió a sus seguidores”.

El liderazgo de pseudo derecha traiciona su base. Ahora no sabe qué hacer para parecer real, y ha desencadenado una guerra civil partidaria. ¿No se darán cuenta, los líderes, que ‘parecer’ reales es contrario a ‘ser’ reales? Parece que no.

Por lo menos, 47% de los republicanos sí se dan cuenta. Quizás los líderes se salvasen abrazando el Trumpismo aunque pierdan la elección, pero sería volverse reales y es difícil que ocurra a corto plazo.

¿Puede la cabeza marchar sin su cuerpo? Eso sugieren quienes anuncian que, pase lo que pase, marcharán sin Donald, y si eso no es suicidio entonces qué será.

Es un asesinato-suicidio. Los líderes tratan de matar a Trump, la ‘oportunidad’ de sus seguidores, y estos los ven como una mancha. ‘Parecen’ (nuevamente esa palabra) falsos farsantes (valga la redundancia) que pretenden hacer lo que no están inclinados a ser. Para eso apaciguan. Insisten en hacer como ultras para apaciguar a la ultra.

El partido se debilita si se divide y si no se divide también. El daño ya está hecho. La cosa es cómo debilitarse menos.

El republicanismo se ha fraccionado y hay que preguntarse cómo volverá a unirse tras esta elección, no ahora porque ni Rubio ni Cruz parecen capaces de hacerlo. Es en esta luz que hay que ver la denuncia de Romney a Trump.

Romney es un genio en sacar millones de los escombros de empresas que ‘rescata’. Eso está haciendo ahora, posicionándose para la nominación en una convención manejada y manipulada por los líderes de un partido disfuncional.

Estamos ante un hecho histórico, el final del Gran Partido Republicano que fue. Necesitamos un Hemingway, el de Adiós a las Armas para un Adiós al Partido que fue. Habrá otro pero no será lo mismo.

Todo apunta a una gran escisión en su convención porque la alternativa es que los líderes se entreguen a Trump y seguidores… o que Trump y seguidores se entreguen a ellos. Nada de eso parece posible. Dios salve al partido porque lo necesitamos.

Rubio ya no es la alternativa, ahora es Cruz en una disputa que deja al republicanismo entre Guatemala y Guatepeor. El senador es rechazado en su recinto pero parece (nuevamente) más digerible que Trump. Las apuestas favorecen un fin arreglado tras bambalinas en una convención improcedente y disfuncional. Allí estarán los Romneys del partido, listos para rescatarlo.

Periodista, escritor y filósofo peruano.

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