Guillermo Descalzi

¿Trump fascista? ¿Y el hispano?

El candidato republicano Donald Trump se dirige a sus simpatizantes en la Universidad Lenoir-Rhyne, en Hickory, Carolina del Norte, este lunes. Recientemente se han producido enfrentamientos violentos en actos de la campaña de Trump.
El candidato republicano Donald Trump se dirige a sus simpatizantes en la Universidad Lenoir-Rhyne, en Hickory, Carolina del Norte, este lunes. Recientemente se han producido enfrentamientos violentos en actos de la campaña de Trump. Getty Images

Hay tres tipos de socialismo: comunista en la izquierda, nacional socialismo o fascismo en la derecha, y democracia social en el medio.

La democracia social agrega derechos al individuo y deberes al gobierno, deberes y derechos como la salud, asistencia social, educación superior, maternidad en casa en la temprana infancia, etc. Es socialismo con soberanía emanada de la voluntad popular. Sanders es eso, Trump no lo es.

El socialismo comunista es de soberanía popular ficticia, elecciones bamba porque “el pueblo ya decidió el rumbo y hay que defenderlo. Además, los partidos dividen y quitan recursos”. Cuba es un ejemplo clásico de soberanía popular ficticia. Ni Trump ni Sanders buscan eso.

El Nacional Socialismo, nazismo o fascismo es otro caso de democracia ficticia con autoritarismo central, pero aquí es con monopolios económicos privados. Trump lo sugiere hablando de un gobierno de ‘negociadores’ económicos. Se aproxima al nacional socialismo, lo más eficiente del capitalismo político.

Hay algo más en Trump que lo acerca al modelo fascista: su afinidad con la violencia. Lo niega pero sus palabras la promueven.

Suyas son expresiones como “Le pegaría un puño en la cara”, “los sacarían en camilla” “lárguense, bótenlos”, “hay que responder al ataque”. Él tiene parte en los desmanes promovidos alrededor de sus apariciones.

¿Promovidos? El temor de los líderes se debe a que están quedándose sin alternativa. Kasich necesita, para ser nominado, 112% de los delegados que quedan, algo que no existe. Kasich está out por la vía electoral pero espera una convención ‘negociada’ que lo elija como alternativa, lo mismo que Rubio, que necesita 84% de los votos que quedan y, para todo efecto práctico, también está out por la vía electoral.

Las primarias republicanas tienen solo un rival ‘verdadero’ para Trump: Cruz, que para ganar necesita 62% de los delegados que quedan. Los líderes del partido no aguantan a Cruz y su alternativa, por eso, no es electoral.

El liderazgo político y de opinión no lo dice pero apuestan a torpedear las primarias y la convención para que nadie consiga la nominación en primera vuelta. Es factible... hasta el martes 15.

Nada evitará su nominación si Trump gana el mini-martes, de allí el torpedeo actual… y real. Esta semana es crucial para el partido.

Los desmanes no son casuales. Rubio, Kasich, Cruz y los expertos denuncian a Trump mientras la prensa transmite imágenes de violencia que no son tantas pero cuya repetición las hace parecer muchas e incitan a más. Hacen lo mismo con las palabras de Trump. El candidato se presta a eso.

La elección se reduce a inmigración y dos o tres temas más oscurecidos por las ‘incitaciones’ de hoy. Inmigración, en todo caso, es lo principal. Los candidatos se van con ese caballito de batalla a enfrentar al enemigo o proteger al amigo hispano según sea el caso.

La honradez es muy suelta en esta búsqueda de votos. Ambos partidos nos aprovechan ‘protegiéndonos’ o ‘excluyéndonos’. Lo primero es condescendiente, lo segundo duro.

No quisiera decirlo tan crudamente pero el rechazo a la reforma migratoria es predominantemente anti ‘mexicano’, un término que incluye a todo hispano de rasgos indígenas. La disputa entre los republicanos es por su exclusión. El hispano blanco tiene menos problemas. La disputa entre los demócratas es por ser nuestro amigo más amigo.

Al hispano de rasgos indígenas no lo va a sacar nadie. La mayoría somos mezclas y somos demasiados, decenas de millones, tantos que nadie va a poder ‘protegernos’. El protector Obama se quiso mostrar fuerte para lograr una reforma migratoria y para eso se convirtió en el presidente que más hispanos deportó en la historia del país.

La problemática con Trump ha dejado inmigración en segundo plano. El problema para ‘todos’, demócratas y republicanos pero principalmente republicanos es él por el momento. El partido va a terminar de separarse a no ser que sus líderes lo abracen, y eso no se ve en las cartas. Gane o pierda Trump, el partido ya está fraccionado.

Periodista, escritor y filósofo peruano.

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