Guillermo Descalzi

Notas de campaña

Recuerdo un libro que mi madre leyó, ‘Espérame en Siberia Vida Mía’, una de esas novelitas románticas de los años 50. El de hoy sería, ‘Espérame en Indiana Donald. Trump’, una tragicomedia protagonizada por Cruz con el respaldo de algunos en el Congreso que lo apoyan pero lo detestan. El resto sencillamente lo detesta.

Las campañas empiezan a aglutinarse –quizás ‘gelatinizarse’ sería más descriptivo– alrededor de Clinton y Trump. Los líderes republicanos parecen ver lo inevitable y empiezan a subirse al carro del Donald mientras Sanders empieza a bajarse del suyo.

Hay cierto nivel de convencimiento acerca del resultado de las primarias entre politólogos y periodistas, tanto que han empezado a especular acerca de quien será el vice de Trump, y bromear como Obama preguntando quién será la nomina-da demócrata, ¿quién será ella?... ¿who will she be?

Cruz es demasiado débil para insistir –como lo hace– que es la única alternativa del partido. Trump ganó ciento cuarenta y dos –142– delegados en Maryland, Delaware, Pennsylvania, Rhode Island y Connecticut. Cruz no obtuvo más que tres –1, 2 y 3– en esos estados. Su selección cruzada de Carly Fiorina como compañera de fórmula es patética. Ella también es patética, duele verla con su mirada insegura al lado de Cruz como si se hubiese dado cuenta de su error o de la ansiedad que la llevó a decir que sí.

Quizás Cruz haya pensado en añadir una Palin a su ticket pero la Fiorina no es una Palin, es demasiado digna para montar un circo como el de Sarah.

Las cosas en el Partido Republicano apuntan a dos alternativas: O apoyan a Trump o se verán con un desastre en Cleveland donde o lo nominan o el partido comete hara-kiri.

La matemática dice que hoy por hoy no hay más que Trump en el horizonte republicano… Necesita 43% de los delegados restantes para su nominación en primera vuelta, Cruz y Kasich necesitan cantidades que no existen, 114 y 190% respectivamente.

La nominación de Hillary es un hecho y tanto ella como Trump han empezado a concentrar sus ataques en el uno y la otra. La prueba que tiene la nominación asegurada está en el despido de más de doscientos trabajadores de la campaña de Sanders pero él sigue compitiendo por tener voz y voto en la plataforma demócrata y la selección del personal de la primera línea en la posible futura administración Rodham-Clinton.

Donald la acusa de conducir una campaña sexista jugando la carta femenina lo cual es bastante ingenuo. Hillary después de todo es mujer, ¿qué va a hacer, competir como hombre? Los que sí juegan la carta femenina son Ted Cruz con Carly y Trump acusando a Bill de mujeriego y a su esposa de ‘posibilitadora (enabler) de sus aventuras’.

El último speaker de la cámara, John Boehner (que detesta a Trump), describió a Cruz como la encarnación del mismísimo Lucifer y, por si no estuviese bien claro añadió que jamás votará por él. Se entiende que los líderes no ‘tragan’ ni a Cruz el patético ni a Trump el peripatético*. ¿Preferirán a Hillary?

Lo hasta ayer imposible, la apertura de un Frente Republicano por Hillary ha empezado a cobrar forma. Boehner llega después que los súper-billonarios hermanos Koch dijeran que no-van-a-apoyar-a-nadie, algo como con guiones entre las palabras para que queden bien claras. Otro, Sheldon Adelson, magnate de casinos de las Vegas, Hong Kong y Macao, anunció que no dará un centavo a la campaña presidencial republicana.

El hielo, por otro lado, empezó a derretirse para Trump. En su presentación de política exterior el miércoles se vio a pilares del partido conversando con Lewandowsky y Manafort, sus lugartenientes, intercambiando amabilidades en lo que no puede ser otra cosa que el tanteo de un acercamiento.

Bob Corker, jefe del comité de relaciones exteriores del Senado, aplaudió el discurso ese día pero ignoró sus contradicciones, cosas como ‘no intervenir’ (con los musulmanes) al mismo tiempo que ‘intervenir’ (para salvar a los cristianos), ‘reducir el gasto’ en todo pero ‘gastar lo que sea’ en las fuerzas armadas… y Corker no dijo nada del America First de Trump, lema también del movimiento nazi americano pro-Hitler encabezado por Lindbergh antes de la II guerra mundial cuando floreció la palabra que le gusta a Trump, nacionalismo, primera mitad del nacional socialismo nazi. Si las palabras valen, esta… ¿servirá de algo?

*extravagante, chocante.

Periodista, escritor y filósofo peruano.

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