Guillermo Descalzi

La desesperación del descontento republicano

El conservadorismo va a montar una candidatura distinta al republicanismo de Trump, el que se llevó el partido, y si ‘se llevó’ indica fuerza es porque así fue. Esta ha sido nada más y menos que una captura por la fuerza.

Bill Kristol, estratega conservador, anda buscando candidato propio porque la alternativa sería irse a La casa conservadora de Hillary para Homeless Republicanos, los conservadores que perdieron su hogar.

¿Hillary la conservadora? Quién lo iba a pensar, pero así se ve en comparación. La realidad es más extraña que la ficción.

La política exterior de Clinton y sus lazos con Wall Street presentan aspectos en común con el conservadorismo. Ella cuenta con eso para atraer a los insatisfechos pero en lo que más se parecen es en su estilo elegantemente conservador en contraste al verbalmente brutal y crudamente físico de Donald Trump.

División, ruptura, apocalipsis, todos estos son términos adecuados para describir lo que ocurre. Ha reventado la desesperación del descontento conservador republicano, no aguantan más. O matan la candidatura Trump o dejan que él los mate, así se ven las cosas. El problema es que esta guerra de los conservadores es con el nominado de su propio partido y si en el proceso matan al partido, ¿se producirá el nacimiento de un nuevo sistema tri-partidario? Es posible. La última vez que ocurrió algo por el estilo fue con el Bull Moose Party de Teddy Roosevelt, y no prendió.

Oponerse a él es cuestión de honor entre los conservadores del partido que fue, el que Trump arrasó. Lo malo y preocupante para ellos es que el Partido de Trump se va con una buena parte de la base republicana. Es como si Atila el Huno se hubiese adueñado del republicanismo.

El Imperio Romano para quitarse de encima a los hunos les dio su propio país, Hun-gría. En este caso es al revés. El huno se queda con el partido y los romanos se van en busca de su Hungría conservadora.

Lo que ocurre es de lo más irónico. Se temía que Trump montase una candidatura independiente. No fue así. Ward Baker, estratega de las campañas senatoriales republicanas, les ha dicho a sus candidatos que se sientan libres de no asistir a la convención de Trump.

¿Será el conservadorismo tan fino, tan delicado que por eso no aguanta el estilo de Trump? Quizás, pero también es posible que Trump sea demasiado burdo y grosero para susceptibilidades menos exquisitas que las de los conservadores en el espectro social. Es lo uno o lo otro y no importa qué lado desencuentre a cual, eso es cuestión de perspectiva. Los desencuentros generalmente son mutuos.

Primeros en la escena del rechazo al presunto nominado fueron los dos ex-presidentes Bush que no votarán por él. Luego estuvo Paul Ryan, el líder de la cámara baja, el ‘que no está preparado’ a votar por Trump. Lindsay Graham dice que apoyará a todos menos a él. Romney lo denuncia.

Van a haber encuentros, mítines, reuniones para remediar la situación pero lo más probable es que no se arregle nada. La oposición conservadora rechaza su nominado en ciernes, le voltea la cara, le da la espalda, lo ignora y ataca porque sencillamente no lo aguanta. La respuesta de Trump como nuevo jefe de facto del partido es la idea de quitar a Ryan como director de la convención. Su partido, explica, es el republicano, no el conservador.

Trump comió un taco bowl para apaciguar susceptibilidades heridas entre los hispanos pero estas no se remedian comiendo un taco. Es más, su ligereza profundiza la herida causada. Si así pasa con los hispanos imagínense como será con los conservadores de la clase acomodada, con la petulancia de sus ínfulas ante la posibilidad de que a Ryan le retiren su rol en la convención. Va a arder Troya.

Por último, el America First de Trump está en la línea del último America First, hitleriano y pro nazi liderado por Charles Lindbergh hasta la segunda guerra mundial. La proveniencia del término ejemplifica algo del comportamiento del Donald en su manipulación y explotación de la base emocional en la política nacional. Una cosa es fascismo, otra conservadorismo. ¿Se plegará el conservadorismo a la manipulación emocional de su nominado? Lo dudo porque ya estalló la desesperación de su descontento.

Periodista, escritor y filósofo peruano.

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