Guillermo Descalzi

El arte de renacer

Presento EL ARTE DE RENACER, mi último libro. Empiezo con un prefacio. La palabra significa ‘antes de hablar’. Pre, antes y Fari, hablar. La costumbre se usaba en el Senado romano, donde los oradores tenían su ritual para comenzar. Unos hacían esto, otros lo otro. El pre-fari era de gestos indicando el discurso que iban a dar y las emociones que querían despertar. Lo menciono porque hemos perdido el significado de las palabras y no sabemos lo que decimos, no realmente. La función del Pontífice es otro ejemplo. El pontífice era puente de los sacrificios a Dios, su ejecutor, su artífice: puente-artífice… pont-ifice de sacrificios. Los hacía, enviaba arriba y acababa usualmente bañado en sangre. El Pontífice Máximo, el Cesar, Pontifex Maximus, si no acababa ‘bien’ bañado entonces él mismo terminaba de ‘bañarse’ en sangre de la víctima.

Igual como se ha perdido el significado y origen de las palabras y funciones, igual pasa con los conceptos. Este libro busca echar luz sobre el concepto del Renacer. Lo tomamos como algo religioso y lo es, en rito y fórmula, pero más allá de eso es un arte espiritual en el cual el artista, el medio y el material somos nosotros, los tres en uno, un concepto intrínseco a todo renacer.

Escribo veinte años después de los acontecimientos que narro en El Príncipe de los Mendigos, la novela autobiográfica. Han sido años de trabajo interior. La necesidad de trasparencia se ha hecho palpable en mí.

Pasé mis primeros años de adulto con muy buena educación pero con una personalidad fallida, al borde de lo funcional. Mis estudios iniciados en el Perú los continué en Estados Unidos. Las fallas de mi personalidad las ‘corregía’ con marihuana y alcohol. Menos por menos da más. Mis primeros empleos duraron muy poco y no fue hasta que llegué a una actividad bastante inestable que encontré un refugio para mi inestabilidad. Fue en televisión, de reportero, una actividad en la que ascendí rápidamente a la cumbre. Fui un reportero alocado y adicto que vivió dos vidas, la del trabajo y la personal. En mi vida laboral llegué a corresponsal mundial de Univisión, con años en la Casa Blanca y viajes por el mundo, con una vida ‘separada’ en las noches en busca de paz personal con alcohol y droga.

Llegó un momento en el que tuve que abandonar toda pretensión de normalidad y me fui a vivir dos años de mendigo en las calles de Washington. Dirán increíble pero así fue.

Cuando salí de ese mundo regresé a la profesión por unos quince años más hasta que gradualmente me retiré y convertí en escritor. Esa odisea la narro en El Príncipe de los Mendigos.

El Arte expone otro aspecto de mi vida, el proceso de mi renacer, porque así es como yo veo lo acontecido en mí, como un largo renacer que narro para servir a quienes estén conscientes del camino en su renacer.

El libro muestra mi renacer porque eso es todo lo que puedo hacer, mostrarlo. Renacer es tarea individual. No es una ciencia ni una técnica sino un arte por etapas que varían de acuerdo a la persona.

La primera etapa es Sobreponerse a su Niñez. Hay gente que nunca lo hace y muere de niñez terminal aunque la causa aparente sea otra. Son pocos los que se sobreponen siendo jóvenes. La mayoría lo hacemos de adultos. En mi caso fue tarde, en mi década de los 40 años. Así suele ser con los que llegamos a nuestra madurez emocional, llegar a ella cuando nuestros hijos crecieron infligiéndoles nuestra in-madurez. Sobreponerse implica quitarse de una larga cadena de victimización por inmadurez pasada de generación en generación, una ‘carga original’: Necesitamos fuerza física para tener hijos y esta suele declinar antes de nuestra madurez.

Hay que romper la cadena. De eso se trata el primer paso en este arte, sobreponerse a su niñez que a su vez arrastra las niñeces de múltiples generaciones atrás, dicen que cinco de donde sale la palabra requinto. Hay quienes se remontan tan atrás en la cadena que llegan a Dios y lo culpan por sus vidas y la existencia. Están peleados con la creación. El Arte de renacer está en Kindle y Amazon, bajo mi nombre.

Todo empieza y acaba en Dios. Para adelante o atrás, siempre se llega a Él. Todo el resto es tránsito de Dios a Dios. ¿Y qué es Dios? Para este efecto es la fuente de vida, verdad, amor y conciencia. El Renacer ni se enseña ni se estudia, se hace renaciendo, un arte práctico logrado por nosotros mismos.

Guillermo Descalzi, EL ARTE DE RENACER

www.amazon.com.

Periodista, escritor y filósofo peruano.

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