Guillermo Descalzi

Orlando, la explotación del terrorismo

Frente al Centro de Artes Escénicas Dr. Phillips, en un memorial improvisado a las víctimas de la matanza cometida en Orlando el domingo, Richie Compton (izq.) y Erik Winger rinden tributo a su amigo Shane Tomlinson, asesinado en el sangriento tiroteo.
Frente al Centro de Artes Escénicas Dr. Phillips, en un memorial improvisado a las víctimas de la matanza cometida en Orlando el domingo, Richie Compton (izq.) y Erik Winger rinden tributo a su amigo Shane Tomlinson, asesinado en el sangriento tiroteo. TNS

Es un momento de mucho dolor. Esta es la masacre colectiva más grande fuera del 9/11 en la historia americana. Obama: “Debemos decidir qué clase de país queremos ser. No hacer nada, eso es una decisión en sí”. Lo de Obama puede referirse no solo a las armas de asalto empleadas en estos atentados… ISIS también nos emplea a nosotros, periodistas y políticos como órganos de propaganda para su terror.

El general Michael Hayden, ex director de la Agencia de Seguridad nacional, advierte que la dramatización de los hechos sirve los intereses de ISIS… aunque hay que admitir que el evento en sí fue y sigue siendo dramático.

Somos cajas de resonancia en la guerra del califa, donde el terror rebota por tantos medios que pareciera venir de miles de lugares cuando en realidad sale de un solo desquiciado para unos cuantos locos y rabiosos en las calles del país, una explotación del Estado Islámico que se vale de nuestros candidatos, políticos y órganos de prensa con cada atentado que hacen para difundir su terror.

Trump inmediatamente el lunes usó su discurso sobre Orlando no solo para atacar a Clinton, también para implicar que el presidente simpatiza con ISIS: “We are led by a man… (that) has something else in mind” y “he doesn’t get it or get better than the rest…” El NY Post lo interpretó así: Quizás Obama simpatice con los terroristas. Son afirmaciones tan irresponsables que no requieren comentario.

ISIS sabe que vamos a cubrir los atentados coordinados, dirigidos o inspirados por ellos, es un horror, lo es, y los periodistas, medios, y candidatos necesitamos encontrar la manera de difundir lo que ocurre sin servir sus propósitos. El Estado Islámico nos explota.

Tomar acción es una cosa. Ser caja de resonancia para el terrorismo es otra, y eso es lo que hacemos cuando recogemos un hecho, por horrible que sea, y nos quedamos pegados en él. No es nuestra intención pero diseminamos su terror.

Trump quiere, dice, control “the borders now”, controlar ya nuestras fronteras. Implica cerrarle la entrada al país a la inmensa mayoría de musulmanes y… tiene grandes implicaciones para el indocumentado hispano que nada tiene que ver con esto.

En el país hay un promedio de mil asesinatos al mes con armas de fuego pero somos tan caja de resonancia del terror que, con todo el respeto que les debemos a las victimas, sus muertes suenan más por la circunstancia y porque, por feo parezca, es un producto colateral de nuestra ética profesional de cubrir todo, difundir todo, y la de nuestros políticos para aprovechar lo que sea.

Hillary en su discurso dijo que este no es el momento de hacer política. Su discurso se limitó a los hechos en la discoteca Pulse.

¿Qué debiésemos hacer? No lo sé, pero sé que debemos al menos evitar ser caja de resonancia del extremismo islámico. Es nuestra resonancia la que convierte un horror localizado en terrorismo generalizado, y no importa que sea por Alá, la Raza Blanca, los Homosexuales, el Comunismo, la Tierra Palestina o lo que sea, eso hacemos… y permitimos, damos volumen, ampliamos y extendemos su efecto. Debe haber maneras de exponer sin propagandizar, pero quizás sea imposible en un país que gira en torno a la libertad. Es la dicotomía de nuestra democracia.

Omar Mateen, autor de la masacre, tenía antecedentes por expresiones a favor y conexión con el extremismo islámico. Fue investigado por el FBI y aun así trabajaba con licencia para portar armas, lo que volverá a avivar la histeria en pro o contra del derecho a portarlas.

Trump quiere soltar los perros de la guerra sobre el Medio Oriente para acabar con ISIS y dentro de nuestro país en busca de terroristas.

Tenemos cuchillos en casa. Nadie habla de prohibir cuchillos. Nadie habla tampoco de prohibir pistolas y rifles de caza pero los fusiles automáticos, semiautomáticos y ametralladoras con cacerinas para cientos de balas no son cuchillos, son guillotinas y nadie necesita una guillotina en casa. Una de cada tres personas en el lugar murió o fue herida en los primeros dos o tres minutos con balas de guerra diseñadas no solo para penetrar, para causar el mayor daño posible creando un vacío que extrae tejido humano a su paso. ¿Para qué necesitamos eso? Nadie va a detener lo indetenible pero necesitamos un examen de conciencia.

El lugar del último ataque es un night club para gays y lesbianas. Debemos darnos cuenta del odio al homosexualismo, más aún cuando se mezcla con el extremismo religioso, islámico o de cualquier tinta. En esto también necesitamos un examen de conciencia personal, todos y cada uno de nosotros.

Un último punto: Estamos en una cadena de nunca acabar. ‘Ellos’ los terroristas nos golpean, nosotros les devolvemos el golpe, ellos nos responden, nosotros devolvemos la respuesta. Hay que cubrir y denunciar sin propagar y propagandizar aún así sea un efecto colateral de nuestra ética profesional, algo muy difícil de lograr.

El atentado en Orlando volverá a enfrentarnos con acusaciones mutuas. Hay que respetar a los muertos, que nadie los use antes de tan siquiera enterrados. Debe haber un punto de balance, pero… donde, ¿donde está?. No nos prestemos a la explotación de ISIS. Más acción, menos palabras.

Periodista, escritor y filósofo peruano.

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