Guillermo Descalzi

El silencio republicano

El presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, habla con los reporteros el 16 de junio en Washington. Ryan se refirió a las palabras del candidato Donald Trump, que mandó a callar a los líderes republicanos que lo han criticado.
El presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, habla con los reporteros el 16 de junio en Washington. Ryan se refirió a las palabras del candidato Donald Trump, que mandó a callar a los líderes republicanos que lo han criticado. Getty Images

Esta se les presenta como una elección de noche negra donde el silencio abruma. BE QUIET, be quiet! Trump no solo no escucha a los líderes del partido sino que los manda callar y los emplaza: We have to have our Republicans either stick together or let me… by myself. Pliéguense o déjenme solo: Así dice a quienes le piden moderación y decoro.

El partido enfrenta una decisión imposible que paraliza su acción. Las declaraciones absurdas, tronadas, carentes de verdad, las exageraciones del presunto nominado tienen a sus senadores y representantes evadiendo la prensa. Parecen inclinarse por dos caminos, aceptar el silencio que pide mientras ellos siguen por donde van.

La fascinación con Trump no es por virtud, es por apelación al morbo, y funciona. La cobertura y comentarios de prensa le dan más tiempo a él que a Hillary.

Hay miedo en el partido. Arriesga perder el Senado y la Cámara si se pega al trueno de Trump con el silencio que quiere. Quizás sea tarde para evitarlo pero si se van por otro lado al menos conservará su honor, eso se dice. En todo caso, con silencio o sin él, parece decidido el paso doble.

Quizás la ‘cuestión’ Trump se defina en el comité de reglas. Hay varias docenas de delegados pidiendo libertad para votar como quieran en primera ronda. Reince Priebus, muy diplomático, con la habilidad de un jugador de póker para mantener su mano oculta, colocó a Enid Greene Mickelsen, aliada de Romney, como presidenta del comité. La mano empieza a jugarse. Va a ser una convención de disturbios. La imposibilidad se acerca al partido.

Paul Ryan, speaker de la Cámara, ha aceptado la separación “let me… by myself” que pide su presunto nominado. Dice: “We will lose our freedoms… if we don’t robustly defend the separation of powers”, perderemos nuestra libertad si no defendemos la separación de poderes. Sí, allí está el paso doble, esa es su respuesta.

Ryan acepta lo inevitable, la disociación en esta elección. Deja a los suyos en libertad para seguir su conciencia y no necesariamente la línea partidaria. Otra perla del speaker: “I have no plans now to walk back my endorsement”, no tiene planes por ahora de retirarle su respaldo.

Trump es capaz de sorpresas y tras la masacre de Orlando va contra la fibra del NRA, la National Rifle Association.

El liderazgo republicano se lió con la ultraderecha blanca obrera y de clase media sufrida y empobrecida y no sabe qué hacer para deshacerse de ese lío. Trump navega en él y es capaz de hacerlo incluso contra la corriente de la venta de armas a quienes están en el ‘no fly list’, los que no pueden volar. Nadie le va a negar pantalones, el problema es que no hay un derecho constitucional a volar. Sí hay, en cambio, derecho constitucional a portar armas, the right to bear arms.

Es un problema de definición. Arma viene de armadura. La armadura es defensiva. Una bomba no es para defenderse, no es una armadura, es weapon, no arm, y la segunda enmienda dice arms. ¿Cuándo deja un arma de ser arma? ¿Cuándo se vuelve “weapon”? ¿Será cuándo se pasa de rifle a ametralladora? No es un problema constitucional, es un problema de definición legal… y pantalones.

La convención republicana empieza en unas cuatro semanas, el 18 de julio. Cuatro semanas no son nada pero en este caso son demasiadas para los republicanos. No saben qué más pueda hacer o decir su candidato.

La cena está servida, solo falta sentarse a la mesa. ¿Se tirarán la comida, habrá un ‘food fight’ en la convención? Así parece.

Los candidatos ya están en busca de posibles vicepresidentes. Hillary tiene una plétora de ellos. Con Trump será al revés. Necesita encontrar un candidato de fuerza que acepte ser su compañero de fórmula.

El dilema del partido es el de la cabeza y los pies: Ambos reclaman el cuerpo. Sin mí, dice la cabeza, no ve dónde va. Sin nosotros, dicen los pies, no va donde ve. Así está, con jefes que no van y bases que no ven. Trump lo tiene colgado de los pies y lo más grosero es la manera como lo hace. !Be quiet! Manda sus cabezas a callar y el temor de su silencio lo dice todo, temor por ellos, por el partido, por Trump, por la justicia del proceso, temor por cualquier razón pero temor al fin y al cabo.

Periodista, escritor y filósofo peruano.

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