Guillermo Descalzi

GUILLERMO DESCALZI: Obama y Netanyahu: tácticas paralelas

‘Táctica’ está relacionada a ‘tacto’, a ‘sentir’ una situación. Las tácticas de Obama y Netanyahu en el Medio Oriente parecieran a veces de muy poco tacto, como que no hubieran palpado la realidad adecuadamente. Obama no quiere tropa americana combatiendo en Siria e Irak. Quiere entrenar ‘nuevos’ sirios e iraquíes para combatir y unir a sirios e iraquíes ‘sectarios’. Lo que no dice es que allí no hay gente sin afiliación o reclamo sectario-denominacional. Son sunitas, chiitas, wahabitas y más peleando con Isis, Al Qaeda, Assad, Irán, nosotros, unos con otros y todos contra todos. Nuestros inexistentes-futuros-nuevos-entrenados para ser nuestros necesitarían el espíritu de nuestra libertad, visión del mundo y realidad. De lo contrario seguirán siendo, pese a todo, sectarios. Así es el actual ejército iraquí.

Queremos entrenar fuerzas ‘a la nuestra’ en patrias de otros. Podremos entrenarlas pero allí siempre serán fuerzas islámicas. También hay gente tratando de domar y entrenar a la Casa Blanca para que actúe a su manera, Boehner y Netanyahu específicamente. Sobre eso, vaya pretensión.

Hay algo que parecemos no entender, y es que no necesitamos ‘controlarlos’ para comprar su petróleo. No es derrotismo. Es realismo. No podemos crear en ellos el espíritu de sociedades a la nuestra cuando el de su gente es otro.

Del 2002 al 2015 en el país hubo 28 muertes por terrorismo islámico. ¿Salvar vidas? Sí, pero salvémonos también de situaciones tan o más fatídicas que las del Medio Oriente. En los mismos años aquí murieron 1,453,535 por alcohol y 309,535 por armas de fuego. Unos 22 veteranos se suicidan diariamente y 120 americanos mueren cada día por sobredosis.

El terrorismo islámico es horrible pero hay que dejar la histeria de lado. El ‘gran’ enfrentamiento entre ellos y nosotros, con énfasis en gran, no es muy real porque ni ellos son grandes aquí ni nosotros, con esta táctica de ‘entrenarlos’, tendremos grandeza suficiente para ‘ganar’ allá. Que entierren a sus muertos, peleen entre ellos, se dividan, hagan lo que necesiten o tengan que hacer en Irak y Siria, nuestra intervención tal y como es, es errada. Nadie puede resolver las disputas de otros, y menos cuando se quiere ‘cambiarlos’ con gran esfuerzo nuestro y poco ánimo de ellos porque para ellos estas guerras son religiosas y nosotros no somos de su fe. Mientras más rápido entendamos que pelean por diferencias islámicas, mejor.

Recuerdo un comercial de mi niñez: “Tarde o temprano su radio será un Philips”. Pues en el Medio Oriente todo “tarde o temprano es y será islámico”. Ese es nuestro problema en Arabia Saudita, nuestro principal aliado árabe, un cascarón empollando quién sabe qué. Su nuevo rey Salman tiene lazos particularmente estrechos con los líderes wahabitas. El wahabismo, una facción sunita fundamentalista islámica, particularmente estricta, domina Arabia y es considerada por muchos como la fuente del terrorismo islámico, lo que nos lleva a preguntar por qué la Casa Blanca quiere separar los términos terrorismo e islámico.

La Casa Blanca quiere saltar sobre el contexto religioso de estas guerras evitando referirse a nuestros ‘oponentes’ como islámicos pero no importa como los describamos, estamos metidos en una guerra religiosa que se remonta al siglo VII. Es más, atizando las brazas está la amistad incontrovertible de nuestro único aliado verdadero allí, Israel. Los extremistas islámicos no van a olvidarlo. Israel es nuestra línea en la arena y eso no debe cambiar. Todos necesitan saber que cualquier acción contra el estado judío será una acción contra nosotros mismos.

Tampoco debe cambiar nuestra determinación por evitar la bomba atómica de Irán. Cualquier arma atómica en cualquier lugar es de nuestra incumbencia, pero la manera de evitarla en Irán es que desee evitarlas. No se hace con guerra, se hace con diplomacia, zanahoria y palo como intenta Obama. Por último, como corolario a esto, hablemos de la próxima ‘visita’ de Bibi Netanyahu, invitado por Boehner para domar y entrenar a Obama ante un Congreso en pos de lo mismo. Ambos están equivocados si creen que harán que la Casa Blanca pase por los aritos de sus deseos para ‘neutralizar’ Irán. Igual que tenemos que respetar, también nos tienen que respetar y olvidarse de eso de predicar, domar o entrenar la Casa Blanca.

La invitación a Netanyahu a dirigirse al congreso sobre temas de nuestra política exterior es errada. El espíritu de esa invitación es inconstitucional porque nuestra carta adjudica la política exterior al poder ejecutivo, no al legislativo, y menos a presidentes, reyes o premieres extranjeros que lleguen a torcernos la mano metiéndose, por más ‘invitados’ que sean, en la política americana. Eso tiene tantas posibilidades de éxito como nuestro querer entrenar a sirios e iraquíes para salvar a Siria e Irak de sí mismos. Dejemos de manipularlos y que Boehner y Netanyahu dejen de manipular a Obama.

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