Guillermo Descalzi

La vida en fuga

Hay un tiempo para todo, para amar, amanecer, equivocarse, dar. Hay tiempo incluso para fugas, ‘des-tiempos’, momentos borrados.

Viví una vida de impaciencia. Quería ‘esto’ y que ‘eso’ se acabe ya. Olvidaba el momento presente o quizás no sabía o quería verlo. Era impaciente. Algunos –la mayoría, todos– en algún momento buscamos fugas de nuestra impaciencia, de nuestra falta de paz.

Hay una paz etérea, indefinible, teórica, que no existe. Hay otra, concreta, real, momentánea. Esa es toda la paz que hay, la del momento, y con ella se construyen cadenas de paz. A mí me fue difícil, anduve con eslabones perdidos. Es así para todos, unos más, otros menos.

¿Qué pasó con Lochte, el nadador olímpico en la gasolinera de Río? Que estuvo fugado en esos momentos, no estuvo totalmente en ellos. Estaba también en algún rollo de alguna película suya.

Abandonamos el momento por desconocer su valor divino. Abandonamos nuestro tesoro, lo cambiamos por lentejas de… ¿inclusión, intensidad, emoción, placer?

Evitar las fugas, abandonos del momento, no es rechazar la imaginación, es no ausentarnos de nosotros. Los momentos abandonados total o parcialmente se llenan de ficciones, son fingidos, y son más comunes de lo que se cree. Se dan en la mesa con los suegros, en el cine con el novio o novia, fingiendo, pretendiendo sin darnos cuenta.

No fingir es más fácil dicho que hecho. ¿En qué ficción andaría ese joven en la gasolinera de Río? En alguna ficción de piratas del Caribe o campeón de natación, en alguna ficción suya.

Nuestras ficciones forman escenas en una serie que montamos desde el inicio, y no es fácil ‘volver’, salir de ellas a la realidad. ¿Qué es real?

¿Cuál fue la última vez que amamos, cuál la última que fingimos amor sin darnos cuenta? Así como fingimos, también nuestras ficciones nos fingen y desvanecen, nos ‘evaporan’. Leí este titular: Droga en casa de Prince era 50 veces más poderosa que la heroína. Se evaporó, se fue por los poros. Para ‘volver’ necesitamos identificar el tema de nuestra ficción, y todos tenemos uno.

La realidad da peso, lastre, estabiliza. Hay estabilidad incluso en el placer y el dolor si no son fingidos.

Luego está el ‘pegarse’ en la fuga, a algún producto, sensación, situación, persona, placer, imagen, euforia que atrapan porque estamos pegados.

Todo pegamento tiene el momento en que termina su efecto, y no es hasta que termina que podemos despegarnos de él. Bebemos en demasía y quedamos bebidos, nos hemos aprisionado por x tiempo.

Vamos a una gasolinera, nos sentimos poderosos y hacemos desmanes. ¿Por qué? A- Porque nos hemos fugado, estamos en el rollo de una película, una imagen, una ficción. B- Porque estamos pegados.

Algo así ocurre, más o menos melodramático, siempre que estemos pegados a una ficción con cualquier cosa que usemos para nuestro escape, con énfasis en cualquier porque es una cualquiera, es lo más triste.

No nos daremos cuenta pero todos dejamos de vivir en nuestros momentos de fuga, unos por algún tiempo, otros por mucho y algunos hasta el fin de lo que creen que ser sus vidas y son ficciones. Las fugas, ficciones, los sueños de irrealidad no son exclusividad de nadie.

Sueña el rey que es rey, y vive/ con este engaño mandando,/ disponiendo y gobernando;/

Sueña el rico en su riqueza,/ que más cuidados le ofrece;/ sueña el pobre que padece/ su miseria y su pobreza;/ y en el mundo, en conclusión,/ todos sueñan lo que son,/ aunque ninguno lo entiende (Calderón de la Barca, Extractos del Soliloquio de Segismundo).

Pies en el suelo, cabeza en el cielo, soñar sin fingir o ser fingidos, eso es vivir.

Periodista, escritor y filósofo peruano.

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