Helen Aguirre Ferré

HELEN AGUIRRE FERRÉ: Los empleos y la educación

Muchas personas están buscando trabajo al tiempo que muchas empresas no encuentran candidatos calificados para cubrir las vacantes. Algo anda mal. Muchos sugieren que no es más que una creciente evidencia de la “falta de habilidades” en el mercado laboral, mientras otros afirman que es una exageración. ¿Existe realmente una carencia de habilidades? Sí, pero es un asunto complicado.

Los negocios señalarán que la culpa la tiene un sistema educacional fallido, y que a pesar de los esfuerzos por mejorarlo, los estudiantes norteamericanos siguen teniendo bajos rendimientos en comparación con los de otros países. También los padres con habilidades limitadas encuentran que son sustituidos por la tecnología.

Hasta hace poco tiempo Estados Unidos se beneficiaba de una economía industrial que brindaba oportunidades de empleo a personas con todo tipo de habilidades. Un graduado de secundaria podía conseguir un empleo que, junto a su esfuerzo y a sus ahorros, le permitía vivir holgadamente. Sin embargo, los avances en la tecnología y la globalización han cambiado todo. Hoy, la necesidad de trabajos sin capacitación es cada vez menor y los empleos que existen son trabajos de salario mínimo con oportunidades limitadas de crecimiento.

Hay una gran demanda de técnicos, maquinistas y trabajadores del cuidado de la salud, pero las industrias son más sofisticadas; se exige alguna educación universitaria, aunque no necesariamente un título. Las oportunidades de empleo para estos trabajadores con “habilidades medias” están aumentando pero el reto consiste en lograr que la fuerza laboral entienda qué habilidades hacen falta para los empleos disponibles.

Lo que muchas comunidades encuentran es que no solamente la falta de habilidades está aumentando, sino también la brecha en la información. Miles de estudiantes asisten a universidades todos los años sin saber dónde están las oportunidades de empleo; no saben qué estudiar para satisfacer las necesidades de los negocios. La comunidad empresarial también es responsable por esta desconexión.

Con demasiada frecuencia, las empresas culpan al sistema educacional porque los solicitantes de empleo no pueden hacer una simple operación matemática o por carecer de habilidades básicas de comunicación. Es cierto que no todas las escuelas son iguales y que todavía hay mucho que hacer en la educación. Sin embargo, los dueños de negocios buscan no sólo personas con habilidades avanzadas, sino igualmente solicitantes que tengan experiencia laboral. Lo cierto es que muchos no están buscando graduados universitarios recientes.

La falta de habilidades también tiene que ver con otros problemas como el empleo estructural, donde los trabajos perdidos en un sector de la economía podrían perderse para siempre mientras otros crecen a tanta rapidez que resulta difícil mantener el ritmo.

Las economías exitosas ven una sinergia entre negocio, industria y educación que trabajan juntos hacia el éxito económico y social. Comparten información para ayudar a las instituciones educacionales a preparar un currículo apropiado que enseñe las habilidades que hacen falta para los empleos disponibles. Algunos son programas de desarrollo de la fuerza laboral que se hallan en universidades comunitarias. Pero sin enfocarse y sin tener una capacitación efectiva, es difícil que las comunidades tengan éxito. De modo que los negocios tienen que enfrentar el desafío.

Para los empleados actuales, los negocios podrían brindar oportunidades de carrera y llevar a cabo programas educacionales que impulsen estos objetivos. Algunas compañías ya cuentan con sus propios programas educacionales que respaldan y capacitan a sus empleados para resolver sus necesidades empresariales.

Por otra parte, las compañías tienen que ampliar los internados y el aprendizaje; no hay nada que sustituya la experiencia y el entrenamiento del trabajo real. Las compañías no quieren gastar recursos y esperan que sean las escuelas las que se encarguen. Es un error. Una comunidad exitosa es una responsabilidad compartida. Peter H. Cappelli, profesor de Administración de la Escuela Wharton de la Universidad de Pennsylvania, estaría de acuerdo.

“Existen muchas razones importantes para estar preocupados por la educación, pero verla como un equivalente de habilidad es, sin duda, un error. Una de las desafortunadas consecuencias de utilizar la educación como el equivalente de la habilidad es que las escuelas, las que proveen la educación, se consideran el mecanismo para lidiar con los problemas de habilidades, lo que deja fuera la capacitación laboral y la experiencia”.

La economía del siglo XXI presenta serios retos y grandes oportunidades. Si aprendemos a trabajar como una comunidad unida que invierte estratégicamente en personas y programas que son importantes, la felicidad personal y la seguridad económica, sin duda, vendrán después.

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