Helen Aguirre Ferré

HELEN AGUIRRE PERRÉ: La victoria de Netanyahu

Según las encuestas, no se suponía que ocurriera pero pasó: Benjamín Netanyahu ganó un tercer término como primer ministro de Israel y cuarto por el Partido Likud. La desilusión de la Casa Blanca con los resultados de las elecciones no es ningún secreto: Netanyahu y Obama tienen una relación fría. El presidente Obama llegó al punto de romper el protocolo y no llamar inmediatamente al líder israelí para felicitarlo por su victoria. En su lugar, el portavoz de la Casa Blanca congratuló al pueblo israelí por participar en el proceso democrático mientras ignoraba al vencedor. ¿Cómo logró triunfar Bibi?

En un inicio, la economía y el alto costo de la vida le dieron una ventaja sobre su rival Isaac Herzog, del partido Unión Sionista. Sin embargo, fue la firme campaña de Netanyahu sobre temas de seguridad nacional lo que a la larga le allanó el camino a la victoria. Netanyahu incluso dio marcha atrás a su respaldo a un estado palestino independiente que se basa en las ideologías radicales que se propagan por el Oriente Medio. Los votantes consideraron que Herzog les hacía demasiadas concesiones a los palestinos bajo estas circunstancias, entre ellas la transferencia de tierras capturadas por Israel en la guerra de 1967, el este de Jerusalén y Gaza a un estado palestino.

El grupo terrorista Hamas, a todo fin práctico, domina Gaza.

Es una pena que Netanyahu le quitara el respaldo al Estado palestino. Es un reflejo de que el pueblo palestino ha sido uno de los grandes perdedores en la radicalización del Oriente Medio. Han sido los peones de su propio liderazgo corrupto así como de grupos terroristas. Ello, sin embargo, no fue el punto crucial de la campaña de Bibi, sino la amenaza que representan el EI e Irán, que buscan aniquilar al Estado judío. Netanyahu basó su campaña en la supervivencia de Israel y funcionó. Los israelíes pueden estar divididos en muchas cuestiones pero no en la política exterior.

Los votantes valoraron el viaje de Netanyahu a París en enero para marchar en solidaridad con los franceses tras el atentado terrorista contra los periodistas de la revista semanal Charlie Hebdo así como con las víctimas judías de un ataque terrorista en un mercado kosher, algo que no hizo Obama. El controversial discurso de Bibi ante las dos cámaras del Congreso hace unas semanas dejó bien en claro sus preocupaciones críticas con los términos que el presidente Obama supuestamente está negociando para limitar el programa nuclear de Irán. Todos deberíamos estar preocupados.

Al igual que el ex presidente Jimmy Carter, Obama cree erróneamente que puede amansar a ideologías radicales y a extremistas religiosos con estrategias que alientan la prosperidad, el respeto y las restricciones, como si todos los gobiernos compartieran los mismos valores fundamentales. Pero no los comparten. El análisis costo/beneficio de los regímenes radicales es diferente al de los pragmáticos pensadores occidentales. Es difícil concebir al ayatola convirtiéndose en un buen ciudadano internacional pero esto es con lo que cuenta Obama. Pero no es tan sencillo.

Irán está decidido a convertirse en una potencia nuclear y el gobierno de Obama podría estar dispuesto a confiar más de lo que debe. Diversos reportes indican que a Irán se le permitiría miles de centrífugas y las restricciones en su programa nuclear quedarían eliminadas en una década. Irán insiste que necesita enriquecer uranio y reprocesar plutonio para un uso pacífico de la energía nuclear, algo que no es habitual en los países pacíficos que dependen de la energía nuclear: la importan. La única razón por la que Irán insiste es por propósitos militares.

Monitorear e inspeccionar los programas nucleares, lo que exigiría un acuerdo internacional, dependería de que el régimen iraní esté dispuesto a ser transparente. No sería una sorpresa si un mal acuerdo con Irán conduzca después a la proliferación de armas nucleares por todo el Oriente Medio. ¿Quién quiere eso?

Estados Unidos, acompañado por los cinco países que integran el Consejo de Seguridad de la ONU además de Alemania, están apresurándose para establecer las bases de un acuerdo con Irán para la fecha límite del 31 de marzo. Todo esto un año después que estos mismos países no hicieron nada para proteger a Ucrania contra la anexión ilegal de Vladimir Putin de la península de Crimea.

Un Oriente Medio estable necesita que Israel y Estados Unidos sigan siendo fuertes y comprometidos. A Obama tal vez no le agrade Bibi, pero el compromiso de EEUU no es con Netanyahu sino con el Estado de Israel. Las elecciones israelíes muestran una falta de confianza en la Casa Blanca de Obama.

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