Helen Aguirre Ferré

¿Armas en las universidades?

Cómo podemos hacer que los recintos universitarios y colleges estén más seguros? Esto es precisamente lo que los legisladores de Tallahassee están tratando de determinar, sobre todo después de un tiroteo que tuvo lugar en noviembre del año pasado en la Biblioteca Strozier de la Universidad Estatal de la Florida (FSU) que dejó gravemente heridos a dos estudiantes y a un empleado. En febrero, tres personas resultaron heridas en la Universidad Bethune-Cookman en Daytona Beach. La seguridad de las escuelas es importante pero la legislación que se ha propuesto no es la respuesta.

La Florida es uno de 20 estados que prohíben armas de fuego en recintos universitarios; esto podría cambiar. Los legisladores de Tallahassee están debatiendo si se debe permitir que adultos, de 20 años en adelante, que tienen permiso para portar armas ocultas, lleven sus armas en las escuelas de la Florida. Esto podría incluir guardar las armas en los dormitorios.

Los proponentes de los proyectos de ley, que cuentan con el respaldo de la Asociación Nacional del Rifle, argumentan esencialmente que los estudiantes armados pueden impedir una masacre antes que la policía pueda llegar al lugar de los hechos. La Segunda Enmienda permite a los ciudadanos protegerse de un peligro. Los detractores de la medida dirán que la proliferación de armas no hará más que aumentar el peligro en las escuelas en un estado donde las armas matan con demasiada frecuencia. Ambos argumentos tienen razón y están equivocados; ambas partes son culpables de predecir circunstancias y es imposible saber los resultados de antemano. Es un tema complejo.

Los proponentes de la legislación tienen razón cuando dicen que las armas no son las que matan, sino quienes las usan. Aunque las armas se usan a veces con fines malignos, muchas otras se utilizan para deporte y seguridad. Hay casi 1.3 millones de floridanos con permisos para portar armas ocultas; la mayoría son ciudadanos responsables que cumplen con las leyes. Gente armada y perturbada, mayormente hombres, tienden a buscar víctimas desarmadas y desprevenidas. Quizás si hubiera más personas armadas, entre ellas estudiantes y profesores, podrían salvarse más vidas. De igual modo, es cierto que los que perpetran masacres pueden ser detenidos por una bala, como fue el caso del asaltante en FSU que fue ultimado por agentes de la policía.

Los que se oponen a la legislación argumentan que el país está envuelto en una cultura de armas y violencia que engendra ilegalidad. Las universidades deben ser sitios para aprender, no campamentos armados. Los recintos universitarios y colleges suelen ser lugares informales que se comparten. Los estudiantes con armas, ya sea en sus mochilas o dormitorios, se verían muy presionados para que sus armas no sean un peligro. Es igualmente cierto que la universidad es un sitio a la vez estimulante y estresante, y que se presta poca atención a las necesidades mentales. Los adultos jóvenes que viven por primera vez la experiencia de estar lejos de la casa se exponen a muchos retos educacionales y sociales. La proliferación del consumo de alcohol y drogas es mayor.

¿Acaso permitir a los estudiantes, a los miembros de la facultad y a los administradores que lleven armas ocultas a las escuelas dará una mayor seguridad? Si la respuesta es afirmativa, el problema se resolvería. La razón y la experiencia, sin embargo, no dicen lo mismo.

La violencia con armas en las universidades es perpetrada por personas emocionalmente perturbadas a quienes no les importa la Segunda Enmienda. La mayoría planea el ataque y busca atrapar desprevenidas a sus víctimas. Quizás alguien con un permiso para portar armas ocultas pueda intervenir, pero ¿está entrenado para responder a un ataque sorpresivo? Es posible, aunque no muy probable. ¿Pueden los estudiantes asegurar que sus armas estén resguardadas en un dormitorio o una mochila? De nuevo, esto sería difícil ya que los recintos universitarios son compartidos por muchos. Esto es particularmente importante si se considera que el suicidio es la segunda causa de muerte en las universidades.

Suponiendo que un estudiante, profesor o administrador legalmente armado se enfrenta a un agresor, ¿cómo puede determinar la policía que llega al lugar quién es el bueno y quién es el malo? No se trata de un argumento contra la Segunda Enmienda, que debe ser respetada, sino que el problema no es nada simple.

Si la Florida aprueba esta medida, se convertiría en el octavo estado que permite armas en recintos universitarios, junto a Colorado, Utah, Idaho, Kansas, Mississippi, Oregon y Wisconsin. En el informe sobre delitos del FBI, Utah y Idaho quedaron entre los estados menos violentos, ocupando los puestos 45 y 44, respectivamente, mientras la Florida tiene el octavo lugar en delitos violentos en todo el país. El problema de la violencia armada no es algo tan predominante en las universidades como en nuestras calles. Es justamente allí donde nuestros hijos corren el mayor peligro.

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