Helen Aguirre Ferré

Una batalla reñida en la Florida

Los logros importan. Independientemente de quién termine en la Casa Blanca, los logros deberán decidir quién gana. El esfuerzo es formidable, pero ¿basta realmente para ser el líder del Mundo Libre? Lo cierto es que no mucho.

Los republicanos de la Florida querrán analizar esto cuidadosamente mientras sus dos hijos quizás más famosos, Marco Rubio y Jeb Bush, se enfrentan por la nominación del partido para presidente (podemos dar por sentado que Jeb aspirará: de modo que ya pueden ir apostando). Las grandes ideas pueden sonar como logros pero no tienen el importante componente de la implementación. Se hablará mucho sobre la batalla financiera y sobre cuál de los dos candidatos republicanos obtendrá el respaldo monetario de la Florida pero al final todo se reducirá a quién obtuvo más logros como funcionario público en el estado o, por lo menos, debería ser así.

En años de experiencia, tanto Marco como Jeb tienen bastantes. Marco ha sido un funcionario público toda su vida. Comenzó como comisionado por West Miami, luego ocupó el cargo de representante estatal y después fue presidente de la Cámara de la Florida. Su capacidad para dirigir el partido y negociar con los demócratas se ha pulido mucho en Tallahassee. Hasta ahora, esto le ha servido bien en su primer término en el Senado. En esta categoría, sin embargo, la ventaja está del lado de Bush.

Jeb tiene muchos logros como gobernador. A pesar de los ocho huracanes que pasaron por la península en muy pocos años, Jeb dejó a la Florida en muy buena forma. Puede atribuirse el mérito de bajar los impuestos en $19,000 millones, ahorrar $9,000 millones en un “fondo de emergencia”, firmar la Ley para la Restauración de los Everglades, crear incentivos para atraer empleos biotecnológicos con énfasis en investigaciones en las universidades, reducir el tamaño del gobierno en un 6% y dejar al estado con la más alta calificación de bonos posible. Además, Bush transformó la educación, de modo que los niños no pasaran por las escuelas como ganado, a través de una promoción social en la cual los estudiantes pasaban al siguiente grado por la edad y no por sus resultados. Convirtió el rendimiento en la piedra angular de la educación como una forma mejor de enfrentarse a la vida con la dignidad y la promesa para el futuro que la juventud se merece. Se trata de una magnífica lista de logros.

Aunque el cargo de presidente de la Cámara en Tallahassee es muy importante, así como también lo es ganar un escaño en el Senado, hasta ahora son pocos los logros de Marco como líder. La mayoría sólo podría señalar uno que obtuvo como senador, que es la ambiciosa reforma de inmigración que, sin embargo, es una propuesta que ya no respalda. Rubio recibió una avalancha de ataques del Tea Party y pestañeó. Es algo desafortunado; podría haber sido un campeón. En cambio, Jeb, su mentor, ha sabido campear con decisión la tormenta del Tea Party cuando criticaron su posición en los estándares Common Core para la educación. Los ataques del Tea Party y de los demócratas lo seguirán de seguro en su campaña. De nuevo, la ventaja es para Bush.

Dentro de poco, la nación verá a Miami como un cuadrilátero de boxeo —aunque uno de moda— ya que se cree que ambos candidatos podrían escoger a la ciudad como sede central de su campaña o por lo menos como un centro muy importante. La Florida entera se verá afectada por la contienda, y las amistades y lealtades se someterán a prueba más que en muchas campañas en el pasado. A quienes les gusta Jeb por lo general también les gusta Marco. Los republicanos no quieren verse en la disyuntiva de decidir por uno de los dos y, sin embargo, ya muchos han escogido a su favorito. A pocos se les permitirá quedarse en la cerca.

¿Podrán los republicanos de la Florida sobrevivir la batalla entre hermanos o entre el mentor y el alumno? Por supuesto, aunque habrá muchos bolsillos vacíos cuando hayan terminado las primarias. Jeb ha prometido no menospreciar a Marco y es muy probable que el equipo de Rubio haga lo mismo con su rival.

Por todo el país los republicanos y demócratas se preguntan a cuál de los dos quiere la Florida como candidato republicano. De cualquier modo, será un gran espectáculo político. En el mejor de los casos, saldría a relucir el hecho de que tenemos mucho talento en la Florida. Si Marco y Jeb llevan a cabo sus campañas de forma inteligente y cuidadosa, como posiblemente hagan, la Florida saltará al ruedo con fuerza.

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