Helen Aguirre Ferré

HELEN AGUIRRE FERRE: Los republicanos y la reforma de inmigración

La líder demócrata de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, habla en un evento con activistas de la reforma de inmigración en el Capitolio de Washington. Pelosi le pidió al presidente de la Cámara, John Boehner, que busque un acuerdo bipartidista sobre la reforma.
La líder demócrata de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, habla en un evento con activistas de la reforma de inmigración en el Capitolio de Washington. Pelosi le pidió al presidente de la Cámara, John Boehner, que busque un acuerdo bipartidista sobre la reforma. Getty Images

Usar a niños para acosar a políticos no cambia ni los sentimientos ni los votos en el Congreso, pero eso es precisamente lo que algunos grupos están haciendo, en un intento por conseguir que los republicanos aprueben la reforma de inmigración con una vía hacia la ciudadanía.

Soñadores y niños han interrumpido almuerzos privados, han invadido las casas y las oficinas de legisladores y hasta han interpretado una sátira en la que al presidente de la Cámara de Representantes, John Boehner, lo presentan como al Grinch que se robó la Navidad. Curiosamente, algunos de los objetivos, como Boehner, Eric Cantor y Mario Diaz Balart, apoyan la reforma de inmigración. Ellos no son el enemigo. En vez de acosarlos, deberían darles apoyo político en caso de que el Tea Party respalde a un retador contra ellos. Los del Tea Party suponen que la reforma de inmigración y la amnistía son la misma cosa. No lo son.

Vivir ilegalmente en los Estados Unidos es un delito civil, no criminal. Casi todo el mundo está de acuerdo en que hay que ganarse la legalización. Aunque es la parte más controversial del proyecto de ley, no se puede ignorar. No resolver un problema tan obvio desacreditó la campaña del gobernador Mitt Romney entre los votantes hispanos, que en cambio le dieron a Obama un apoyo abrumador.

Qué diferencia hace un año. Hoy esos mismos hispanos están desilusionados con el presidente Obama debido en parte a la Ley de Cuidado de la Salud Asequible (ACA) y su dependencia en los adultos jóvenes para inscribirse en el programa. Los hispanos son un grupo demográfico muy joven, con un promedio de edad de 27 años. Muchos no están contentos con tener que pagar el costo de la atención médica para las personas que llegan a la vejez.

Pero los hispanos también recuerdan la promesa que hizo el presidente Obama en la campaña del 2008 de que si lo reelegían, aprobaría la reforma de inmigración en su primer año en el cargo. Teniendo en cuenta los retos económicos que la nación afrontó con la recesión en su primer año en el gobierno, todo el mundo le dio al Presidente el beneficio de la duda, pero en su segundo año podría haber acometido la reforma. En vez de eso, Obama decidió usar su músculo político para aprobar la ley de reforma de la salud.

Entretanto, los líderes hispanos, muchos de ellos firmes partidarios de Obama, se mantuvieron en silencio. Los que hoy fustigan a los republicanos por estancar la reforma de inmigración estaban mudos cuando el Presidente incumplió su promesa a la comunidad. Si hubieran presionado al gobierno en ese momento, del mismo modo que ahora están exigiendo la reforma de inmigración, hoy estaríamos ocupándonos de otro asunto.

Para colmo, este gobierno supera a todos los otros en deportaciones. Se calcula que en enero esa cifra llegará a 2 millones. Quizá hasta el 55% de los deportados tenían antecedentes penales y merecían la expulsión, pero el resto estaba dando un aporte a nuestra economía. Ahora hasta los demócratas están cuestionando al gobierno por las deportaciones.

El congresista Luis Gutiérrez, de Illinois, está entre los 29 demócratas de la Cámara que han enviado una carta al Presidente exhortándolo a usar sus poderes ejecutivos para detener esas deportaciones, como hizo con los Soñadores, por lo menos hasta que el Congreso debata y vote sobre el tema. Hasta ahora, el Presidente ha eludido la petición. “Me he acostumbrado al trato brusco del Presidente”, me dijo Gutiérrez en una entrevista en radio Univisión América, “pero eso no me detiene a seguir luchando”. También es un firme partidario de Mario Diaz Balart en este tema, y señala que si se lo pidieran, haría campaña por él en Miami.

La reforma de inmigración tiene sentido económico. Nuestra población que llega a la vejez tiene necesidades crecientes; el Seguro Social y el Medicare requieren nuevas fuentes de financiamiento. Los inmigrantes suelen ser más jóvenes y las visas de trabajo temporales tanto para trabajadores manuales como de más nivel les vendrían bien. No todo el mundo desea la ciudadanía.

Los republicanos se pueden beneficiar de la reforma de inmigración si logran el consenso político desde adentro. Las encuestas muestran que los votantes apoyan ampliamente la reforma, lo cual será útil en las elecciones. En estados importantes con un elevado número de votantes hispanos como Colorado, Florida, Nuevo México y Nevada, podría ser decisivo para el GOP en las elecciones al Congreso del año próximo, por no mencionar el 2016.

Un gran obstáculo es que para algunos este no es un asunto apremiante, como me explicó el congresista Jeff Denham, de California. “No tenemos un cronograma, como tuvimos para el precipicio fiscal o para el presupuesto que nos obligue a sostener un debate pleno”. Pero para millones de personas es un asunto apremiante, sensible y profundamente personal que toca los corazones y la vida de la gente.

El Congreso tiene que tomar una decisión, y es claro cuál es el camino a seguir. Si Ronald Reagan estuviera vivo, tomaría esa ruta.

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