Helen Aguirre Ferré

HELEN AGUIRRE FERRE: Cosas que pueden hacer del 2014 un año espectacular

Esta es mi época favorita del año. Para mi familia, es la celebración de la Navidad, y una vez que nos deshacemos del estrés de la estación nos recogemos en reflexión silenciosa, dando las gracias por lo que tenemos mientras nos preparamos a brindar por un maravilloso Año Nuevo.

Algunas cosas harían realmente del 2014 un año espectacular. Por ejemplo, deberíamos seguir a líderes inspiradores que atraigan en lugar de atacar a la gente. El ambiente envenenado que rodea al gobierno a todos los niveles tiene que acabar, porque eso aumenta nuestra división política y disminuye la confianza en nuestra habilidad para enfrentar con éxito nuestras dificultades. Es muy fácil hablar de lo que estamos en contra, y culpar a otros de cualquier cosa, pero encontrar líderes que se responsabilicen por sus actos y nos muestren sus planes de negocios antes de hacerlos ley sería una bendición.

Tenemos que basarnos en nuestros puntos fuertes en vez de nuestros puntos débiles. Sabemos que el capital es cobarde. Cuando los tiempos son de incertidumbre, la fuga de capitales a los paraísos fiscales en el extranjero es bien conocida. Se calcula que $21 billones reposan en esos paraísos fiscales, lejos de las manos de líderes populistas que tienden a querer repartir la fortuna de otros en lugar de ayudar a potros a crear su propia fortuna.

El economista y ejecutivo de negocios venezolano Tulio Rodríguez, presidente de Kores Corporation, insiste en que perdemos un gran potencial de inversiones esenciales debido a la incertidumbre política y fiscal de nuestros tiempos. “Si desarrollamos políticas sólidas, que den seguridad y estimulen este capital, no hay duda de que Estados Unidos se beneficiaría grandemente, y también los inversionistas en estos mercados recién estimulados”, me dijo. Pero eso no es todo. No parecemos entender plenamente la importancia de la globalización.

El ciudadano global de hoy nace en un país pero genera riquezas en muchos otros. De eso fue lo que escribió el difunto Steve Jobs en su biografía al describir un encuentro que un grupo de los empresarios de mayor éxito tuvo con el presidente Obama, en el cual el Presidente les preguntó qué podía hacerse para traer de regreso el tipo de empleos de manufactura que antes existían en Estados Unidos. “Nada”, respondió Jobs, “esos empleos nunca regresarán”. Hay una razón poderosa para ello, no podemos competir contra la mano de obra extremadamente barata que se oferta en el Asia, pero eso no significa que no podamos competir.

Si el ciudadano global del futuro es cada vez más uno que habla múltiples idiomas y está dispuesto a trabajar en diversos continentes, podemos hacer eso y mucho más. Si continuamos centrándonos en seguir a la cabeza de la creación y el desarrollo tecnológico, estaremos favoreciendo nuestros puntos fuertes. Si cambiamos algunas medidas regulativas que impiden el crecimiento, algunas fábricas podrán regresar al país, con el beneficio adicional de estar más cerca del mercado al cual sirven.

La globalización significa que las fronteras se harán más difíciles de definir. “Los conceptos de nación, fronteras e intereses pasarán a un nivel cuya definición será más complicada de lo que es ahora”, afirma Rodríguez. Eso significa, entre otras cosas, que la reforma de inmigración es esencial para la competitividad económica del país. La inmigración a Estados Unidos tiene una historia complicada, y mientras muchos de nosotros podemos documentar que nuestras familias llegaron aquí legalmente, muchos otros no podemos, y simplemente tenemos fe en que nuestros ancestros que no vinieron en el Mayflower tuvieran los papeles adecuados a su llegada. El hecho es que la inmigración es un modo de vida y un beneficio para la economía, pero tenemos que asumir un control adecuado de la misma para mejorar sus muchos beneficios.

Primero, tenemos que ocuparnos del hecho de que tenemos alrededor de doce millones de personas que viven y trabajan en la sombra. Tenemos que convertir en residentes a estas personas que son una parte integral de nuestra economía para que algún día puedan aspirar a la ciudadanía. A medida que sean sacadas a la luz, ellas prosperarán más y nuestras communidades se beneficiarán de su creciente éxito. Los “Dreamers” tienen que hacerse ciudadanos, ya que ellos comparten nuestro ADN estadounidense.

Los líderes inspiradores pueden conducirnos a un país con un respeto renovado por la Hermandad del Ser Humano en vez del Gran Hermano, a un país seguro de su lugar en el mundo, y uno que reconoce los derechos y responsabilidades del individuo. Así que hagamos un merecido brindis por el 2014, y que encontremos la fuerza y la sabiduría para hacer lo correcto por nuestras familias y nuestra comunidad, asegurando así que las bendiciones con que contamos hoy sean preservadas para que las disfruten en un futuro nuestros hijos y nietos.

 

 

  Comentarios