Helen Aguirre Ferré

HELEN AGUIRRE FERRE: Un nuevo escándalo en el IRS

Allá por los días más sombríos de Chicago, cuando las armas de fuego y los pandilleros establecieron su dominio por primera vez, Al Capone era el rey. Conocido por su carácter violento y por un sentido peculiar del juego limpio que era “o se hacen las cosas a mi manera, o no se hacen”, Capone fue responsable por el asesinato de docenas de personas, de las cuales quizás el caso más notorio fue la Masacre del Día de San Valentín en 1929, cuando siete miembros de la pandilla de su rival “Bugsy’’ Moran fueron asesinados mientras Capone estaba de vacaciones en Miami Beach. El pandillero se ganó el título de “Enemigo Público Número Uno” de Chicago. Acabó siendo condenado a la cárcel, pero no por asesinato. El golpe de gracia de las autoridades tuvo lugar por evasión de impuestos; donde la policía y el FBI no tuvieron éxito, el IRS triunfó.

El monumental caso de Al Capone dio al IRS una reputación temible por una rápida aplicación de la ley y el orden. Todavía se le teme en la actualidad, pero no porque tenga nada que ver con la ley del orden, sino porque se ha convertido en un arma de represalia política. Un hedor de escándalo y encubrimiento escapa de esta agencia que está siendo investigada por abuso de poder. Ha acabado estallando en un escándalo dentro de otro escándalo.

La acusación original en contra del IRS fue que estaba centrándose de modo indebido en organizaciones conservadoras que se establecieron con un estatus de exención de impuestos. El Congreso dio una citación judicial a Lois Lerner, en ese entonces directora de Organizaciones Exentas de Impuestos en el IRS, para comparecer ante una audiencia congresual especial cuando salió a relucir información de que ella había declarado en una reunión del Colegio de Abogados de Estados Unidos (ABA) que su departamento estaba investigando de hecho organizaciones identificadas con el movimiento Tea Party.

En la audiencia congresual, Lerner invocó la Quinta Enmienda como protección contra la autoincriminación. En la última semana, el Congreso se enteró de que el disco duro de la computadora de Lerner, el cual contenía importante evidencia de su correo electrónico del período del 2009 al 2011 se había roto y había sido derretido para reciclarlo. Qué conveniente para los representantes de la administración de Obama, comportarse de forma sospechosa y “verde” al mismo tiempo.

¿Dejaría el IRS de cobrar impuestos a un contribuyente porque un virus de computadora le borró información importante? Es poco probable.

En estos momentos hay seis investigaciones en curso del IRS: cuatro de comisiones congresuales, una del Departamento de Justicia y otra del Inspector General de Administración de Impuestos del Tesoro. Existen serias sospechas de abuso del gobierno tanto contra individuos como contra organizaciones. Pregúntenle a Adryana Boyne.

Boyne y su esposo estaban entre los fundadores de Voces, programa conservador de extensión educativa que suministraba copias de la Constitución, por ejemplo, a personas que estaban estudiando para el examen de la ciudadanía estadounidense en Texas. Ellos solicitaron estatus 501(c) de exención de impuestos en junio del 2009 y no recibieron respuesta hasta finales del 2010.

“Ellos me enviaron un cuestionario exhaustivo de 27 páginas que exigía la presentación de todos mis discursos, presentaciones, los nombres de todos mis amigos en el mundo de la política y el número de veces que nos reuníamos. Ellos querían detalles sobre las conversaciones personales que yo tenía con mis amigos”, explicó Boyne durante una entrevista en mi programa radial Zona Política en Univisión América.

Además, todo tenía que ser presentado en un plazo de dos semanas o la solicitud sería eliminada. Boyne retiró la solicitud con tal de no tener que hacer eso. “No tengo duda alguna de que esto tenía motivaciones políticas”, afirma Boyne.

Boyne y sus colegas de Voces estaban sufriendo represalias a causa de sus creencias políticas. No se puede llegar a otra conclusión tras examinar el caso, el cual no parece ser aislado. Esto establece un precedente peligroso.

Si la administración —a través del IRS— tiene problemas con los criterios actuales para asignar estatus de exención fiscal a organizaciones, deberían presentar el asunto ante el Congreso, nuestros funcionarios electos a cargo de establecer la política de impuestos en Estados Unidos. Empleados del gobierno afiliados a un partido específico no deberían jugar papel alguno en ese debate; ni tampoco deberían tratar de eludir investigaciones destinadas a averiguar la verdad.

Para muchos, pagar impuestos es un proceso doloroso, pero es algo que tiene que hacerse convencidos de que en última instancia cumple un buen propósito. Una vez esa buena fe es traicionada, todo empieza a desmoronarse. Por eso es tan importante que esta investigación se haga con toda la debida diligencia y la imparcialidad política posibles desde todos los ángulos para proteger la integridad de nuestras instituciones, y, lo que es más importante, nuestra fe en la gobernanza que, según indica una encuesta tras otra, está desapareciendo.

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