Helen Aguirre Ferré

HELEN AGUIRRE FERRE: Una triste distinción para la Florida

A la Florida le encanta ser el número uno, pero definitivamente no en esta categoría. La Florida está a la cabeza de la nación en cuanto a la cantidad de quejas por robo de identidad.

“El robo de identidad es el delito más generalizado en el sur de la Florida”, dijo el fiscal federal del Distrito Sur de la Florida, Wilfredo Ferrer, quien presentó el tema ante un panel de expertos en robo de identidad moderado por mí en el recinto Wolfson del Miami Dade College. Las observaciones de Ferrer están respaldadas por un estudio dado a conocer por la Liga Nacional de Consumidores (National Consumers League, NCL) y Javelin Strategy Research, el cual muestra que Miami es el “punto cero” del robo de seguridad cibernética, el cual incluye fraude de declaración de impuestos.

El estudio muestra que el impacto del robo de identidad en los consumidores es enorme. El 61 por ciento de los encuestados cuyos datos fueron robados resultaron víctimas de fraude. Para empeorar las cosas, casi la mitad —49 por ciento— no sabía cómo o cuándo sus datos resultaron robados. En Miami, el 31 por ciento de las víctimas de fraude dijeron que se había usado sus datos para hacer compras en internet, y el 39 por ciento dijeron que las compras se hicieron en persona. John Breyault, vicepresidente de Política Pública, Telecomunicaciones y Fraude de NCL, señaló que el robo cibernético tiene un dañino efecto de onda expansiva que afecta la confianza de los consumidores a todos los niveles.

Para los negocios, el daño de perder la confianza de los consumidores puede llevar a un enorme descenso en las ventas, como en el caso del gigante minorista Target, donde millones de las tarjetas de crédito e historial personal de sus clientes fueron robados. Aunque el fraude reportado en estos momentos es relativamente bajo, eso no quiere decir que el peligro haya desaparecido. Los ladrones podrían tomar años para vender los correos electrónicos, números de Seguridad Social, tarjetas de crédito y contraseñas en el mercado negro, pero la mayor parte del tiempo es allí donde acaba.

La parte incomprensible es que existe una lucha entre las corporaciones, las pequeñas compañías y la Legislatura estatal sobre cómo resolver el problema. Nadie sugiere que la solución sea fácil aun si todas las partes están de acuerdo, pero el nivel de desacuerdo es sorprendente. California está a la cabeza en cuanto a la resolución del problema, pero no sin resistencia.

Las leyes de California requieren que las compañías informen a sus clientes si su número de Seguridad Social, licencia de conducción, o los números de sus tarjetas de crédito o débito han sido robados. Además, California impone las penalidades más firmes y brinda asistencia a las víctimas del delito cibernético.

Aunque revelar el robo a las víctimas parece lo más lógico desde el punto de vista del consumidor, muchas compañías dudan en hacerlo por temor a la responsabilidad y al escándalo. No obstante, la víctima tiene el derecho de saber si una persona no autorizada ha tenido acceso a su información personal. Ocultar un problema, como tiende a hacer la mayoría de las compañías, solamente consigue exacerbarlo. Como es conocido que dice Jamie Dimon de JP Morgan, “Los problemas no se añejan bien”.

Lo difícil estriba en hacer que las reglas y regulaciones sean rentables para las compañías de todos los tamaños. Con sólo mirar el modo en que el aumento de las regulaciones bancarias ha abrumado y paralizado los bancos comunitarios, sabemos que en muchos casos el remedio puede ser tan temible como el problema. El costo del fraude a los consumidores y su prevención es exorbitante y acaba siendo pasado a los consumidores.

Igualmente importante es el impacto a los negocios pequeños. ¿Cómo pueden los negocios familiares, los cuales generan más oportunidades de empleo y sostienen la economía del sur de la Florida, protegerse mejor de un delito que parece indetenible? La información personal tiene que ser mejor protegida, y la detección temprana del problema es la mejor manera de minimizar el daño, pero no es el todo de la solución.

¿Es la seguridad cibernética una contradicción insoluble? La mayor parte del tiempo la respuesta es: “sí”. Los piratas cibernéticos son anónimos y pueden ser elusivos, ellos no necesitan equipos sofisticados para cometer el crimen; muchas bases de datos no se hallan tan bien protegidas como las compañías creen que lo están, y los piratas cibernéticos siempre están inventando maneras nuevas de darle la vuelta a la tecnología de protección más moderna. Algunos piratas cibernéticos son gobiernos extranjeros.

Todo esto significa que las compañías tendrán que hacer lo mismo una y otra vez: ponerse al día en cuanto a la tecnología más reciente de seguridad cibernética. Para compañías de todos los tamaños, el dinero que se gasta en la seguridad es parte del costo del negocio. Los consumidores están siendo alertados, en carne propia, de las realidades de la seguridad cibernética; las compañías y los gobiernos tienen que hacer lo mismo.

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