Helen Aguirre Ferré

Baltimore y el camino de la pobreza

El camino a la pobreza está lleno de gente y resulta muy difícil salir de él: un ejemplo de esto es la ciudad de Baltimore.

En un reciente artículo del New York Times donde se comparan los mejores 100 condados en el país se concluye que Baltimore es donde los niños tienen menos probabilidades de escapar de la pobreza. Es una conclusión asombrosa si se piensa en la enorme inversión hecha en los programas públicos de Baltimore. Desde que el presidente Lyndon Johnson creó los programas de la Guerra a la Pobreza, durante décadas hay dos cosas que han aumentado de forma exponencial en Baltimore: la pobreza y el número de funcionarios del gobierno.

El 35% de los niños de Baltimore viven por debajo de la definición de pobreza del gobierno federal. La tasa de desempleo para los jóvenes negros es de un alarmante 37%, o sea, dos veces más del promedio nacional para jóvenes negros. Si se piensa que las cifras oficiales de desempleo siguen mejorando, entonces algo anda mal en esta importante ciudad del este del país. Analicemos la educación. Los fondos son formidables, pero los resultados son pésimos.

Baltimore está detrás de Nueva York y Boston en financiamiento por estudiante, esto es, alrededor de $15,000 anuales y, sin embargo, el 55% de los estudiantes de cuarto grado tuvieron notas por debajo de la calificación básica en Lectura, y con el 54% de los estudiantes de octavo grado ocurrió otro tanto en Matemáticas. Estos números indican una generación perdida. También está el problema de la salud y de la calidad de la vida.

Hay una medida que lo dice todo: el promedio de vida en Baltimore es 10 años menor que el promedio nacional, según el Washington Post.

Hace 20 años, la Corporation Rouse quería invertir en Baltimore para ayudar. La idea era urbanizar alrededor de la Universidad Johns Hopkins, pero los líderes de la ciudad insistieron que lo mejor sería utilizar ese dinero en el oeste de Baltimore, lo que hicieron. Rouse invirtió $130 millones en Sandtown. ¿Qué ha quedado de esa inversión multimillonaria? Edificios destartalados llenos de ventanas rotas, viviendas tapiadas y calles infestadas de drogas. Hoy día, Sandtown es más conocida como la comunidad donde Freddie Gray fue arrestado y luego murió en manos de la policía.

Al principio, muchos supusieron erróneamente que se trataba de un caso de rampante racismo contra otro joven negro, pero no parece ser así. Baltimore tiene una alcaldesa negra y la mayoría del cuerpo policial está formada por minorías. De hecho, tres de los agentes de policía que fueron encausados por la muerte de Gray son negros. El problema de Baltimore no es el racismo sino la pobreza, las drogas y el delito, problemas que no han sido abordados de la forma apropiada.

Luchar contra la pobreza es difícil porque en parte tiene que ver con decisiones personales. Los niños que crecen en hogares con un solo padre, o en casas donde los padres están ausentes, tienen más posibilidades de ser pobres. Diversos estudios indican que muchos de estos niños con frecuencia pasan hambre, tienen dificultades en escuelas fallidas y viven en comunidades llenas de delitos. Sufren los disparates de programas del gobierno que deberían haber sido descartados hace mucho tiempo.

Esto no es realmente lo que el presidente Johnson tenía en mente con la lucha contra la pobreza. Johnson buscaba “no hacer al pobre más seguro en su pobreza”, sin embargo esto es una constante en las vidas de muchas personas. No es solamente culpa del gobierno federal: los funcionarios del estado de Maryland y de Baltimore tienen la mayor parte de la responsabilidad.

El gobierno de Baltimore responde a los problemas como si el mundo no hubiera cambiado desde 1964. Gústenos o no, la competencia global ha acabado con las fábricas en muchas ciudades y Baltimore ha hecho muy poco para adaptarse.

Lo cierto es que ese cambio fundamental viene de las familias y no de los funcionarios públicos. Hace falta que la comunidad se comprometa para adoptar el cambio. Los padres tienen que ser responsables a la hora de criar a sus hijos. Hace falta una reforma radical en la educación. Tienen que entrar en vigor incentivos económicos para empresarios y la reducción en reglas y regulaciones anticuadas que sofocan la innovación. Hoy las organizaciones que tienen éxito son las más pequeñas y más ágiles. ¿Acaso podemos decir eso del gobierno? Sólo en broma. En muchos sentidos, Baltimore es una ciudad fallida, pero no tiene por qué permanecer así.

Abraham Lincoln dijo una vez que si uno quiere predecir el futuro tiene que crearlo. Ha llegado la hora de que la comunidad de Baltimore lo haga, aunque sea en beneficio de los niños que aún esperando que la audacia de la esperanza se haga realidad.

  Comentarios