Helen Aguirre Ferré

HELEN AGUIRRE FERRÉ: Terroristas a las puertas

La semana pasada, el presidente de Irán, Hassan Rouhani, compareció ante las Naciones Unidas y expresó la preocupación de su país sobre la propagación del terrorismo por el mundo, palabras que fueron bien recibidas por muchos países, entre ellos Estados Unidos. No hay duda alguna que Estados Unidos necesita el apoyo de los países árabes para seguir con los ataques aéreos en Irak, por lo que tiene que hacerse el de la vista gorda ante la flagrante hipocresía de Irán. Sin embargo, EEUU y la mayor parte del mundo sabe o, por lo menos debería saber, que durante años Irán ha sido un participante activo en el terrorismo global y existen pruebas cada vez mayores de que ha creado una lucrativa red financiera en América Latina. La verdad es que no está solo: Hezbolá también está minando la región en busca de fondos y de reclutas en el propio traspatio de nuestro país.

La noticia para muchos norteamericanos es que esto sucede desde hace largos años.

Uno de los más notorios ataques terroristas en América del Sur tuvo lugar en Buenos Aires en 1992, cuando una bomba que estalló en la embajada israelí dejó 29 muertos. Dos años más tarde, en un centro comunitario judío, otro atentado terrorista causó la muerte de 85 civiles inocentes. El fiscal especial argentino que investigó este caso, Alberto Nisman, concluyó en un extenso informe de 500 páginas que Irán fue responsable de ambos ataques. Todavía más, el reporte de Nisman menciona que Hezbolá trabaja como sustituto de Irán.

Muchos analistas coinciden en que Irán ha estado activo en América Latina desde los años 80 y que su influencia crece. El gobierno iraní ha desarrollado operaciones de inteligencia a través de sus embajadas, en tanto Hezbolá, un grupo terrorista chiita libanés, conspira con carteles de la droga para el respaldo económico. De igual modo se ha informado que participan en lavado de dinero, piratería y falsificación de dinero, actividades que, según la Universidad de la Armada de EEUU, son muy rentables. Un estudio que hizo esta universidad en el 2004 concluyó que estas operaciones en la frontera de Argentina, Brasil y Paraguay le reportan a Hezbolá $10 millones anuales. En el 2009, la Corporación Rand elevó ese estimado a $20 millones; en la actualidad se estima que ha aumentado a $100 millones.

Aunque hacer dinero es parte de su misión en América Latina, Irán y Hezbolá han encontrado que la región también es un terreno fértil para reclutar inmigrantes libaneses, sobre todo en Argentina y Brasil, que tienen las mayores poblaciones de musulmanes de la región.

Se sabe que el gobierno de Venezuela ha emitido por lo menos 173 pasaportes y visas legales con el propósito de situar extremistas islámicos en Canadá. Estas son las conclusiones de un perturbador informe, “Canadá en alerta”, hecho por el Centro para una Sociedad Segura y Libre. El reporte destaca las conclusiones de Sebastian Rotella, reportero investigativo de ProPublica, que revela un complot de crimen organizado entre Venezuela e Irán y quizás de operativos terroristas. El gobierno de Cuba también está envuelto y trabaja con Venezuela a través de los 50,000 agentes del gobierno que “asesoran” al régimen de Nicolás Maduro. A principios de esta semana, J.D. Gordon, ex portavoz del Pentágono y actualmente funcionario del Centro para una Sociedad Segura y Libre, le informó al Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara sobre estas preocupaciones.

“La amenaza principal a la seguridad en el hemisferio es el Islam radical y tiene dos cabezas. La primera es de Irán y su representante, Hezbolá, del lado chiita, y la segunda son los grupos terroristas radicales sunitas como Al Qaida y Khorasan, quienes quieren borrar a Israel del mapa y expulsar a EEUU del Oriente Medio”, me dijo Gordon en una entrevista desde Washington. Además, Venezuela y Cuba, entre otros, han creado un flujo de inmigrantes subversivos y terroristas que aprovechan la política de inmigración más abierta que tiene Canadá, además de iniciativas culturales. ¡Mucho cuidado!

Los grupos terroristas del siglo XXI en la actualidad funcionan en células en ambientes transnacionales. Están en todas partes, incluso en EEUU. En el 2011, por ejemplo, se frustró un complot iraní para asesinar al embajador saudita en EEUU en un restaurante en Washington. Uno de los detenidos fue Manssor Arbabsiar, ciudadano norteamericano naturalizado que utiliza tanto el pasaporte norteamericano como el iraní. Arbabsiar se acercó a un hombre en México que conocía como miembro de un cartel criminal y le ofreció pagarle $1.5 millones para que matara al embajador saudita. Luego se supo que el mexicano era un informante de la Agencia de Lucha Antidrogas (DEA).

Venezuela y Cuba, entre otros países, ayudan y asisten a los yihadistas en nuestro hemisferio. Es evidente que la guerra contra los musulmanes extremistas ya se está librando dentro de nuestras fronteras. Lo que ocurre es que los norteamericanos todavía no lo saben.

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