Helen Aguirre Ferré

Obama le da oxígeno a Cuba

El presidente Obama acaba de darle oxígeno a la moribunda economía de Cuba, y también a la élite gobernante, al anunciar el restablecimiento de relaciones diplomáticas y concesiones económicas con la isla. Se trata de un drástico vuelco en las relaciones diplomáticas entre los dos países. El cambio es enorme, pero no para el pueblo cubano, que carece de los más básicos derechos humanos, elecciones libres, el ejercicio de la ley y la libertad de expresión. Castro devolvió al subcontratista norteamericano Alan Gross que estaba preso por ayudar a los judíos cubanos. Gross cumplió cinco años de cárcel y salió con unos dientes de menos, lo que indica cómo son las prisiones cubanas.

La liberación de Gross es algo para celebrar, sobre todo por los exiliados cubanos, que conocen muy bien lo que significa ser un preso político. Otras cuatro familias, sin embargo, cuyos seres queridos murieron cuando sus avionetas fueron derribadas en aguas internacionales por MiGs cubanos en 1996 se sienten traicionadas; Raúl Castro supervisó ese operativo militar y un espía cubano que participó en la tarea quedó libre. Tres de los muertos eran ciudadanos americanos; el cuarto era residente legal.

Obama perdonó a los tres presos cubanos, que fueron recibidos en La Habana como héroes, entre ellos Gerardo Hernández, hallado culpable de delitos como penetrar en instalaciones militares de EEUU, espionaje y participación en el derribo de las tres avionetas. Por estos crímenes, Hernández fue condenado a dos cadenas perpetuas, pero ahora está en libertad. La historia empeora.

En discursos dobles ante el mundo, en lo que la presidenta argentina Cristina Fernández calificó como un “día romántico”, Raúl Castro y el presidente Obama hablaron sobre esta nueva relación que está marcada por un cambio unilateral por parte de Estados Unidos. Entre estos cambios: el reestablecimiento de relaciones diplomáticas y la apertura de embajadas en La Habana y Washington; facilitar la obtención de licencias para hacer negocios en Cuba y viajar a la isla; facilitar las compras con tarjetas de débito y de crédito norteamericanas en Cuba; el aumento de remesas hasta $8,000 anuales, lo que representa enormes ingresos para el gobierno. Son concesiones extraordinarias a un país que patrocina el terrorismo, según el Departamento de Estado. Al parecer, hasta eso es negociable para Obama.

El Presidente dio instrucciones al secretario de Estado, John Kerry, para que revise la inclusión de Cuba en la lista de países terroristas, aunque la sorprendieron cuando le mandaba armamento a Corea del Norte, violando las leyes internacionales. El régimen está desesperado por que lo saquen de la lista para tener acceso a créditos internacionales que se niegan a estados terroristas. ¿Qué se compromete Cuba a dar a cambio? Muy poco.

Cuba dijo que liberará a 53 presos políticos (que posiblemente Castro vuelva a encarcelar), aumentará el acceso a la internet (algo que la bloguera disidente Yoani Sánchez podrá decir que no es suficiente, en caso que aumente algo) y le permitirá a funcionarios de la ONU y de la Cruz Roja Internacional regresar a la isla.

El senador Marco Rubio llama con toda razón a Obama el peor negociador que ha conocido en su vida y lo que diga Rubio sobre este asunto es importante. En enero, Rubio será el presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado.

No es ningún secreto que el presidente Obama tiene problemas en lugares del mundo donde adversarios como Rusia, Irán y Siria traspasan regularmente sus líneas rojas. Obama quiere obtener a toda costa una victoria en política exterior pero no la logrará con el régimen de Castro. Si el embargo es una política fallida, como dijo el Presidente, eso mismo puede decirse de un grupo que sigue llevando a la isla a la ruina desde hace más de cinco décadas y son directamente responsables por miles de abusos de los derechos humanos y asesinatos.

Estas concesiones del gobierno de Obama se esgrimen en la cara de la historia y el régimen de Castro es el beneficiario. Recompensar a dictadores comunistas es también un ataque a los valores norteamericanos. Obama acaba de darle a Castro un respaldo económico en momentos en que la gran ayuda económica que le da Venezuela está afectada por los cada vez más bajos precios del petróleo y la mala política, y cuando la administración de Obama ha fortalecido las sanciones contra funcionarios venezolanos. Al parecer, el presidente Obama no comprende lo que está ocurriendo.

Muchos líderes de la oposición en Cuba se sienten traicionados por Obama. “Me siento como un soldado que abandonaron en el campo de batalla”, dijo el Dr. Oscar Elías Biscet, activista de los derechos humanos, quien habló desde Cuba por la popular estación Radio Mambí, de Univisión. Muchísimos cubanos deben sentirse de igual manera.

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