Helen Aguirre Ferré

Violencia contra los periodistas

La violencia contra los periodistas no es nada nuevo.

Sin embargo, los últimos años han sido particularmente duros para los periodistas, quienes han sido testigos de un drástico aumento en secuestros, videos y decapitaciones, según un reporte del grupo Reporteros sin Fronteras (RWB), con sede en Ginebra. Una vez más, Siria es el país más peligroso para los periodistas, seguido por los territorios palestinos (sobre todo Gaza), Libia, Irak y Ucrania.

Las mujeres no están exentas de las atrocidades. El número de mujeres periodistas asesinadas se duplicó el año pasado con desafortunados ejemplos documentados en Irak, Egipto, Afganistán, las Filipinas y México, para sólo mencionar unos pocos. “Los actos de intimidación no pueden ser subestimados”, me dijo en una entrevista telefónica Malena Aznarez, presidente de RWB en España. Nada más que en el 2014, 66 periodistas fueron asesinados, 119 secuestrados, 178 encarcelados y 1,846 golpeados o amenazados en todo el mundo, y eso es solo lo que se ha reportado.

“Los asesinatos son deliberadamente bárbaros para intimidar a los periodistas y a sus familias. Como resultado de esto, las agencias noticiosas han dejado de enviar periodistas a cubrir historias en un número de países cada vez más grande donde hay literalmente un precio por sus cabezas”. Debido a ello, según Aznarez, demasiadas historias importantes no se cuentan. Los periodistas en nuestro propio hemisferio también se enfrentan al peligro. La persecución y detención de reporteros es algo común en Cuba y Venezuela, por ejemplo. A estos países se añaden México y Colombia, los dos notorios por los riesgos que corren quienes reportan o hacen investigaciones noticiosas sobre el crimen organizado, el narcotráfico y la corrupción. Muchos periodistas de periódicos y revistas, así como de radio y televisión han muerto por hacer su trabajo. Ahora, los periodistas en Europa se enfrentan a un riesgo similar con una gran diferencia: los terroristas asesinan a tiros o decapitan a los periodistas como armas de propaganda ideológica. Los franceses fueron capturados fuera de guardia por el ataque terrorista contra el semanario Charlie Hebdo, en pleno corazón de París, en el que murieron 12 personas. Los periodistas que trabajaban para esta revista cómica, si no irreverente, sabían los riesgos que corrían al publicar caricaturas que se burlaban del profeta Mahoma: era su trabajo. Charlie Hebdo se burla de todos los líderes políticos y de todas las religiones: son una publicación satírica. El alcance de la masacre es impactante y como ocurre después de todos los ataques terroristas, la gente busca respuestas sencillas con preguntas difíciles.

El presidente francés François Hollande resumió todo en una comparecencia en televisión ante un país estupefacto.

“Nos amenazan porque somos un país de libertad”, dijo Hollande. “Y precisamente porque somos un país de libertad, lucharemos contra estas amenazas y castigaremos a los agresores”. Al hablar sobre los periodistas asesinados, Hollande los llamó héroes que serían reconocidos en un día de duelo nacional. Los franceses no han sido los únicos en rendir tributo a los periodistas quienes, en palabras del jefe editorial de Charlie Hebdo, Stéphane “Charb” Charbonnier, uno de los asesinados, han preferido “morir que vivir de rodillas”.

Por todo el mundo, miles de personas han reconocido el valor de los periodistas y la importancia de la libertad de expresión como la piedra angular de todas las demás libertades. Desafortunadamente, es algo que se olvida con facilidad; esto es algo que ha sucedido en Europa antes. En 1996, el cineasta y escritor Theo Van Gogh recibió ocho disparos y fue decapitado en una calle de Amsterdam por el simple “crimen” de hacer un cortometraje llamado Submission: Part 1, que criticaba al Islam y al tratamiento de las mujeres del Islam por extremistas musulmanes que creen, al igual que otros extremistas, que el Islam exige sumisión por parte de todos. ¿Cómo se puede ganar la guerra contra estos salvajes?

La guerra contra el terrorismo está lejos de haber terminado; ellos son los verdaderos enemigos de la libertad. Los gobiernos y organizaciones de inteligencia pueden continuar trabajando juntos para organizar una fuerte respuesta militar al terrorismo pero las sociedades civiles también tienen un papel que desempeñar. La libertad de expresión y el periodismo serio necesitan un mayor respaldo; demasiados periodistas sienten el frío de la indiferencia y la intimidación por reportar historias que les resultan incómodas a algunos arrogantes. En la actualidad, hay publicaciones y letreros en Facebook que dicen: “Todos somos Charlie Hebdo”, pero estas son solamente palabras sin acción. La libertad de prensa y de expresión es el arma más grande contra la tiranía. No hay libertad sin libertad de prensa. Vivir de otra manera es vivir de rodillas.

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