Helen Aguirre Ferré

El estado de la Unión y la clase media

El presidente Obama acaba de descubrir la clase media. Tras despertarse a la realidad de que millones de familias norteamericanas quedaron fuera de la más lenta recuperación económica que ha tenido lugar desde la Segunda Guerra Mundial provoca sólo una pregunta: ¿por qué se demoró tanto?

De acuerdo con el Censo Nacional, el ingreso familiar medio ha descendido un promedio de $2,484 bajo el gobierno de Obama. En otro orden de cosas, los ingresos han mejorado, pero no en este aspecto.

La mejoría laboral de que habla el Presidente es verdadera pero se trata de empleos a tiempo parcial cuando lo que muchos buscan son empleos a tiempo completo. De ahí que nadie elogie la baja cifra de 5.6% de desempleo toda vez que no representa mucho; todavía hay demasiadas personas que buscan trabajo. En la actualidad, sólo el 62.7% de la población está empleada, la cifra más baja en 40 años. Todo esto ocurre mientras la población continúa envejeciendo.

¿Por qué el Presidente pintó un cuadro prometedor de la economía en su discurso al país? Ni la política y ni el legado: lucen bien cuando los ingresos de la clase media han bajado a lo largo de su gobierno. Desafortunadamente, la política de Obama ha tenido que ver con las dificultades que enfrenta la clase media y sus soluciones no hacen sino agravar el problema. Los nuevos planes del Presidente, que sabe no serán considerados por el Congreso, son ejemplos de su política fallida, la cual se suma a los problemas financieros del gobierno federal.

Estos planes contemplan aumentar $320,000 millones en nuevos impuestos a las instituciones financieras y a todas las que contribuyen con los planes en forma de inversiones y planes de ahorro. Esto abarca los planes de ahorros que muchas familias de clase media tienen como seguridad financiera. Las ganancias fiscales de nuevo aumentarán a 28% para aquellas parejas que ganan $500,000 aunque con anterioridad pagaron impuestos sobre estas cantidades. El impuesto de la herencia, o “impuesto de la muerte”, como popularmente se le dice, sería más alto que nunca para las familias que heredaron una propiedad o los ahorros de un ser querido. Sancionar a la gente por morir es algo atroz. Culpar a las familias por su éxito es igualmente terrible.

Además, Obama viene de proponer un nuevo impuesto para los que tienen el Plan Ahorro Universitario 529, que es la única esperanza que tienen muchos padres de clase media para ayudar a sus hijos a acceder a la educación superior. ¿Cuántos? La Oficina General de Contabilidad calcula que casi una tercera parte de las familias que tienen estas cuentas de ahorro universitario ganan menos de $100,000 anuales.

Cuando el Presidente promociona cualquier programa, ya sea educacional o de otro tipo, y afirma que es gratis, en realidad no lo es: el dinero proviene de los bolsillos de los contribuyentes.

El miércoles pasado, en un evento de recaudación de fondos celebrado en la Universidad Estatal de Boise, Obama dijo: “Sé que hay republicanos que no están de acuerdo con mi enfoque. Deberían ofrecer alguna propuesta alternativa”. Tiene razón. La diferencia consiste en la dirección que se ha tomado. Pensemos en la reforma fiscal, por ejemplo. Ambas partes coinciden en que el código fiscal tiene que simplificarse pero el Presidente solamente quiere enfocarse en impuestos corporativos mientras los republicanos quieren una reforma fiscal más abarcadora, que incluya tanto a personas como a pequeños negocios. Esto último es particularmente importante ya que los empresarios y los dueños de pequeños negocios son realmente quienes están contratando más personal en la economía actual.

Sólo dos días después del mensaje nacional del Presidente, eBay anunció que reduciría 2,400 empleos y American Express dijo que piensa despedir a 4,400 empleados. Si se supone que estamos viviendo una recuperación y saliendo de la crisis, entonces algo anda mal. La realidad es que la mayoría de la gente trabajadora está viviendo de forma apretada.

Hubo una época en que el optimismo norteamericano podía vencer cualquier crisis económica o cualquier necesidad de seguridad. El Sueño Americano no corría ningún riesgo si uno trabajaba duro, se educaba, ahorraba dinero y planeaba el futuro de su familia. Si alguien necesitaba ayuda temporal del gobierno, la tenía a su disposición. Un sondeo de opinión de CBS indica que hoy día solamente el 38 por ciento de la población piensa que el país avanza por el camino correcto.

Deberíamos agradecer al presidente Obama por enfocar su mensaje hacia la clase media: hacía tiempo que debió hacerlo. Ya es hora de discutir seriamente el bien común en un contexto donde se enfatice la igualdad de oportunidad en vez de la igualdad de éxito. Para esto hace falta liderazgo y que todas las partes reconozcan la voluntad de los votantes. No en vano el pasado noviembre le enviaron a Casa Blanca un claro mensaje: hay que trabajar codo a codo con los republicanos y buscar cuál es el lugar ideal. Allí es dónde se encontrará a la familia de clase media.

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