Myriam Márquez

MYRIAM MÁRQUEZ: Gloria Estefan entre el arte y la política

Puede parecer extraño porque ella es cantante, no política. Sin embargo, Gloria Estefan está en el mismo centro de la intersección del arte y la política. Y allí, de pie silenciosamente a su lado en la tribuna de la marcha de la semana pasada en Miami, mientras hacia un llamado por la paz, el amor y los derechos humanos, estaba Emilio, el sagaz empresario que logra lo que se propone.

El paso de artista a líder de Gloria comenzó el domingo pasado. No pudo resistir más las imágenes de mujeres en La Habana golpeadas por turbas de repudio organizadas por el régimen mientras marchaban en silencio para llamar la atención sobre el funesto expediente de derechos humanos de Cuba.

“Tenemos que hacer algo para que el mundo lo sepa’’, le dijo Gloria a su esposo. El martes convocó a una conferencia de prensa donde le pidió a cualquiera que se preocupara por los derechos humanos y la libertad que se vistiera de blanco y marchara “en silencio’’ el jueves por la Calle Ocho. (La parte silenciosa, bromeó más tarde, fue mucho pedir). Los Estefan pagaron la seguridad, el cierre de calles y compraron tiempo de satélite para transmitir el evento en todo el mundo.

Fue un momento crucial.

Una marcha convocada no por un grupo político, sino por una mujer tímida y pequeña que tiene un nombre reconocido mundialmente. Una madre que no se preocupa de si el entrar en esta tormenta política puede afectar su popularidad entre algunos de sus seguidores o en el extranjero.

Por supuesto, Gloria y Emilio nunca han sido apolíticos. Han ido a Guantánamo para cantar a balseros desesperados, han celebrado vigilias de oración cuando un niño pequeño se convirtió en un peón político en el guión de Fidel Castro. Es hija de un veterano de Bahía de Cochinos y de Vietnam, que pasó un año y medio en una prisión cubana.

No cabe duda que ha hablado a lo largo de los años sobre la dictadura de Cuba, pero sólo cuando se lo han pedido. Pero ahora Gloria lidera, no espera a que se lo pidan, con un simple tema que es universal: tratar a los demás como queremos que nos traten. Ese es, en esencia, el significado de humanidad, la empatía, la capacidad de conectarse con el sufrimiento de los otros, una lección que ella adoptó, me dijo Emilio, cuando estudió sobre el Holocausto.

Humanidad. Es el mismo tema que el actor cubanoamericano Andy García usa cuando se le pregunta sobre su país natal. Estos artistas no imponen, exponen.

Andy, que el año pasado narró un documental sobre las Damas de Blanco, encabezó el domingo una marcha en Los Angeles. Otras marchas han surgido en los recintos universitarios en los que el grupo Raíces de Esperanza ha tratado durante años de llegar a los jóvenes en Cuba.

Por esta razón es un momento histórico. Dos viejos locos en La Habana se han negado a cambiar el guión de su régimen de 51 años. Todavía están en la onda revolucionaria: fuego, azufre y sangre para mantener el control.

Entonces Orlado Zapata Tamayo murió el 23 de febrero, tras una larga huelga de hambre.

Las Damas (madres, hijas, esposas y otros seres queridos de los prisioneros políticos cubanos) marcharon en su honor por La Habana, con la madre de Zapata, Reina, encabezando la marcha.

Entonces llegaron las turbas a golpearlas, y las cámaras de los medios extranjeros estuvieron allí para captarlo todo, para ver a la seguridad cubana arrastrar a ancianas y lanzarlas como si fueran basura en un autobús. La Comunidad Europea lo vio y decidió no portarse de forma amable con los Hermanos Locos.

Pero Gloria no podía sacarse esas imágenes de la cabeza.

En el abarrotado restaurante Casa Juancho minutos antes de la marcha, Gloria estaba serena, radiante. “Esto es muy importante, esas mujeres necesitan el apoyo de los que podemos hablar libremente’’, me dijo, mientras sus seguidores entraban a saludarla.

‘‘Estamos aquí, estamos cómodos. Ellas arriesgan sus vidas. Tenemos que poner nuestro granito de arena’’.

Son esos granitos de arena los que pueden formar una montaña de apoyo al pueblo cubano.

Emilio, el poder detrás de su esposa, estaba lleno de júbilo. Fuera, las calles estaban colmadas de simpatizantes vestidos de blanco, no sólo los exiliados cubanos, sino también venezolanos, colombianos, nicaragüenses, ecuatorianos. Había jóvenes, familias, ex presos políticos como Cary Roque, que luchó hace 50 años, estrellas de la salsa como Willy Chirino y Lissette, y veinteañeros como el rapero Pitbull.

Pero fue la conferencia de prensa del martes la que más me impresionó. Allí, Gloria y Emilio lograron convocar a dos grupos opuestos. Miembros de la Fundación Nacional Cubano Americana y del Consejo por la Libertad de Cuba, que se separó de la Fundación hace casi una década por diferencias sobre cómo ayudar mejor a los cubanos a deshacerse de los Hermanos Locos.

El embargo, la prohibición de viajes, los vuelos familiares diarios, pies mojados/pies secos, todas las tácticas y todas las políticas, se hicieron a un lado en esta parte del charco de 90 millas para centrarse en las imágenes que venían de La Habana, de las madres, hijas y esposas que durante siete años han marchado en silencio hasta ahora. Ahora ellas gritan: ¡Libertad!

Y gracias a que Gloria estaba en esa intersección donde el corazón triunfa sobre la política, donde el arte abraza la verdad, el mensaje de las damas resonó. Al fin.

Esta columna fue publicada originalmente el 28 de marzo del 2010.

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