Opinión Sobre Cuba

La dictadura cubana, inamovible

La Feria del Libro de La Habana se celebra cada año en el castillo del Morro, en la capital cubana.
La Feria del Libro de La Habana se celebra cada año en el castillo del Morro, en la capital cubana. AP

La recientemente celebrada Feria del Libro de La Habana se circunscribió a subrayar la presencia de libros sobre Raúl y Fidel Castro en calidad de bestsellers y en elogiar, como figura cimera de la intelectualidad nacional, a una de las personas que más daño ha propinado al arte y la literatura de la isla, primero como ministro de cultura y, en su ocaso, como centinela de la vasta obra martiana. Armando Hart está entre los más fieros ideólogos y comisarios del fidelismo y todo hace presumir, dado el ostentoso e inesperado tributo, que su vida ahora se desvanece sobre una silla de ruedas.

A la Feria del Libro concurrieron editores de los Estados Unidos que optaron por el silencio y la indiferencia cuando a uno de sus colegas, el editor de la revista People en Español, Armando Correa, le retuvieron en la aduana su novela La niña alemana, que formaba parte de la exhibición americana del evento. La obra estuvo entre los éxitos de la pasada Feria del Libro de Miami en el mes de noviembre.

La revista más importante de los editores americanos Publishers Weekly se vanaglorió de que, no obstante el embargo, se pudieron mostrar alrededor de 400 títulos de distinguidas editoriales norteamericanas en La Habana.

Correa lamentó que el incidente sobre su ninguneada novela no figurara en la publicación. “¿Por qué no mencionan nada de eso en Publishers Weekly?”, apuntó. “Por el miedo a que el año próximo no los inviten de nuevo”.

El director actual del oficialista Instituto Cubano del Libro agradeció a los estadounidenses el esfuerzo por llamar la atención sobre la necesidad de levantar el embargo. Los visitantes realizaron una serie de visitas a lugares de interés cultural, siempre con las “orejeras” que les impiden conocer la realidad sobre el universo editorial de la isla, devastado por una burocracia inoperante y atenta, hasta el delirio, a la literatura que pueda resultar problemática.

No obstante, Correa se las ingenió para donar al Centro Hebreo Sefardí de La Habana documentos que adquirió durante la investigación para su novela sobre el buque St. Louis, donde judíos en busca de refugio en Cuba, Estados Unidos y Canadá, durante el año 1939, debieron retornar a Europa, ante la negativa de los respectivos gobiernos de recibirlos, muchos de los cuales luego encontraron la muerte en los campos de concentración.

La Feria del Libro de la Habana terminó siendo un tenderete de baratijas y fantasías, en las faldas de la Cabaña. Los asistentes comentaban sobre los pocos libros y las muchas bisuterías.

Frey Betto y Chávez fueron otro de los temas y autores empujados en esta mediocre batahola política. El castrismo se sigue mirando al ombligo y los visitantes americanos de toda laya, incluidos prestigiosos senadores, entre los cuales figura aquel que propició la fecundación –con nuestros impuestos– de la esposa de un espía cubano, recorren la finca de los Castro, junto a los mayorales, y regresan a sus vidas impolutas con recados de bienaventuranza para el mancillado pueblo de Cuba, con el cual no han intercambiado ni una palabra.

Por esos días al Secretario General de la OEA y a un ex mandatario mexicano les prohibieron la entrada a la isla para honrar la figura de Oswaldo Payá, mientras un opositor muere en la cárcel, sin apoyo ni repercusión, y el activista Henry Constantín, vicepresidente de la Sociedad Interamericana de Prensa en Cuba y quien honrara las aulas del Miami Dade College como alumno durante una memorable temporada, lo amenazan con fianzas y encarcelamiento por “propaganda enemiga”.

Ahora la prensa internacional aguarda por el retiro del general Raúl Castro en el 2018. Otro conteo regresivo y la dictadura sigue, inamovible.

Crítico y periodista cultural.

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