Opinión Sobre Cuba

OSCAR PEÑA: Raúl Castro debe ser franco con los venezolanos

No voy a afirmar que Cuba antes de Fidel Castro era un paraíso absoluto. Nuestro país tenía –como todos– algunas entradas de aguas políticas y sociales nada graves que se podían reparar sin practicar los extremismos utilizados después de 1959. Es el mismo caso de Venezuela, que tampoco era un edén. La visité con Carlos Alberto Montaner un año antes de surgir Hugo Chávez con su intento de golpe de estado y notamos sus problemas, pero se podían resolver con más responsabilidad y conciencia social de las máximas instituciones políticas sin ir a los destructivos extremos.

En el caso de los dos países estamos ante hechos consumados y no es necesario ahora hacer lamentaciones, sino ayudar a la rectificación. Me pregunto si Cuba ya está reparando sus errores porque el gobernante cubano Raúl Castro no es franco con los venezolanos. Es inconcebible que con el profundo grado de amistad que tiene con Nicolás Maduro no le haya aconsejado no transitar esos caminos, rutas de barricadas y extremismos con destino a modelos que después la vida enseña son antinaturales hasta para los sectores más pobres del país y hay que regresar para atrás asfaltando el mismo camino destruido después de un innecesario y criminal despilfarro de sacrificios humanos de los pueblos.

Se escuchaba a Chávez y ahora a Nicolás Maduro y uno no puede evitar sentir pena y dolor por el pueblo venezolano. Es la misma película cubana de inventar causas para encerrar ciudadanos, de exclusiones de nacionales, de inventar enemigos, de estantes vacíos en los mercados. Ya pocos se recuerdan, pero las familias cubanas pasaron 20 años seguidos (la década de los 60 y 70) de unas innecesarias falta de alimentos y productos nacionales increíbles.

No soy fanático, ni defensor ciego de ningún cuaderno de las llamadas derechas o izquierdas. Hace unos días intercambiaba sobre el tema con un compatriota y le expresaba que la mejor posición y andar que existe en política y en todos los temas es “parqueándose siempre en el centro” tomando lo bueno de la derecha y de la izquierda para hacer una buena receta. Lo que no funciona es un modelo de país de extremos y de guapería barata de barrio. Lean a continuación partes de una intervención de Fidel Castro en 1960 y observen si no se parecen a las de Nicolás Maduro hoy:

“…se acabaron para siempre en nuestra patria los yes, man (aplausos); nacionalizar de un solo tirón 36 centrales azucareros y otros tantos monopolios poderosos (aplausos y exclamaciones de) “¡Se llamaban!”); y que en un mismo día decirle al monopolio eléctrico y al monopolio telefónico "te llamabas" (exclamaciones de: “¡Te llamabas!"); decirle a los poderosos consorcios de la Standard y de la Texaco "aquí no te queda ni un tornillo"; que pudo hablarle de frente al imperio poderoso y decirle: "ya no creemos más en tus mentiras, ya no creemos más en tu falsa democracia, asesina de negros (aplausos), ya no creemos más en tu falsa libertad sembradora de tiranos en nuestro continente (aplausos), ya no creemos más en tu hipócrita filosofía, que cobija lo mismo a un Franco que a un Trujillo (exclamaciones de: “¡Fuera!"), ya no creemos más en tus películas de Hollywood” (exclamaciones de: “¡Fuera!", Y“¡Fidel, seguro, a los yanquis dales duro!" Y “¡Uno, dos, tres, cuatro, Fidel Castro para rato!"). Un pueblo que ha aprendido a decirle: "ya no creemos en tus agencias cablegráficas, mercaderes de la mentira y de la infamia, con las cuales embutías al mundo (exclamaciones); ya no creemos en tus hipócritas palabras de justicia, mientras explotas lo mismo a los "espaldas mojadas" de la frontera de México, que al indio de Bolivia, o al obrero de Chile, o al petrolero de Venezuela…”.

Ahora también el pueblo venezolano está como estuvo el cubano más de medio siglo haciendo ejercicios militares esperando una invasión de los Estados Unidos, cuando es el pueblo cubano y el venezolano el que ha estado y está invadiendo los Estados Unidos con la huida de sus ciudadanos. Ayer Cuba y actualmente Venezuela practican el viejo juego del antiimperialismo para hipnotizar, confundir, echar miedo, tapar faltas y controlar a una mayoría ingenua que tienen todos los pueblos.

Raúl Castro debe ser honesto con Nicolás Maduro para que no sacrifique al pueblo venezolano.

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