Opinión Sobre Cuba

ORESTES RODRÍGUEZ: Condenado a vivir lejos

De un tiempo a esta parte, Miami y otras ciudades de EEUU se han convertido en las sedes para recibir visitas de ex atletas de Cuba, especialmente, los que estuvieron vinculados al béisbol de la isla y muchos, afortunadamente, residen aquí.

Se ha anunciado la visita de Pedro José Rodríguez, conocido como el Señor Jonrón por su arte de bateo y su colosal fuerza para sacar la bola fuera del terreno. Fue, sin lugar a dudas, una de las glorias de la pelota cubana y un caballero en sus relaciones con sus amistades y, obviamente, con su flema de humor para mantener a sus compañeros de equipo en el disfrute de jornadas alegres, bullangueras y confraternidad jubilosa.

Como bien expresó Antonio Muñoz, a quien vimos en Miami, “Cheo fue algo muy grande para la pelota cubana y un hombre al que se le debe reconocer mucho más”. Y lleva razón el gigante del Escambray, porque Cuba fue, desde el siglo XIX, un venero inagotable de figuras que brillaron en el deporte, en su patrio suelo, en Estados Unidos y también en otras regiones donde se practicaba el deporte de las bolas y los strikes. Nadie tiene dudas de que de no haber surgido el malhadado castrismo, Cuba tendría su equipo en las Grandes Ligas, pues en 1959 ya estaban creadas las condiciones para lograr el salto en este deporte, ya que existían equipos participando en la Triple A, como fueron los Cubans Sugar Kings.

Una gran cantidad de figuras del béisbol cubano hubieran brillado en las Grandes Ligas, en momentos en que el béisbol profesional fue descalificado por una retorcida orden de Castro, con lo cual dio paso a convertir ese deporte en una bandera propagandística del régimen, mientras sus atletas languidecían y se les escapaba un mejor porvenir para sí y para su familiares. La prueba más robusta al respecto está representada por el incremento de los actuales peloteros cubanos que vienen destacándose en los distintos clubes de las Grandes Ligas, porque tuvieron el coraje de abandonar la isla y su régimen, para alcanzar la meta y sueño de cualquier atleta racional.

Como acertadamente comenta el periodista Jorge Ebro en reseña sobre la visita de Cheíto: “Amparado en un Código Penal hecho a la medida de lo absurdo, funcionarios del INDER y muy seguramente de un nivel superior separaron a Rodríguez del béisbol por tenencia ilegal de divisas….”, lo que en aquel aciago momento era de aplicación severa y carcelaria.

En efecto, ¿qué explicación ofreció el régimen para incluir, entre la preceptiva punitiva del Código Penal promulgado en 1979, el delito de tráfico de divisas? Pues la dictadura formuló la tipicidad concerniente al tráfico de divisas, alegando “porque en realidad puede constituir una actividad contrarrevolucionaria, aunque en algunos casos el propósito no fuera producir quebranto a la economía del país, sino el enriquecimiento injusto de los autores del delito”. Y a ese fin se castigaba con privación de libertad de seis meses a tres años o multa de doscientas a quinientas cuotas al que mantenga en su poder moneda o efectos denominados en moneda extranjera con infracciones de las disposiciones legales”.

En el caso de Pedro José Rodríguez, fue condenado a mantenerse “lejos de lo que más amaba, de lo que mejor sabía hacer”, acotó Ebro.

Al desaparecer la URSS y caer como un balde de agua fría el denominado “periodo especial”, el régimen tuvo que derogar la inefable disposición penal prohibitoria de la tenencia de moneda extranjera, como vía de escape para solventar las acuciantes necesidades y precaria situación económica en que comenzó, con más fuerza, a transitar las penurias del cubano, pero ya el daño se había ensañado con Pedro José Rodríguez y con muchos cubanos que sufrieron sanciones a nivel de prisión por ocupárseles dólares estadounidenses. Los dólares tan codiciados hoy por la dictadura enarbolando propaganda para atraer el turismo y la comercialización de productos cubanos, como el ron y el tabaco, luego del gesto de la administración de EEUU de reiniciar relaciones diplomáticas y su consecuente apertura para aliviar al aparato estatal de la isla, en tanto el pueblo de a pie padece de la nefasta intransigencia oficial para buscar vías que le permitan participar en la gestión gubernamental y el retorno de las libertades.

Abogado cubano. Reside en Miami.

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