Opinión Sobre Cuba

La dictadura de enfrente

El entonces vicepresidente cubano Miguel Díaz-Canel asiste a una sesión de la Asamblea del Poder Popular en La Habana, el 18 de abril, un día antes de asumir la presidencia.
El entonces vicepresidente cubano Miguel Díaz-Canel asiste a una sesión de la Asamblea del Poder Popular en La Habana, el 18 de abril, un día antes de asumir la presidencia. TNS

En la cima de su carrera como presentador y humorista de televisión, David Letterman se refirió a Fidel Castro, en varias ocasiones, como un sangriento dictador, paradójicamente, a propósito de un encuentro entre el presidente de la compañía a la cual pertenecía su show y el tirano cubano.

Uno de tantos y numerosos ágapes que se sostuvieron entre lo más granado de la prensa de los Estados Unidos y el “Robin Hood” caribeño, por el cual siempre sintieron una morbosa e inexplicable fascinación.

No recuerdo, sin embargo, que hayan utilizado la palabra “dictador” para presentar la incontinencia verbal antimperialista de aquel interlocutor, término que ha regresado, recientemente, a los medios estadounidenses por obra y gracia de otro dictador, el coreano Kim Jong-un.

Esta suerte de doble rasero, donde los cubanos amantes de la libertad y la democracia hemos sido menoscabados durante casi seis décadas, pudiera hasta contener una connotación racista subliminal. La fórmula es simple: burgués blanco, de origen español, perfil griego, aventurero romántico, de alta estatura, benefactor de los pobres, versus un asiático grueso, pequeño, nada seductor y de estrambótico pelado.

Pero no se trata solamente de un dilema entre Occidente y Oriente, pues el fundador del castrismo, desde un punto de vista iconográfico, resultó más carismático, incluso, que sus contrapartes europeas, envueltas en la pátina de horror heredadas del estalinismo, así como de otras estrafalarias versiones dictatoriales militarizadas del Medio Oriente y América Latina.

Las momias de Lenin, Mao y Ho Chi Minh, hoy por hoy, son macabras atracciones turísticas con muy poca influencia en el desarrollo social de las naciones que atormentaron en vida. Lugares a donde se peregrina, por curiosidad, para ver el semblante de quienes gobernaron a sangre y fuego y hoy parecen descansar plácidamente.

La piedra que contiene las cenizas de Castro en el histórico cementerio de Santa Ifigenia, sin embargo, está llamada a competir con el cercano sepulcro de José Martí.

Ahora el nuevo gobierno español se alista para sacar los restos del general Francisco Franco del monumento Valle de los Caídos, como un modo de cicatrizar viejas heridas. Vuelve la palabra “dictador” a la palestra, sin remilgos de ninguna índole, y reconciliación, para referirse al caudillo español.

Hablando de democracias que han intentado acercamientos a tiranías, recientemente la actriz israelí protagonista de Wonder Woman, Gal Gadot, ha comprado los derechos de la historia de Lisa Howard, periodista del canal de televisión ABC quien fuera utilizada, luego de la Crisis de Octubre, por el gobierno de los Estados Unidos, para armonizar con Castro en un temprano intento fallido de tal tipo de operaciones. Querido Fidel se titula el proyecto porque la mencionada reportera terminó siendo amante del sátrapa cubano, como tantas otras envueltas en similares situaciones.

Por cierto, con alguna rara excepción, todos los despachos que dan fe de la futura película, en el fondo una historia de amor titulada de manera atractiva, no califican al difunto Fidel Castro como dictador.

Buena parte de la intelectualidad de izquierda norteamericana y de otras naciones, sigue cautivada por la dinastía de los Castro y un segmento notable de la élite política insiste en afirmar que el embargo de los Estados Unidos debe ser derogado para alcanzar alguna transformación significativa en la isla.

Mientras tanto, el mundo acepta, indiferente, la transferencia de poder del general Raúl Castro a su pelele Díaz Canel y un grupo numeroso de cubanos reclama en el aeropuerto de Miami, mediante gritos y palabras soeces, un avión para regresar de donde supuestamente salieron huyendo. En semejantes circunstancias, la dictadura de enfrente seguirá siendo esa utópica superstición que millones de coterráneos siguen sufriendo.

Crítico y periodista cultural.

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