Opinión Sobre Cuba

ARIEL HIDALGO: El proyecto concordia

El restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos y la apertura de las embajadas ha llevado a una discordancia de conceptos sobre lo que acaba de suceder:.. ¿“Reanudación” de relaciones o… “normalización”? El gobernante de Cuba, Raúl Castro, prefiere hablar de reanudación y no de normalización, pues considera que mientras se mantenga la política del embargo no puede haber normalidad.

Coincidamos con el General: De lo que se trata es de normalización. Nuestro desacuerdo no está, pues, en el término, sino dónde aplicarlo. Lo más importante no es la normalización externa, pues aunque legalmente el embargo aún existe, se encuentra en estado de caída libre, tanto por los decretos presidenciales como por un fuerte movimiento a favor del comercio y los derechos ciudadanos, intereses defendidos no sólo por los demócratas, como se demostró en días pasados, durante la votación a favor de los viajes de estadounidenses a Cuba, por una comisión del Senado controlada por republicanos.

No se trata sólo de normalizar las relaciones entre ambos países sino de normalización interna, y justamente la situación interna de Cuba no puede ser más anormal, sobre todo por las condiciones en que vive la población. Y a mi entender, lo más urgente entre las cuestiones que hay que resolver en el momento presente son tres:

▪  Lograr en Cuba la institucionalización legal de un organismo defensor de derechos humanos independiente y sin agendas políticas a través de reuniones entre funcionarios del gobierno cubano y activistas del país, quienes deberán reflejar en sus denuncias y demandas, imparcialidad, objetividad y mesura, y a privilegiar las instancias nacionales antes que las internacionales. Imparcialidad, porque su actividad no debe estar condicionada por ideología política alguna; objetividad, porque sus denuncias deben ser exactas en la veracidad sin la menor exageración; y mesura, porque sus reportes deben estar despojados de todo tipo de calificativos o epítetos condenatorios hacia los presuntos victimarios. Se comprometerían, además, a denunciar primero las violaciones ante las autoridades cubanas y sólo si esas autoridades no responden para subsanar la injusticia cometida, acudir a las instancias internacionales. Las autoridades cubanas, por su parte, deberían reconocer legalmente al organismo independiente de derechos humanos, atender sus demandas, investigar los hechos denunciados, tomar las medidas pertinentes para corregirlos, y respetar el libre movimiento de los activistas, incluso permitir su acceso a centros penitenciarios cuando se requiera comprobar la veracidad de cualquier queja presentada.

▪  Sacar de la miseria a los sectores menos favorecidos por los cambios, pues la inmensa mayoría de la población no recibe remesas y habita barrios marginales, cuarterías, edificios desahuciados o simplemente sufre hacinamientos por falta de viviendas. Las autoridades cubanas y organismos internacionales con programas de microcréditos, deberán facilitar préstamos para proyectos independientes de microempresas, ya sean individuales, familiares, cooperativos o autogestionarios y para que los operarios de empresas del Estado que cobran míseros salarios en moneda nacional, reciban parte de las utilidades de sus respectivas empresas.

▪  Fomentar un espíritu de paz, reconciliación y solidaridad entre los cubanos residentes en Cuba y los residentes en el exterior mediante seminarios y eventos culturales, académicos y deportivos donde participen cubanos de Cuba y de la Diáspora y de todos los sectores sociales, religiones, filosofías e ideas políticas.

Los cubanos de buena voluntad, tanto en Cuba como en la Diáspora, no deben esperar a que el gobierno tome las iniciativas para implementar estas medidas que yo llamaría Proyecto Concordia, que aunque no resuelve todos los problemas, pondría las bases para una Cuba futura más libre y próspera, sino plantearlas ante cualquier foro público, ya sea ante esas autoridades o ante asociaciones de la sociedad civil cubana, legales o no, toleradas o no. Creer en la posibilidad de su implementación, es, de hecho, hacerlo posible.

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