Opinión Sobre Cuba

RAÚL RIVERO: La democracia no se ve en los mapas

Madrid – Los hombres y mujeres que aman la libertad y rechazan el totalitarismo y los regímenes autoritarios en el mundo entero observan con admiración y respeto las posiciones tajantes y exigentes de los líderes de la democracia occidental, Estados Unidos y la Unión Europea, frente al proceso minucioso que el chavismo ha desarrollado en Venezuela para tiranizar a sus ciudadanos y arruinar el país.

A la hora de examinar la realidad de esa nación sudamericana hay una preocupación común, por ejemplo, en el sentido de que las elecciones convocadas para el seis de diciembre próximo se celebren sin trampas y con garantías para la oposición.

La mayoría de los medios de comunicación europeos y norteamericanos reseñan a menudo el uso de la violencia del gobierno mediante grupos de fanáticos paramilitares que esta semana asesinaron a un dirigente opositor que participaba en un mitin en el que se encontraba Lilian Tintori, la esposa del preso político Leopoldo López.

Los líderes de la democracia mundial y sus voceros critican, con gran tino y sensibilidad, por diferentes vías, el discurso agresivo de Nicolás Maduro para amedrentar a los votantes con una eventual guerra civil si pierde los comicios. Y, desde luego, aquellos mismos campeones de la libertad y el progreso atacan al discípulo de Hugo Chávez por la torpeza de su gestión que ha llevado a Venezuela a la división, el caos, la inseguridad, la escasez de alimentos y medicinas y la censura de la prensa libre.

Esa labor constante, inteligente y fervorosa de los grandes promotores de la democracia es necesaria, indispensable y muy importante para salvar a los venezolanos del chavismo y su grupo de compadres y nuevos ricos que ya lleva 14 años en el trono y se quiere eternizar en el poder.

Nadie duda de que entre los miles de hombres y mujeres del mundo que apoyan con esas políticas firmes de los demócratas ante Maduro y sus amigos está la oposición cubana, aunque no le pueda mostrar ese respaldo a los representantes de esas democracias cuando van a La Habana porque, entre otras cosas, no le dan audiencia.

No. Los delegados de las democracias viajan a la isla para otros asuntos. Las visitas son para hacer negocios, hablar de inversiones y de intercambios y no suelen recibir a los opositores. Son huéspedes oficiales de unos gobernantes que se han elegido ellos mismos porque allí, como se sabe, no hay elecciones desde hace más de medio siglo.

La oposición no tiene oportunidad de hablarles en directo de los presos políticos ni de la violencia, las golpizas que reciben cada fin de semana, ni del acoso policial de todos los días. Y no tiene necesidad de contarle de los escombros de la economía porque los viajeros los conocen muy bien y van a calibrarlos en persona.

Como puede apreciarse, quienes velan por el desarrollo de la democracia en el universo son personas con sus complejidades, intereses, contradicciones y misterios. Como todos.

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