Opinión Sobre Cuba

OSCAR PEÑA: Fidel Castro y nosotros

Si el propósito de Fidel Castro era quedar marcado en la historia, lo logró, pero –lamentablemente para sus nacionales– no de manera completamente beneficiosa y ejemplar. Se trata del cubano más enfermo de ambición de poder, ego, protagonismo y obstinación que se conozca; no solo vendió ilusiones, sueños y falsas esperanzas a sus compatriotas, también trascendió las fronteras del país con sus danzas políticas y espectáculos de hipnotización.

Si nos preguntamos ¿cuál es en la historia de Cuba el gobernante que más derechos civiles y libertades prohibió a su pueblo? ¿Cuál tuvo a sus adversarios hasta 30 años presos y a otros fusiló? ¿Quién hizo pasar necesidades alimenticias y económicas al pueblo con un bloqueo nacional? ¿Quién llevó a la muerte a miles de cubanos a guerras ajenas a otros países solo para resaltar su figura? No es difícil concluir que es Fidel Castro.

El puede estar en los récords Guinness como el gobernante que más tiempo estuvo en el poder sin hacer plebiscitos, elecciones, ni consultas. Desde joven planificó y provocó que Estados Unidos –grande y poderoso país vecino– fuera su enemigo para llamar la atención de un David contra Goliat. Era su estrategia permanente para resaltar. Si estuviera en funciones hoy ya hubiera inventado algún motivo para bombardear los pasos en las buenas relaciones que están renaciendo con Estados Unidos.

Su rol fue dañino para Cuba. Antes de él no éramos un país perfecto –ninguno lo es– pero su etapa ha sido el más lamentable accidente de la nación cubana. Cuba era uno de los pocos países de nuestro hemisferio que no necesitaba una revolución extremista. Existían problemas, pero se podían solucionar sin hacer tanto daño humano, económico, político y social al país. En estos 56 años –con excepción de establecer la atención de la salud pública y la educación en todos los rincones del país– Cuba ha retrocedido. Hizo de Cuba el pueblo de América Latina menos nacionalista y apegado a su patria. De un país pequeño, dos millones o más se han ido y todavía hoy otra cantidad superior lo quiere hacer, y los que se quedan viven en la apatía. El legado de Fidel Castro es negativo.

Más de tres generaciones cubanas se han desgastado inútilmente en sacrificios, sueños rotos, y hasta la vida entregaron pensando que estaban construyendo un paraíso en la tierra. Sin embargo, tanto nadar para ir llegando hoy a la misma orilla, pero con el país arruinado y las familias divididas. Cuanto no desearíamos fuera todo lo contrario. Solo un irresponsable y una persona de malos sentimientos desearían tanta frustración de su casa nacional, pero no se puede mentir. El saldo es de ceros. Tan intransigente, opresor y dominante fue que hasta su propio hermano, el sucesor Raúl Castro, ha sobresalido algo por encima de él y lo ha eclipsado con el poco de oxígeno que está dando hoy.

En el análisis de la vida de Fidel Castro no se pueden omitir verdades. El pueblo cubano no está exento de culpas. Por inocencia, ignorancia o miedo él tuvo un enorme apoyo. Existe una parte considerable de cubanos que no tienen conciencia de ello, o se niegan a admitirlo, pero este más de medio siglo también es una mancha en el expediente de los cubanos de la isla y radicados en el exterior que no se puede ocultar. Desde la generación de la década de los años 50 hasta hoy, todas fueron utilizadas –con sus acciones u omisiones– como escalón y base para que él fijara su nombre en el Larousse de la historia. Hasta muchos que lo combatieron lo ayudaron con sus acciones y pareciéndose a él.

Por su edad y mal estado de salud se espera su fallecimiento. El día que suceda debíamos también enterrar con él nuestras ligerezas como pueblo y devoción a los caciques. Pido disculpas a sus hijos y familiares por esta columna, pero a Fidel Castro es muy difícil defenderlo.

Personalmente considero de muy mal gusto celebrar la partida de alguien. Si el que ha muerto no ha sido una buena persona o ha hecho daño allá él, pero no se debe descender la escala de valores. Haciendo silencio ante la muerte de otro ser humano –aun de nuestros adversarios– se demuestra grandeza de espíritu.

oscarpena_cuba@yahoo.com

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