Padre Alberto

PADRE ALBERTO: Nosotros somos las ‘ratas de laboratorio’

Hace unos días mi esposa, nuestros hijos y yo estábamos desayunando en un lugar típico latino que nos gusta mucho. Una de las empleadas nos trajo un café que estaba hirviendo, en un vasito de Styrofoam (espuma de poliestireno). Hicimos una cara, que aunque pensábamos ser discreta, fue suficiente para que la señora nos preguntase: ¿Qué pasa? Después de hablar de las toxinas que suelta ese material particular cuando está caliente y de los estudios que se han hecho al respecto, la señora nos dijo: “Parece que nosotros somos las nuevas ratas de laboratorio”. Y que razón tenía.

Lo sorprendente es que vivimos en una sociedad con tantos avances, tanta tecnología y en la cual la información circula y es asequible tan rápidamente, que a veces parece que las cosas más fundamentales las estamos dejando hacia un lado; como lo es la salud. Y quizás muchos de los problemas crónicos de la salud que estamos viendo, son el resultado de sustancias que consumimos sin saberlo y de los múltiples aparatos que tanto usamos a diario. Algo parecido ocurrió con los cigarrillos durante las décadas de los 60, 70 y 80; aunque la gente sigue fumando, ha disminuido el número de fumadores gracias a la educación y la cantidad tan grande de información que se ha dado al público. Y gracias a esa concientización se están salvando millones de vidas.

Hoy día la mayoría de nosotros pasamos horas usando los teléfonos celulares, computadoras, pantallas y hornos de microondas sin pensar en el impacto negativo a nuestra salud que pueda o no tener la radiación a la que nos exponemos. Tanto es así, que es imposible pensar cómo vivíamos y que hacíamos cuando no existían estos aparatos tan prácticos y multi-funcionales. La verdad es que dependemos del celular hasta para saber la hora; pregúntenles a los que venden relojes. Mientras más y más dependamos de estos y otros aparatos electrónicos, más debemos exigir a quienes los fabrican y venden que nos muestren que realmente estamos libres de peligro al usarlos.

En la actualidad existen una gran variedad de organizaciones mundiales, dentro y fuera de Estados Unidos (incluyendo el EPA – Environmental Protection Agency), que estudian estos temas y casi todos confirman que existe “cierta evidencia” y cierto grado de preocupación por estas nuevas formas de contaminación, pero aún no tienen conclusiones que sean suficientemente fuertes como para cambiar la tecnología o dar a conocer el nivel de su verdadero impacto para la salud humana. Creo que esto nos presenta el reto de estar más y más conscientes cada día de lo que consumimos y de cómo nuestros propios hábitos y ambiente pueden afectar nuestro bienestar general.

El filosofo griego Heráclito decía: “La salud humana es un reflejo de la salud de la tierra”. Dios quiera que todos nos ocupemos un poco más de la salud del planeta entero para que nuestra propia salud como seres humanos también sea mejor. Y confiemos que en el proceso no nos conviertan en las nuevas “ratas de laboratorio”.

El Padre Alberto Cutié es sacerdote de la Diócesis Episcopal del Sureste de la Florida y Rector de la Iglesia de la Resurrección en Biscayne Park, Miami.

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