Padre Alberto

PADRE ALBERTO: El mejor de los regalos

Gracias a Dios ya pasaron el “viernes negro” y el “lunes cibernético”, pero la verdad es que la presión de ir de compras y de comenzar a buscar los mejores precios para los regalos de la Navidad aparenta estar en aumento año tras año. Creo que el próximo año ya no esperarán a que se acabe el verano para empezar a decorar las tiendas y poner la musiquita nostálgica que a todos nos recuerda esta temporada. Hasta la misma noche de Thanksgiving ( el día de Acción de Gracias), que siempre fue una fecha en la cual nadie trabajaba, ya se ha convertido en un corre corre para muchos que tienen que irse de sus reuniones familiares para empezar a abrir las tiendas para los demás que también dejan a sus familias para irse de compras. ¡Es una verdadera locura!

Ha llegado el momento para redescubrir y poner mayor énfasis en el significado espiritual de estas fechas. Vivimos en una sociedad pluralista, donde existen personas de una gran variedad de creencias religiosas y tradiciones espirituales, pero casi todos reconocemos que la Navidad tiene muy poco que ver con el énfasis material que le hemos puesto. Los regalos siempre serán, y estoy convencido que deben ser, mucho menos importantes de lo que los hemos convertido. Todos los aparatos y cosas que regalamos, por muy baratas o caras que sean, tendrán poco impacto en nuestra vida a largo plazo y tienen muy poco que ver con lo que realmente decimos que estamos celebrando.

Desde el punto de vista del cristianismo si nos ponemos a reflexionar sobre el verdadero significado de estas fechas, los regalos todos están de más, ya que celebramos el regalo más grande que Dios pudo haberle dado a nuestra humanidad: El regalo del Dios-con-nosotros, el Emanuel – Su único hijo.

Quizás los regalos nos sirvan como una distracción, un entretenimiento y hasta como una forma de expresar afecto. Pero la realidad es que el verdadero regalo del amor de Dios solo se manifiesta cuando ofrecemos amor y perdón, cuando damos de comer al hambriento, cuando visitamos al enfermo y al que está solo y cuando nos ocupamos un poco más de las personas a nuestro alrededor. Todos los demás regalos están de más, si no tenemos tiempo para dar y ofrecer el regalo de nosotros mismos. De hecho, decimos que lo que damos es un “presente” y si prestamos más atención a esa palabra y realmente estuviéramos más “presentes” a quienes más nos necesitan; quizás ese pudiera ser nuestro mayor regalo.

Hace más de 2,000 años, en aquel pesebre y en aquella noche fría estaban Jesús, María y José, recibiendo el calor humano de los pastores y de quienes reconocieron que allí estaba pasando algo muy especial. Vayamos nosotros también al pesebre y de rodillas reconozcamos que ya Dios nos ha dado el mejor de los regalos; la salvación. El se hizo carne y presente para toda la humanidad.

El Padre Alberto Cutié es sacerdote de la Diócesis Episcopal del Sureste de la Florida y Rector de la Iglesia de la Resurrección en Biscayne Park - Miami.

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