Padre Alberto

PADRE ALBERTO: Un Dios que está muy cerca

Se acerca una de las fiestas cristianas más sagradas del año: la Navidad. Si hacemos una pausa para reflexionar y considerar lo que realmente celebramos –el hecho de que Dios se hizo carne y habitó entre nosotros– nos damos cuenta que es algo muy grande de verdad. Es la celebración del misterio de la encarnación, del Dios-con-nosotros, el Emanuel.

Aunque para la mayoría de nosotros, los misterios y las cosas de Dios no siempre son fáciles de entender, estoy convencido de que la popularidad de estas fiestas se debe a que el centro de esta celebración no es tan difícil de captar. La lección central de la Navidad es muy sencilla: Dios nunca quiso ser un Dios lejano; sino muy muy cercano. Al tomar nuestra condición humana y al hacerse carne, mostró esta verdad de una forma clara que engrandece nuestra humanidad para siempre.

Uno de los villancicos más alegres de esta temporada es “Los Peces en el Río”. Este es quizás uno de pocos cantos que exaltan la humanidad del Hijo de Dios cuando nos hablan con tanta naturalidad del trabajo doméstico de la Virgen María y de la realidad de que ese niño –a pesar de ser Dios– también necesitaba pañales. Una de las estrofas expresa esa realidad muy gráficamente: “La Virgen lava pañales y los tiende en el romero, los pajarillos cantando, y el romero floreciendo”(Villancico español: Los Peces en el Río).

El problema con gran parte del cristianismo es que hemos hecho todo lo posible por convertir a Jesús en un Dios lejano –un Dios antiséptico como el Listerine. Lo hacemos cuando hablamos de aquel Dios que suena como si viviera tan tan lejos, pero no somos capaces de reconocer Su presencia en el prójimo, que está parado en frente de nosotros. Lo hacemos cuando convertimos a Dios en algo que existe en ciertas instituciones, grupos religiosos y no en otras; como si a Dios lo pudiéramos limitar y encasillar a nuestros criterios particulares o culturas. Gracias a Dios – El es mucho más grande que todo eso.

El pesebre sí era pequeño, pero nos recuerda que las cosas más grandes de la historia casi siempre comienzan con una pequeña chispa, algo que hasta puede pasar por desapercibido. De hecho, todos los estudiosos y expertos bíblicos confirman que todo lo que tenemos en el Nuevo Testamento sobre el nacimiento y la infancia de Jesús fue producido mucho tiempo después de lo que tenemos sobre su muerte y resurrección. Lo importante es nunca olvidar que el Dios que nació en ese pequeño pesebre recibió la visita de pastores, sabios del Oriente, animalitos y Ángeles – o sea, es un Dios sin límites ni fronteras. Ojalá que nosotros, que deseamos seguirle, tuviéramos la misma apertura y podamos celebrar la Navidad mostrando al mundo que realmente creemos en un Dios muy muy cercano. ¡Feliz Navidad!

El Padre Alberto Cutié es sacerdote de la Diócesis Episcopal del Sureste de la Florida y Rector de la Iglesia de la Resurrección en Biscayne Park - Miami.

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