Padre Alberto

PADRE ALBERTO: Cuando Dios bendice

Todos los que crecimos en hogares hispanoparlantes recordamos las palabras del famoso refrán que nos enseñaron nuestros padres y abuelitos, “El hombre propone y Dios dispone”. ¡Qué gran verdad! Nos pasamos la vida pensando que con nuestros pensamientos y nuestra voluntad podemos decidirlo todo –o casi todo– pero no es así.

Vivir con fe es considerarse una persona bendecida de verdad, más allá de las circunstancias o dificultades que nos pueda presentar la vida. Me encanta esa frase que se ha hecho famosa entre nuestros hermanos evangélicos cristianos, cuando uno les pregunta: ¿Cómo estás? Y contestan con el entusiasmo que les caracteriza, “bendecido”. Y así es. Somos realmente bendecidos. Quizás nuestro mayor reto en la vida es reconocernos bendecidos y saber identificar las cosas grandes y pequeñas que Dios hace en nuestras vidas a diario.

Hoy quiero compartir con ustedes lo que ocurre en la vida de una persona que se reconoce “bendecida” y también por qué considero tan importante que vivamos con esa actitud; que es el resultado directo de vivir con cierta sabiduría espiritual.

▪  Cuando Dios bendice, la persona no vive preocupada, con temor ni con ansiedad. Si hay una frase bíblica que vemos repetida en ambos testamentos muy a menudo es “no tengan miedo”. Vivir con miedo, con ansiedad y con preocupación por cualquier cosa que al final no podemos ni vamos a controlar, es gastar el tiempo. Nuestra vida está en manos de un Dios bueno y debemos confiar en El –sea cual fuere nuestra preocupación. Su plan para nuestras vidas siempre es mejor que el nuestro.

▪  Cuando Dios bendice, vivimos viendo lo mejor en los demás. La crítica, la envidia y el chisme ya no tienen lugar en nosotros. La persona que tiene más tiempo para opinar sobre los comportamientos ajenos que ver y estudiar los propios, no puede crecer, ni mejorar. La crítica negativa y el hablar negativamente de los demás no conduce a nada. Es tiempo perdido. Ver a cada ser humano como hijo de Dios y reconocer la presencia de un Dios bueno en cada persona, nos ayuda a poner la vida en perspectiva y a no emplear el tiempo pensando que todos tienen que ver la vida como la veo yo.

▪  Cuando Dios bendice, vivimos con gratitud. La persona agradecida es una persona más optimista, más alegre y, casi siempre, le va mejor en todo. Ser agradecidos nos ayuda a mirar hacia arriba muy a menudo y darnos cuenta de que todo es bendición. El que no agradece por las cosas que parecen ser tan insignificantes (el don de la vista, respirar, escuchar, conversar, etc.) tampoco será agradecido por las cosas que otros pueden considerar muy muy importantes.

▪  Cuando Dios bendice, te sientes que cada día te has ganado la lotería, con simplemente abrir los ojos cada mañana; ver el cielo azul, el sol, las nubes y este mundo bello que Dios nos ha dado. El bendecido no tiene tiempo para quejarse, ni para sentir que sus problemas son los más grandes. El que se reconoce bendecido sabe que siempre hay personas que tienen dificultades y cruces muchas más grandes que las suyas.

Vivir conscientes de que “el hombre propone y Dios dispone” es un ejercicio bueno y sabio. Nuestras vidas están en manos de un Dios bueno, que, en las altas y las bajas de la vida, nos bendice –incluso cuando nos es difícil verlo. Nuestra tarea es reconocer que estamos bendecidos.

El Padre Alberto Cutié es sacerdote anglicano/episcopal en la Diócesis del Sureste de la Florida. Es rector de la iglesia Saint Benedict en Plantation, www.saintbenedicts.org

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