Padre Alberto

PADRE ALBERTO: ‘Espiritual’, pero no ‘religioso’

Comprando un café a pocas cuadras de mi nueva parroquia, me encontré en una situación que enfrento a menudo. El señor sonriente, al verme vestido con el cuello clerical, me pregunta: “¿Usted es pastor?”. Le contesto, “Sí, soy sacerdote en esa iglesia a unas cuadras de aquí”. Comenzamos una conversación amena. En ese momento en muchas ocasiones siempre me toca escuchar la trayectoria religiosa o espiritual de la persona que comienza con su historia de varios minutos casi instantáneamente. Me imagino que esto ocurre porque la gran mayoría de las personas que no asisten regularmente a una iglesia o sinagoga tienen pocas oportunidades para hablar con un líder religioso. Lo entiendo.

Lo que me es difícil de entender es cuántas personas justifican su ausencia total o desinterés de practicar su fe religiosa diciendo, “…Es que realmente yo soy espiritual, pero no religioso”. Respeto a todo el mundo y entiendo muy bien el movimiento de ser o sentirse “espiritual”, pero no creo mucho en ese tipo de espiritualidad individual divorciada de una tradición y una práctica que requiere regularidad, constancia y cierto nivel de disciplina personal. De hecho, no conozco un solo líder; ni la Madre Teresa, ni Gandhi, ni Martin Luther King, ni el Dalai Lama pudieron darse el lujo de decir que eran “espirituales pero no religiosos”. Toda espiritualidad autentica requiere un sistema religioso que la guíe.

Escuchando a un grupo de jóvenes adultos en una reunión hace poco, me decían varios mientras andaban semi-cabizbajos apretando los botones de sus en sus teléfonos celulares conversando conmigo y con varios cientos otros con los que están conectados en sus redes sociales, “Padre Alberto, eso de la iglesia lo deben hacer por internet, porque la mayoría de nosotros no queremos levantarnos los domingos en la mañana para ir a la iglesia. Por el bien de la paz del momento y por no aparentar ser un “fanático religioso” los escuche y no dije mucho… aunque si les dije algo de lo que voy a compartir con ustedes en esta reflexión.

▪ Tenemos mucho tiempo para los deportes, incluso madrugamos para ir a pescar, salir en el bote o llevar los hijos a los partidos deportivos durante tres o cuatro horas, pero no tenemos tiempo para ir a la casa de Dios por una o dos horas.

▪ Hablamos de lo mal que está el mundo, del odio en el corazón de los terroristas y del crimen que a veces nos rodea y vemos en las noticias, pero no tenemos tiempo para nutrir nuestras almas con el mensaje de amor y de fe que se predica y propaga en la gran parte de nuestras tradiciones religiosas.

▪ Criticamos a quienes van a la iglesia e incluso les ponemos el nombrete de “fanáticos” o “hipócritas”, sin darnos cuenta que en la hipocresía caemos todos y que la iglesia no es un museo de santos, sino un hospital para quienes quieren ser mejores.

Que no me hablen más de ser muy “espirituales, pero no religiosos” porque he llegado a una etapa de mi vida en que no les creo. Si realmente sentimos algo por Dios y buscamos una vida más espiritual, tenemos que hacer tiempo para las cosas de Dios y no podemos vivir como parientes lejanos de Aquel que nos dio la vida y todo el tiempo que disfrutamos. Además, hacer un tiempito para Dios visitando nuestra iglesia local nos puede hacer mucho bien.

El Padre Alberto Cutié es sacerdote Episcopal/Anglicano en la Diócesis Episcopal del Sureste de la Florida y Rector de la Iglesia de St. Benedict en Plantation, FL.

www.padrealberto.com

Twitter: @padrealberto

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