Padre Alberto

PADRE ALBERTO: ESA GENTE…

Inmigrantes mexicanos sostienen banderas en una manifestación en Washington, DC.
Inmigrantes mexicanos sostienen banderas en una manifestación en Washington, DC. EFE

En el contexto del gran debate del tema de inmigración en Estados Unidos, en muchas ocasiones he escuchado a latinos expresarse, con un tono despectivo, sobre “esa gente” –refiriéndose a inmigrantes indocumentados e incluso a quienes llegan legalmente. Tenemos corta memoria y demasiado a menudo no nos damos cuenta de que todos hemos tenido que salir de nuestros países de origen por alguna razón; la mayoría de las veces por situaciones totalmente inesperadas y fuera de nuestro control.

No soy de los que me gusta darles un cocotazo a las personas con la Biblia, pero las sagradas escrituras, en el libro del Deuteronomio nos dicen, “Dios… hace justicia al huérfano y a la viuda… ama y da alimento y vestido al extranjero que vive entre ustedes. Ustedes, pues, amen al extranjero, porque también ustedes fueron extranjeros en Egipto” (Deuteronomio 10:17-19). Este texto de las escrituras hebreas nos debe hace pensar y reflexionar. Además, nos llama a nunca olvidar nuestros antepasados que pasaron por lo mismo que muchos están sufriendo en nuestros tiempos.

Entiendo que el debate continúa y se ha acentuado aún más, con la crisis de los refugiados de Siria. Pero, si lo analizamos desde una perspectiva espiritual, realmente no importa de dónde sean los refugiados: inmigrantes, extranjeros o forasteros, todos somos hijos de Dios. Las fronteras son accidentes de la historia y cuando no se puede vivir en un lugar por cualquier razón que sea, los seres humanos tenemos un instinto –dado por el mismo Dios– de sobrevivencia. Esas personas no tienen la culpa de estar sufriendo tanta injusticia y tanta violencia. Se van, porque no tienen otra opción.

Las fronteras son accidentes de la historia y cuando no se puede vivir en un lugar por cualquier razón que sea, los seres humanos tenemos un instinto –dado por el mismo Dios– de sobrevivencia

No quiero entrar en política, porque no creo ni en la izquierda ni en la derecha –ambos campos me han decepcionado. Creo en la humanidad. Creo en Dios. Y estoy convencido cada día más y más que cuando los seres humanos unimos la cabeza y el corazón, cosas maravillosas ocurren. Cuando unimos nuestros esfuerzos y nos permitimos ver más allá de la raza, condición, religión y cultura de las personas, somos capaces de actuar con más compasión y más humanidad.

Seamos realistas; esto no se trata de una crisis pasajera que va a desaparecer tomando una postura u otra. El tema de la inmigración y el movimiento mundial de personas estará con nosotros por mucho tiempo, ya que el mundo en que vivimos sufre de gran inestabilidad, corrupción y políticas fracasadas que impulsan al ser humano a dejar su ambiente conocido y su comodidad cultural, para lanzarse a vivir el sueño que todo ser humano tiene derecho a soñar –el sueño de vivir en libertad, justicia y con cierto nivel de seguridad para su familia y sus hijos.

¿Es mucho pedirle a Estados Unidos o cualquier otro país desarrollado que abra su corazón y sus puertas a los que más sufren en este mundo? No lo creo.

El Padre Alberto Cutié es sacerdote episcopal/anglicano en la Diócesis del Sureste de la Florida y rector de la iglesia Saint Benedict en Plantation, www.saintbenedicts.org

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