Roland J. Behar

ROLAND J. BEHAR: Libertad de expresión

Roland J. Behar

Voltaire nos regaló un pensamiento que, de cierto modo, define las normas del mundo civilizado con respecto a la opinión del otro y el derecho inalienable que tiene a expresarlas: “No comparto lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”. Lamentablemente no se practica ni se permite en una inmensa parte de nuestro universo debido a –como también él nos dijo– “cuando el fanatismo ha gangrenado el cerebro, la enfermedad es casi incurable”, sea porque los fanáticos ostentan el poder o sea esto porque sustentan o interpretan una fe que los impulsa a cometer sobre sus semejantes los más horribles crímenes.

La sociedad norteamericana fue engendrada por hombres y mujeres que llegaron a estos lares luego de ser víctimas del fanatismo religioso y se empeñaron en garantizar en su Constitución el derecho del individuo por encima del de la sociedad en todos los aspectos, pero fundamentalmente en la libertad de culto y de expresión.

Difiero diametralmente de muchos de los métodos que utiliza Pamela Geller, presidenta y fundadora de la Iniciativa de Defensa de la Libertad Americana o American Freedom Defense Initiative (AFD por sus siglas en inglés). Su organización ha patrocinado una campaña en las más importantes ciudades de Estados Unidos a través de letreros muy controversiales, que en mi opinión invitan más a la confrontación que al diálogo, lo cual nunca es sano.

Su último empeño resultó ser un certamen de caricaturas de Mahoma con un premio de $10,000, al cual asistieron alrededor de 300 personas y terminó con la eliminación física de dos terroristas que viajaron 1000 kilómetros, fuertemente armados, con la intención de asesinar a los asistentes del evento por sentirse ofendidos por lo que allí se realizaba.

Repito incansablemente que una cosa es el Islam y otra el islamismo radical que se basa en la práctica e imposición de la sharia donde quiera que se encuentren, ya sea en su país de origen o en los que emigren. La intensidad y fiereza con que lo hagan solo dependerá del número de sus afiliados presentes en el área y la capacidad de las fuerzas del orden en impedirlo. La vocación y el mandato a castigar con violencia a los infractores son intrínsecos.

El punto que la Sra. Geller presenta es simple, expone que las opiniones y expresiones inofensivas no necesitan ser defendidas por la primera enmienda de la Constitución americana: son precisamente, las molestas y las que pueden resultar ofensivas las que necesitan protección y, absolutamente, no deben ser reprimidas con violencia.

Sobran los ejemplos de caricaturas y obras de arte que se mofan y han mofado de cristianos y judíos hasta más allá del peor gusto más aborrecible, pero ninguno ha provocado que cristianos o judíos se armen para asesinar a sus autores o establecer una orden como en este caso se ha dictado una fatwa para asesinar a la Sra. Geller quien, por cierto, ha declarado que no ha recibido oferta del FBI de protegerla.

Otro recipiente de una fatwa similar fue Salman Rushdie, luego de su publicación de los Versos Satánicos. Otro tanto sucedió en el 2005 cuando el periódico danés Jyllands-Posten publicó una serie de caricaturas de Mahoma que, eventualmente, llevó a protestas alrededor del mundo, incluyendo manifestaciones violentas y disturbios en algunos países musulmanes.

Aún está fresca la sangre derramada por los periodistas de Charlie Hebdo luego de la publicación de caricaturas de Mahoma. Por cierto, esta revista siempre se ha caracterizado por lo ofensivo de sus caricaturas, de las cuales nada ni nadie han quedado ilesos; pero jamás habían sido atacados con esa furia y mucho menos irrumpir en su sede para asesinar a sus integrantes.

Tenemos un problema. Según algunas publicaciones el FBI está consciente de al menos 22 enclaves de paramilitares islámicos en los Estados Unidos, y que estos se encuentran principalmente en áreas remotas de California, Georgia, Carolina del Sur, Nueva York, Texas, Virginia, Virginia Occidental, Michigan, Tennessee y otros estados. Si a esto sumamos los posibles lobos solitarios como los sujetos del reciente incidente de Texas, podríamos estar hablando de miles de asesinos en potencia listos para castigarnos en el momento que nos expresemos de un modo que consideren ofensivo a sus creencias. ¿Estamos listos para defendernos? ¿Están nuestras entidades de inteligencia suficientemente entrenadas y equipadas para impedirlo? Este último incidente pudo haber desembocado en una masacre y sólo se evitó gracias al buen sentido y la pericia de dos valerosos policías armados solamente de su fantástico olfato y dos pistolas, frente a dos asesinos provistos con fusiles de asalto.

Mucho nos pudiera ayudar Israel a prepararnos. Creo que no estamos listos. ¿A Ud. no le parece? A mí, sí.

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