Roland J. Behar

Disyuntiva

Manifestantes palestinos queman neumáticos en el límite de la Franja de Gaza con Israel el 17 de agosto, mientras soldados israelíes disparan gas lacrimógeno.
Manifestantes palestinos queman neumáticos en el límite de la Franja de Gaza con Israel el 17 de agosto, mientras soldados israelíes disparan gas lacrimógeno. AP

La intrincada historia de las relaciones entre judíos y árabes en ese tan seminal punto geográfico de nuestra civilización que es el Medio Oriente, no deja de evolucionar de varios modos. Cuando pensábamos que habíamos recorrido todos los meandros de este largo camino, sin aparente final posible, renace una vieja propuesta.

Hamas lleva más de cuatro meses dando candela a cuanto neumático puede llevar a la frontera y lanza artefactos incendiarios a través de cometas o papalotes, además de cientos de misiles. Para serles sincero, yo estoy a punto de regocijo previendo lo que les espera a estos salvajes; no hay un alto al fuego por parte de Hamas, ni temporal, como siempre.

Crea un precedente, un poco raro para Hamas, esta prematura negociación de cese al fuego antes de que empiece el fuego de castigo israelí. Hasta ahora, la acción militar israelí ha sido controlada y cautelosa, sin intención de hacer daños irreparables.

De acuerdo con un artículo publicado en el Times de Israel, con fecha 20 de agosto del año en curso, al parecer, puede haber un cambio de jugadores y de juego como, al parecer, apunta la política del nuevo rey de Arabia Saudita, o una combinación de ambos dentro de la Autoridad Palestina.

Ambas pandillas, la Autoridad Palestina y Hamas, están atravesando una crisis económica y moral como resultado inmediato de la reducción del envío de fondos por parte de israelíes, norteamericanos y sauditas. Llevan 56 años ofreciendo falsas promesas a su gente que jamás cumplirán y, mientras tanto, derrochan vida y sangre palestinas inútilmente.

Los lobos están comenzando a morderse entre sí. La Autoridad Palestina aprovecha para intentar chantajear al gobierno israelí con la imagen de Judea, Samaria y Gaza bajo el dominio de Hamas.

Resucitan la idea, también defendida por la (mínima marxista) extrema izquierda israelí, de conformar un solo estado bajo la bandera de Israel, en todas las tierras, incluyendo Judea, Samaria y Gaza, con todos los ciudadanos, judíos, musulmanes, cristianos y de otras etnias como ciudadanos israelíes, con los mismos derechos ante la ley. O sea, todos los palestinos se convertirían en ciudadanos israelíes, incluyendo terroristas y el resto de la jauría.

La inmensa mayoría de los israelíes se oponen desde ambos lados del espectro político. Esta opción causaría una cesación de Israel como se ha concebido. El balance poblacional estaría desproporcionadamente en contra de los judíos puesto que el número de árabes podría, en un plazo más o menos corto, superar, con creces, a los judíos en número. Israel se vería en la disyuntiva de ser judío, o democrático.

El portador de esta idea y, quién sabe si su sucesor, es el hijo de Mahmoud Abbas, Tarik Abbas. Por supuesto que Mahmoud Abbas lo aprueba. No olvidemos su extracción marxista y su educación soviética.

La intriga comenzó a tejerse cuando Tarik Abbas se reunió con Jason Greenblatt, el enviado especial de la Casa Blanca, comisionado por la Administración Trump para negociar un acuerdo de paz en Medio Oriente.

Durante la Asamblea General de la ONU en Nueva York el pasado septiembre, Tarik tuvo expresiones tan contundentes como: “Apoyo una solución de un solo estado entre el Jordán y el Mar Mediterráneo, con los mismos derechos para todos sus ciudadanos”.

Al parecer, representa una corriente importante dentro de la población palestina que está exhausta de la situación, y quiere tener una vida en paz con los israelíes, hacer negocios y vivir. Tristemente, creo que no son los que dominan el discurso. Los terroristas no van a renunciar a su sueño de arrojar a los judíos al mar.

En el mismo citado artículo del Times de Israel aparece un fragmento de declaraciones hechas, al respecto, por el rey de Jordania, Abdullah, advirtiéndole a Trump sobre la posibilidad de una solución de un solo estado: “Muchos jóvenes palestinos ya no quieren la solución de dos estados, sino que prefieren vivir juntos con los israelíes en un estado con los mismos derechos para todos... El resultado será que Israel perderá su carácter judío”. Según informes, Trump luego respondió: “Lo que dices tiene sentido... el primer ministro de Israel en unos pocos años se llamará Mohamed”. Difiero de Trump y difiero de Abdullah.

Pienso que sería suicida para Israel contemplar esa opción. Lo ideal sería, quizás, tratar de conseguir, como los suizos, una convivencia federativa donde ambas culturas existan, sin aspirar a la desaparición de la otra.

El carácter judío de Israel no es, ni será negociable. Los judíos no renunciarán jamás a vivir libres en su tierra. Que los árabes renuncien, primero, a la violencia y acepten a Israel como Estado Judío. Después veremos cómo nos acomodamos. ¿A Ud no le parece? A mí, sí.

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