Roland J. Behar

ROLAND J. BEHAR: ¿Hacia dónde, capitán?

Cuando un barco cruza el mar enardecido tanto la tripulación como los pasajeros cuentan con que el capitán les salve del apuro y les lleve a buen puerto. En sus manos están las vidas de todos. Los Estados Unidos y el mundo en general estamos atravesando por uno de los momentos más difíciles de la historia moderna. Nuestra nave va a la deriva y nuestro capitán no tiene la menor idea.

El grupo llamado ISIS o ISIL o EI (conocido por todos estos nombres) se autotitula en todos ellos como islámico pero, para el presidente, no lo es. Es cierto que, afortunadamente, todos los seguidores del islam (Sometimiento) no son terroristas. El islam es una religión como todas, cuyos feligreses practican y respetan los cánones del Corán en mayor o menor grado, dependiendo de su religiosidad y entorno.

El islamismo por otra parte es una horrenda combinación de la interpretación más ortodoxa del Corán con el intento de imponer por la fuerza sobre el orbe un sistema de gobierno basado en la Shariá de modo inapelable.

El islamismo, como tesis organizada, surge en 1928 de la mano de Hassan El-Bana, un maestro de escuela de 22 años, egipcio, sunita y practicante del sufismo, quien funda la Hermandad Musulmana, fuente de inspiración y estructura de cada grupo terrorista islámico de hoy día en todas las latitudes incluyendo, por supuesto, a Hamas, Hizbolah y la Yihad Islámica, así como su más reciente y feroz retoño: ISIS o ISIL o EI … o como decidan llamarle a este nuevo proyecto de Califato mundial.

Hassan El-Bana planteó que el islam, además del canon religioso, es también un modo de vivir. No lo interpreta como lo hicieron sus ancestros, sino que agrega las atribuciones del wahabismo saudita y su elemento base del Yihad guerra santa (término que significa “lucha a favor de Dios’’.) El hecho de que a todo musulmán que muere en una guerra santa se le asegure su lugar en el Paraíso, constituye un fuerte incentivo para la práctica de la violencia y el asesinato. Mientras los occidentales respetan y aprecian la vida, nuestros enemigos cultivan la muerte.

El esperado discurso presidencial del pasado miércoles 10 de septiembre, justo un día antes del aniversario del horrendo crimen perpetrado por los islamistas contra nuestra nación aquel 11 de septiembre del 2001, careció de la certeza y confianza en el futuro y de la pericia que se espera de nuestro comandante en jefe para darnos la tranquilidad y la confianza que esperábamos y precisan los momentos que vivimos.

Como comandante en jefe, mi prioridad es la seguridad del pueblo estadounidense. En los últimos años, hemos tomado constantemente la lucha a los terroristas que amenazan a nuestro país. Acabamos con Osama Bin Laden y gran parte del liderazgo de al Qaeda en Afganistán y Pakistán. Hemos atacado a afiliados de al Qaeda en Yemen y recientemente eliminado el comandante en jefe de su filial en Somalia. Lo hemos hecho trayendo más de 140,000 tropas americanas a casa desde Irak, y disminuyendo nuestras fuerzas en Afganistán, donde nuestra misión de combate terminará a finales de este año. Gracias a nuestros militares profesionales y nuestra lucha contra el terrorismo, Estados Unidos es más seguro. No le creo.

Los resultados de la salida prematura de nuestras tropas de Irak por cumplir la popular promesa electoral al respecto, el equivocado tratamiento a los antiguos oficiales del ejército de Sadam Hussein, enlazado ello con la desastrosa y sectaria administración del ex primer ministro iraquí Nouri Kamil Mohammed Hasan al-Maliki más la manera equivocada de manejar el conflicto de Siria —que ya ha cobrado más de 200,000 vidas— han traído como resultado evidente la aparición de ISIL (Estado Islámico de Irak y el Levante). Ante nuestra debilidad, nuestros enemigos se crecen.

El presidente propone seguir una política similar a la llevada a cabo en Somalia y Yemen. En ese caso, veamos lo que nos espera:

El grupo terrorista somalí conocido como Al-Shabaab opera libremente en una buena parte del territorio somalí y además tiene ramificaciones en Uganda y en Kenia. Fueron los responsables del atentado terrorista ocurrido en Nairobi en octubre del 2013 en un concurrido centro comercial.

En Yemen existe prácticamente una guerra civil entre el gobierno, los hutíes (chiitas) y Al Qaeda (sunitas) lo cual impide predecir cuál va a ser el futuro de tan atormentado país. Si esto es lo que nos promete nuestro comandante en jefe como la solución al problema en Irak y Siria, es para preocuparse. ¿A Ud. no le parece? A mí, sí.

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