Roland J. Behar

El milagro norteamericano, las leyes electorales y la inclusión de las minorías

El presidente Lyndon B. Johnson firma la Ley de los Derechos Electorales (Voting Rights Act) el 6 de agosto de 1965, en el Salón Presidencial del Capitolio de EEUU, en Washington D.C.
El presidente Lyndon B. Johnson firma la Ley de los Derechos Electorales (Voting Rights Act) el 6 de agosto de 1965, en el Salón Presidencial del Capitolio de EEUU, en Washington D.C. Archivo/AP

Las leyes del sufragio para la mujer (1920), los derechos civiles (1964) y los derechos electorales (1965), fueron votadas favorablemente por mayorías republicanas en beneficio de las minorías. Les apoyó un nutrido grupo de demócratas quienes anteponían los intereses del país a intereses políticos.

Estas leyes imprescindibles y otras que le siguieron transformaron la sociedad norteamericana como nunca, beneficiándola desde entonces.

Norteamericanos de todos colores, partidos y credos trataban de rectificar las injusticias y los errores cometidos por generaciones anteriores contra una parte considerable de la población, fueran, negros, judíos, ibero descendientes, asiáticos o de cada país, color y religión posible como, en definitiva, somos todos en este país, excepto los asimilados aborígenes.

De algún lugar vino nuestra familia, fuimos todos inmigrantes; pero, los primeros, esos idearon e impusieron las reglas del juego. Las sellaron con la premisa de que “nadie está por encima de la ley”. Los norteamericanos, han rectificado sus leyes cuando urge. No renunciemos al método usado consistente en que los cambios se hagan mediante la ley. Se supone que nuestros representantes defiendan nuestros intereses, no con violencia, odio, ofensas o separando a la familia norteamericana por una u otra agrupación política a favor o en contra de ninguna persona. Se hace ley de lo que en todo coincidamos. Nada ganamos con proclamar nuestras diferencias, sin ánimo de resolverlas.

Cuando el Partido Republicano recuperó el control del Congreso (1920), la Enmienda de Igualdad de Sufragio fue aprobada por la Cámara y por el Senado. Cuando se presentó la Enmienda a los estados, 26 de 36 estados ratificándola, tenían legislaturas republicanas. La votación final en el Senado aprobó la enmienda con un voto de mayoría republicana.

La aprobación de la Ley de Derechos Civiles (1964), evento significativo del sur profundo se apoyó en el Partido Republicano. Ese año la mayoría de los senadores republicanos apoyó la Ley. La oposición provenía de los demócratas del sur.

Robert Carlyle Byrd, un miembro del Partido Demócrata y del KKK, senador por West Virginia (1959-2010), siguiendo la política del partido, se opuso a la desegregación y los derechos civiles impuestos por el gobierno federal.

Cuando la Ley de Derechos Electorales llegó a los tribunales en 1965, los resultados de los votos reflejaron los de la Ley de Derechos Civiles. En el Senado, la medida fue aprobada por 77 votos a favor, el 73 por ciento de los demócratas y el 94 por ciento de los republicanos apoyando el proyecto de ley. Entonces, está claro que el apoyo republicano a estos tres proyectos de ley era considerable

En 1965, en el momento de la aprobación de la Ley de Derechos Electorales, había seis miembros afroamericanos en la Cámara de Representantes de Estados Unidos y no negros en el Senado de EEUU. En 1971, había 13 miembros de la Cámara y un miembro negro del Senado. En solo seis años.

Los estadounidenses de origen alemán son el grupo étnico más grande de Estados Unidos si se dividiera a los hispanos por su país de origen, por ejemplo Cuba, México, Colombia, etc.

Según la Oficina del Censo, 46 millones de estadounidenses afirmaron tener ascendencia alemana: 33 millones remontan sus raíces a Irlanda y 25 millones a Inglaterra. Más de 15.7 millones se identifican como italoamericanos. Suman alrededor de 110 millones: la mayoría étnica del 40 por ciento de la población. En realidad, lo que la Legislatura no resolvió en términos de igualdad, la cama se encargó de hacerlo: la mayoría de la población actual es multiracial, multicultural, multiclerical, y eso otro que yo aún no entiendo muy bien: lo de la multisexualidad. En definitiva, aquí sí se cumple que quien no tiene de congo tiene de carabalí, como decían en mi tierra. Hoy cualquiera desciende de europeos, judíos, musulmanes, africanos, asiáticos o árabes.

Los 435 que sirven en la Cámara de Representantes están repartidos así: cuatro senadores y un representante representan a los afroamericanos, unos 42 millones, el equivalente al 14 por ciento de la población EEUU. Los 57 millones de íbero descendientes, 17.8 por ciento del país, están representados por cuatro senadores y 34 representantes (7.8 por ciento). Los asiáticos tienen tres senadores y 12 representantes.

Todos eran blancos y dueños de grandes fortunas cuando el primer Congreso bajo la presidencia de George Washington, compuesto por el Senado y la Cámara de Representantes, se reunió del 4 de marzo de 1789 al 4 de marzo de 1791. Creo que hemos avanzado más que ninguna otra sociedad en la historia del mundo en términos de igualdad social y oportunidades.

Creo también que es más útil para el alma nacional disfrutar lo que tenemos y no poner tanto hincapié en lo que nos falta. ¿A Ud. no le parece? A mí, sí.

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