Vicente Echerri

La inevitable guerra de Corea

Una noticia que pasó velozmente por los titulares de los últimos días fue la amenaza del gobierno de Corea del Sur al régimen comunista de Corea del Norte de que un acto de agresión sería respondido con la aniquilación de Pyongyang, es decir, la destrucción total de una ciudad de más de 3 millones de habitantes. ¡No poca cosa! Tales palabras —aunque es verdad que “del dicho al hecho…”— responden, sin duda, a la impaciencia de los dirigentes sudcoreanos, incluidos los altos mandos de sus fuerzas armadas, con el creciente desarrollo del armamento nuclear en el país del norte del que no se cansan de dar pruebas frente a todas las críticas y sanciones del mundo.

Corea del Norte es ya una potencia atómica, no es algo que está en camino de ser, con una veintena de ojivas nucleares en este momento y la capacidad, según los expertos, de incrementar ese arsenal a un ritmo de siete bombas por año. Ahora mismo, la posibilidad de alcanzar con un cohete el territorio continental de Estados Unidos no pasa de ser una bravuconada, pero es un objetivo factible en unos pocos años. Desde luego, Corea del Sur, Japón, Filipinas, Tailandia, entre otros países de la región, ya se encuentran bajo esa amenaza. La reacción de los sudcoreanos es predecible, e indudablemente debe de haber contado con la aprobación —tácita o explícita— de Estados Unidos.

Dada la volatilidad de la región, la opacidad del régimen norcoreano y su falta de viabilidad en el mundo contemporáneo, las posibilidades de una conflagración devastadora en la península de Corea van aumentando en progresión geométrica, al punto que tal vez hemos pasado el punto en que cabía preguntarse si la guerra era factible para hacer cálculos de cuándo tendrá lugar. De no cambiar las cosas —es decir, el rumbo agresivo del régimen comunista— el conflicto será inevitable

¿Es suicida el régimen de Corea del Norte? Aunque por algunas de sus acciones lo parezca, yo no lo creo; pretende, por el contrario, imponerse en su región por el miedo, propagando la especie de que es capaz de cometer una locura si no dejan de tratarlo como el apestado que ahora mismo es. Es como la matrona de un burdel que, en lugar de comportarse con modestia, quiere ser aceptada por las familias decentes del barrio a fuerza de producir escándalos. Como esta política intimidatoria hasta ahora no les ha dado resultados (por el contrario, ha provocado más aislamiento y mayores sanciones) los norcoreanos han decidido acentuar las contradicciones resaltando su peligrosidad. Estados Unidos les advierte, a través de Corea del Sur, que su capital puede ser barrida de la faz de la tierra. No ver que la situación se desliza hacia la catástrofe incontrolable es jugar a ser ciego.

Creo que este peligro debió haber sido conjurado hace mucho, al menos cuando empezó a sospecharse de que los norcoreanos daban los primeros pasos hacia un programa nuclear (algo semejante a lo que Estados Unidos hizo en Irak, pero con mayor eficacia y con el noble pretexto de unificar en democracia la península de Corea, que sobrevive como una anomalía de otros tiempos).

Tal solución es más pertinente que nunca, aunque muchísimo más costosa, un precio que se acrecienta por días, en la medida en que se van quedando en el camino todas las opciones menos dramáticas. ¿Es que acaso Pyongyang debe ser destruida, para seguridad del mundo, con la misma minuciosidad y eficacia con que en la antigüedad lo fue Cartago? Esto dependerá, en última instancia, del alcance de miras y el carácter de la nueva Roma.

Escritor cubano, autor de poesía, ensayos y relatos.

©Echerri 2016

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